No toda la inteligencia es artificial

BarcelonaComo siempre que surge una nueva tecnología o avance, con grandes cambios y cada vez más acelerados (la radio, la televisión, internet...), las etapas se queman cada vez más rápido. Y se teme por el impacto en el mercado laboral. Ha comenzado a pasar con la inteligencia artificial (IA), la gran cuestión actual. Diversos estudios, del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), entre otros, lo han analizado. Unos son más apocalípticos que otros, pero, en todo caso, la IA ya es un argumento para reducir plantillas y ganar más márgenes y rentabilidad.

El caso más reciente es el de Meta, la matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp, que prevé despedir al 10% de la plantilla, unas 8.000 personas, para compensar los gastos que tiene en IA. Pero hay más. La consultora Capgemini ha iniciado las negociaciones para reducir hasta 748 puestos de trabajo, el 7% de la plantilla en España, y uno de sus argumentos es "la aceleración del cambio tecnológico, la evolución de las necesidades de los clientes y la necesidad de adaptar las capacidades organizativas para garantizar la sostenibilidad económica y operativa de la compañía a medio y largo plazo".

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Una industria bien diferente, como la de la alimentación, también recurre a ello para plantear despidos. Es el caso de Nestlé, un gigante internacional, que plantea recortar hasta 301 puestos de trabajo en España a consecuencia de "el aumento de gastos operativos y el cambio de hábitos de los consumidores", que conllevan avanzar hacia "la automatización y la digitalización".

Con el lanzamiento de ChatGPT por parte de OpenAI en 2022 hubo economistas que consideraron que era difícil que la IA destruyera muchos puestos de trabajo. La veían como una herramienta para mejorar procesos y tareas repetitivas. Pero la cosa ha ido cambiando a medida que ha avanzado la nueva tecnología y sus posibilidades y potencial.

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Y en este contexto, también como ha pasado con otros avances, desaparecen trabajos, pero nacen otros nuevos y nuevas compañías —especialmente en EE. UU., no tanto en Europa, por desgracia—. La cuestión es tener la capacidad de adaptar el sistema educativo y empresarial a las necesidades del mercado y no usar la IA de excusa para tapar una mala gestión. En definitiva, para aprovechar al máximo las capacidades de la IA hay que usar también de la manera adecuada la inteligencia natural.