Viaja con nosotros
Val Barcelona ofrece desde hace más de 100 años todo tipo de artículos de viaje
Resulta fascinante siempre que constatas que la historia de una tienda te puede servir para explicar la historia de un país. Hoy, 2026, vender maletas y bolsas de viaje es un negocio próspero. En tiempos de coger el avión y la alta velocidad como quien coge el metro, ir bien equipado resulta tan fundamental como respirar. Ahora, el viaje de placer y de negocios está perfectamente incorporado al día a día de la clase media –o de lo que quede– y la acomodada. Pero ¿qué pasaba hace sesenta años? ¿Y hace setenta? ¿Y hace cien? Pues pasaba que la gente, el ciudadano medio, no viajaba por placer. O, si lo hacía, era muy excepcionalmente.
En Vall Barcelona, también conocida como Vall, Artículos de Viaje y Piel, pueden relatarnos la historia del viaje en Cataluña. O, como mínimo, una aproximación bien razonable y convincente. En efecto, en Cataluña se empezó a viajar por placer en los años sesenta, con la entrada de divisas, del turismo, de la famosa apertura internacional de la dictadura. Quien estaba al frente del negocio era Josep Vall, la segunda generación de la familia Vall. Y vio claro que era interesante hacer transitar el inicial negocio de cestería abierto por su padre, Ramon Vall, hacia las bolsas y las maletas de viaje. El objeto de deseo eran las famosas maletas de la marca Tauro, muy conocida y presente en las ferias de todo el mundo. Era como hoy una Samsonite. Qué interesante conocer esta adaptación de los negocios a los nuevos tiempos, al vaivén de las necesidades sociales. Nos lo explica Esther Vall, que junto con su hermana Laura, son la cuarta generación del negocio familiar.
Su padre, Josep Vall, la tercera generación, aún está muy vinculado y es el principal artífice de una proeza de la que está muy satisfecho: haber podido celebrar el centenario –hace tres años– de un negocio que conoce desde pequeño y que ha hecho crecer hasta las tres tiendas actuales, dos en Gran de Gràcia y una en la calle del Escorial. La guinda del pastel sería conseguir la placa en el suelo de la entrada que acreditase estos cien años. A ver si el Ayuntamiento se pone manos a la obra.
Los inicios se remontan a 1923, cuando Ramon Vall y su esposa Carme abren la cestería. Al principio son fabricantes y vendedores, pero cuando entra la segunda generación, su hijo Josep, ven claro que no salen los números y que vale más la pena ir dejando de lado la fabricación. Era lógica la evolución de la cesta hacia el bolso de mujer. Aún hoy, un siglo después, los bolsos y las maletas son el producto estrella de Vall durante todo el año. La evolución generacional ha sido pura naturalidad. Tanto Josep como sus hijas han sentido siempre el negocio como una parte de sí mismos. Allí crecieron y lo han hecho crecer. Por eso fue tan doloroso e incierto el tiempo de pandemia, en que no se sabía cuál sería el futuro inmediato. Por suerte, como en tantos otros ámbitos, la normalidad volvió y, de momento, no parece que la gente vaya a dejar de viajar.
Por tanto, los servicios de Vall continúan siendo necesarios. Y con futuro. La expansión hacia la tienda del Escorial llegó en 1999 debido al buen curso de la empresa. Expandirse era una buena opción. Hoy, son escépticos con la evolución y statu quo del comercio de proximidad en el barrio. Cierran demasiados negocios de toda la vida y abren franquicias, cafeterías y comercios fotocopiados.
¿Tipo de clientela? Pues la de toda la vida, claro, la que los padres y los abuelos ya compraban las mochilas para la escuela. Los que cada cierto tiempo renuevan la maleta. Los que confían en ellos para adquirir un complemento o un regalo. La oferta es amplia, no solo bolsos –de mujer y de hombre– y maletas. También monederos, tarjeteros, cinturones, llaveros, pulseras, gafas, paraguas de todo tipo, riñoneras, calcetines, altavoces, lamparitas, despertadores... Todo aquello que pueda ser un buen acompañante de un viaje. Hace poco han incorporado las botellas para el agua y las sandalias. ¡Y ha sido una buena decisión! Se venden muy bien. ¿Y qué compra el turista? Pues muy probablemente una maleta, ya sea porque a la suya no le cabe todo lo que ha comprado durante los días que lleva en Barcelona o bien porque ya está un poco destartalada. Ventall interesante de precios. Bolsos entre 50 y 200 euros y maletas entre 50 y 300.