Serán más caros los huevos que la uva por Fin de Año?
Espero que hayáis pasado un buen verano. Una inflación del 4,3% en agosto es el preludio de un final de año que nos empobrecerá a todos. Para hacerlo fácil, sobre todo para todos aquellos a los que no os gusta el riesgo, sería como que una acción caiga un 4,3%. No hacer nada con nuestro dinero hace que perdamos poder adquisitivo. ¿La causa principal? El elevado precio del combustible. ¿Y sabéis quién gana pase lo que pase? Una recaudación de IVA e IRPF (si suben los sueldos) que está en máximos históricos. Cuanto más caro sea el supermercado, más IVA pagamos.
Para intentar contrarrestar el efecto de la inflación debemos invertir nuestro dinero, a mayor o menor riesgo. Hoy en día, sin embargo, ni los depósitos ni las cuentas remuneradas (cero riesgo) nos dan más de un 2,5%. Para intentar superar una inflación del 4,3%, habría que buscar alternativas con una rentabilidad potencialmente superior, como la renta fija o la bolsa, asumiendo más riesgo. Algunos quizás penséis: ¿y si baja y pierdo más? Por supuesto, y tenéis razón, este es el riesgo que estamos asumiendo.
La inflación, además, empeora la desigualdad. ¿Qué pasa con las familias que no pueden aumentar el riesgo porque no tienen ahorros para poder invertirlos? La inflación afecta a la compra que hacemos, al presupuesto familiar, a los viajes que ya no podemos hacer. Y esta es probablemente la cara más injusta de la inflación: los que tienen menos margen son los que tienen menos herramientas para defenderse de ella.
De cara a finales de año, la única solución es que los combustibles tengan una bajada relevante. El gobierno lo puede hacer a partir del efecto impositivo; es tan sencillo como reducir el impuesto. Aquí no hablamos de un impuesto al estilo si usas la autopista, la pagas; aquí hablamos de que toda la economía se ve resentida. Solo hace falta ir al supermercado. ¿Serán más caros los huevos que las uvas por Fin de Año?