El pionero tecnológico que llevó el teléfono a Cataluña
Tomás Dalmau fue uno de los primeros empresarios de empresas de electricidad y telefonía en España
El 16 de diciembre de 1877 se produjo un hecho excepcional que situó a Cataluña en la primera línea mundial de la tecnología. Aquel día, en la Escuela de Ingenieros Industriales de Barcelona se hicieron las primeras pruebas de telefonía de todo el Estado y unas de las primeras de todo el mundo.
Hay que tener en cuenta que Alexander Graham Bell había presentado su invención solo un año y nueve meses antes, de manera que las pruebas en Barcelona fueron realmente tempranas. Eso sí, hay que decir de pasada que a pesar de que Bell ha sido considerado habitualmente como el inventor del teléfono, en tiempos posteriores, ya en el siglo XXI, se le reconoció la invención al italiano Antonio Meucci, que había bautizado el ingenio como teletrófono. Más allá de disputas sobre patentes, en Cataluña el hombre clave de la importación del teléfono fue Tomàs Dalmau, junto con su padre, el óptico e inventor Francesc Dalmau Faura.
Que su padre, Francesc, fuera un pionero de la tecnología en el país marcó decisivamente el futuro de Tomàs Dalmau, que dedicó toda la vida a la innovación tecnológica. Mucho antes de los inicios de la telefonía, que acabamos de explicar, nuestro protagonista ya había aprendido el oficio de relojero y había comenzado a trabajar en la empresa del padre, que además de fabricar e importar tecnología, se dedicaba a la organización de espectáculos basados en la óptica (cosmorama histórico, viajes virtuales, linterna mágica y fotografía estereoscópica). Algunos de los aparatos que la empresa familiar llevó a Cataluña fueron el pararrayos, el timbre eléctrico y la dinamo de Gramme (primer aparato comercial que generaba corriente continua). En 1876, Tomàs Dalmau fue aceptado en la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona.
- Ingeniero y empresario
Después de los primeros experimentos de comunicación telefónica en el edificio de la Universidad de Barcelona, no tardaron en ampliar el radio de acción con comunicaciones entre el Parque de la Ciutadella y la montaña de Montjuïc, y las ciudades de Barcelona y Girona. Como todavía no existía red telefónica, para estos experimentos emplearon las líneas telegráficas. En paralelo, Tomàs Dalmau comenzó a distribuir electricidad a clientes de la capital catalana (Escuela de Ingenieros, Maquinista Terrestre y Marítima, y diversas fábricas), lo que desembocó en la creación de la primera empresa eléctrica del país, la Sociedad Española de Electricidad (1881).
En abril de 1875 se llevó a cabo una demostración de luz generada por electricidad ante científicos locales y de numeroso público, y consistió en la producción de un gran haz de luz a través de la creación de un arco voltaico en un dispositivo instalado en la fragata Victoria. La noche de Barcelona se iluminó espectacularmente y, según algunas fuentes, el resplandor se vio hasta seis kilómetros de distancia. Aquellas primeras instalaciones eléctricas se basaban en la mencionada dinamo de Gramme, que a su vez era alimentada por una máquina de vapor o por motores con combustión de gas. Los clientes de la electricidad de Dalmau no eran solo locales, sino que extendió el negocio al resto de la península e, incluso, a Cuba y Filipinas. La voracidad de Dalmau por poner al alcance de los catalanes las últimas tecnologías mundiales llegó también al fonógrafo de Edison, que fue presentado hacia la Navidad de 1878.
Venta a inversores extranjeros
La Sociedad Española de Electricidad no solo se dedicó a servir fluido eléctrico a sus clientes, sino que solo tres años después de su fundación consiguió la primera concesión de una red de telefonía. Desgraciadamente, el mercado no crecía tan deprisa como esperaban los inversores –con Dalmau al frente– y la compañía hizo suspensión de pagos en 1889, para después aceptar como socio mayoritario a la británica Woodhouse and Rawson. Esto no salvó la empresa, que en 1894 fue vendida a la todopoderosa Compañía Barcelonesa de Electricidad, una entidad creada por la AEG de Emil Rathenau, el Deutsche Bank y la Société Lyonaise des Eaux (propietarios de Aguas de Barcelona), y que contaba con algunos socios locales. En 1912 la Barcelonesa acabó en manos de la Barcelona Traction, Light & Power, la popular Canadenca.
La semilla de Dalmau germinaría años después de su muerte, porque tanto la iluminación eléctrica como la telefonía se harían del todo masivas en Cataluña. Si la Sociedad Española de Electricidad no había conseguido hacer rentable la telefonía, sí que lo harían la Compañía Peninsular de Teléfonos y la Sociedad General de Teléfonos, que en 1924 acabarían integradas en la Telefónica.