Hombres y mujeres

El noble italiano que ayudó a los ingleses a derrotar la Armada Invencible

Sir Horatio Palavicino fue uno de los financieros principales de Inglaterra y Flandes en el siglo XVI

El verano de 1588, durante la Batalla de Gravelinas, la célebre Armada Invencible castellana quedaba deshecha ante el empuje de la flota inglesa dirigida por Francis Drake. Que en la retirada hacia la Península una tormenta acabara de destrozar los navíos castellanos fue el hecho histórico, que propició una frase tan conocida como apócrifa, atribuida al rey de España Felipe II: "Envié mis naves a luchar contra hombres, no contra los elementos". Quien contemplaba la derrota española desde la distancia, pero frotándose las manos, era Sir Horatio Palavicino, italiano de nacimiento, pero ya convertido en banquero de la reina de Inglaterra (según se ha dicho a menudo, él mismo capitaneaba un navío de la flota inglesa, pero nunca se ha podido constatar de manera oficial que esto sea cierto).

No se sabe la fecha exacta del nacimiento de Palavicino, pero sí que se conoce con detalle quién era su familia, porque este financiero, empresario, especulador y espía nació en el seno de una de las casas más poderosas de lo que ahora es Italia. En el siglo XV ya formaban parte de las élites comerciales genovesas y a lo largo de este siglo fueron los titulares del llamado Stato Pallavicino, una entidad autónoma feudal que tuvo vigencia hasta 1585.

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El debut de Palavicino en el mundo de las finanzas –si no más, lo que ha quedado para la historia, porque no se sabe nada de él antes de esta fecha– fue en 1578, cuando firmó un acuerdo con los flamencos –en guerra contra los castellanos– para venderles en condiciones muy ventajosas un gran stock de sulfatos (alumbre) para elaborar colorantes. La operación se hizo a cambio de asegurarse el monopolio de las minas de este producto.

De hecho, la razón por la que Palavicino estaba instalado en Amberes era para representar a la familia en el comercio de esta commodity, que gestionaba en régimen de monopolio y que era su principal fuente de riqueza. El acuerdo con los neerlandeses con pago aplazado resultó la puerta de entrada de nuestro protagonista a los círculos de la realeza inglesa, porque fue la misma reina Isabel I quien se hizo cargo de los pagos futuros de los flamencos, ya que quería mantener encendido el fuego de la revuelta contra Felipe II.

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La llegada de Palavicino a Londres para actuar como financiero de la corte sería un caso paradigmático de hombre que se encuentra en el lugar adecuado en el momento preciso, porque en 1579 había muerto Thomas Gresham, que hasta entonces era el gran artista de las colocaciones de deuda de la monarquía. Su desaparición había dejado un hueco que nadie había ocupado hasta la llegada de Palavicino.Entre 1580 y 1592, doce años clave, ejerció un papel en la política exterior inglesa aún más importante que el que había tenido el mismo Gresham. Desde aquel momento, Palavicino fue uno de los financieros principales de la guerra en Flandes y arriesgó su propio patrimonio, hecho que le provocó muchos quebraderos de cabeza por los continuos impagos de los neerlandeses.Nombramiento como embajador

En 1586 comenzó la tarea como embajador de Inglaterra. El nombramiento podía considerarse sorprendente, por tratarse de un extranjero procedente de una familia claramente católica –se había alineado con los anglicanos muy poco antes– y porque, como buen especulador, su integridad no estaba nada clara. Pero, como decíamos antes, la desaparición en 1579 de Gresham dejó un vacío que resultaba muy difícil de llenar. En aquellos tiempos, gestionar la política exterior de un país implicaba diseñar las emisiones de deuda, tener buenos contactos en la City londinense y disponer de conocimientos de geopolítica, de manera que encontrar a alguien que uniera todo eso no era nada fácil. Por este motivo el escogido fue Palavicino.Las relaciones con el gobierno inglés no eran solo las oficiales y visibles, sino que desde el primer día ejerció también tareas de inteligencia a las órdenes del secretario de Estado de turno, primero Francis Walsingham y después Robert Cecil. La red de espías y agentes dobles que construyó en favor de Inglaterra fue fundamental a lo largo del conflicto bélico de los Países Bajos y también en la evolución de las conversaciones de paz.Ciertas prácticas de espionaje aplicadas cuando se dedicaba a especular con el alumbre le sirvieron como entrenamiento. Posteriormente, su red de negocios en las principales capitales europeas resultó muy útil para recopilar información procedente de todas partes. En el momento de morir, en julio de 1600, todavía estaba del todo ocupado arreglando asuntos geopolíticos. Su hijo Toby se encargó de malgastar la fortuna.

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