Trabajar en moda, una opción para todos
Que un cliente entre en una tienda y sea atendido por un trabajador con discapacidad intelectual debería ser una situación completamente natural. Hoy, lamentablemente, aún no lo es. Para entender por qué, hay que cambiar la mirada sobre lo que es la discapacidad intelectual.
Durante décadas, la discapacidad intelectual se ha concebido como un déficit de la persona, donde la respuesta de la sociedad ha sido de condescendencia, en el mejor de los casos, o de exclusión. Hoy, la investigación y las prácticas inclusivas exitosas confirman que la discapacidad no es un rasgo invariante de la persona, sino más bien el resultado de un desajuste entre sus capacidades y las demandas del contexto en el que vive. Quien debe cambiar, por tanto, no es la persona. Es el contexto.
Este cambio de mirada comporta una convicción firme en las capacidades y en los derechos de todas las personas. Si la discapacidad es un desajuste entre la persona y el entorno, lo que hay que hacer es reducirlo y promover oportunidades de éxito en los diferentes ámbitos de vida. Para conseguirlo, hay que identificar las necesidades de apoyos extraordinarios y proporcionar las estrategias que permitan a la persona aprender, trabajar, relacionarse y, en definitiva, vivir plenamente en la sociedad. Y esta sociedad es una, la de todos.
Ciertamente, hoy la palabra inclusión está presente en todos los debates sociales y de políticas públicas. Pero el concepto, a pesar de su fuerza, no siempre nos dice cómo hacerlo, qué prácticas hay que impulsar, qué mínimos hay que exigir ni qué resultados debemos esperar. La investigación internacional ha dado un paso adelante proponiendo un nuevo marco, el paradigma de la ciudadanía compartida, que aterriza el concepto de inclusión y nos ofrece herramientas concretas para hacerlo real. Un marco orientado a garantizar que todas las personas, independientemente de sus capacidades, vivan con dignidad y autonomía, alcancen sus objetivos tanto personales como profesionales y, sobre todo, actúen como miembros de pleno derecho en todos los entornos comunitarios.
Este marco es el que ha estado presente en la Cátedra de la Universidad de Barcelona e Inditex, una iniciativa para formar a personas con discapacidad intelectual y prepararlas para trabajar en tiendas de moda. La cátedra se alinea con los tres objetivos clave del paradigma de la ciudadanía compartida. Por un lado, potencia la autodeterminación dando a las personas con discapacidad intelectual la oportunidad real de escoger trabajar en el sector de la moda. Por otro lado, facilita sus iniciativas acompañándolas en un proceso de formación de calidad y riguroso en un entorno universitario hasta alcanzar un puesto de trabajo significativo. Y, finalmente, maximiza su participación haciendo posible el sentimiento de pertenencia, las relaciones sociales y la vida comunitaria que comporta trabajar en un entorno real.
Los resultados de la primera edición de la Cátedra de la Universidad de Barcelona e Inditex han demostrado que la inclusión laboral real es posible cuando la universidad y el mundo empresarial se unen para un mismo fin y ponen todos sus recursos al servicio de las personas. Tanto para la universidad como para las empresas ha sido una experiencia transformadora, ya que han podido constatar que cuando se ofrece formación de calidad y los apoyos necesarios, las personas con discapacidad intelectual responden y contribuyen como cualquier otro estudiante y, posteriormente, profesional. Sin duda alguna, pues, las organizaciones que demuestran la capacidad de identificar y proporcionar los apoyos extraordinarios que cada persona necesita para dar lo mejor de sí misma son, en definitiva, las organizaciones que marcan la diferencia.
Promover una sociedad más justa es, en el fondo, una cuestión de prioridades y voluntad. Durante demasiado tiempo, las personas con discapacidad intelectual han cargado con las consecuencias de un contexto que no se ha adaptado a sus necesidades. En una sociedad que se proclama avanzada, ya es hora de ser valientes en el cambio de mirada. Las instituciones universitarias deben ser unos de los principales impulsores de este cambio, y deben ejercer este rol de la mano de las empresas, los poderes públicos y todos los agentes del sistema social, porque si no, el desajuste ya no será entre la persona con discapacidad intelectual y el contexto, sino entre la excelencia y la sociedad.