Energía

Así sobreviven las gasolineras a la crisis petrolera: "De certezas no hay ninguna"

Operadores independientes y estaciones de servicio navegan una "montaña rusa" de precios y ven lejos la estabilidad

hace 28 min

BarcelonaEl sector petrolero ha perdido la esperanza de que la guerra en Irán sea corta. Tres meses después del inicio del conflicto, los futuros del crudo han abandonado la etapa reactiva –de fuertes subidas y bajadas diarias a raíz de las declaraciones de los implicados– y se han instalado en una estabilidad excepcional de precios disparados. La nueva normalidad ha dejado esta semana el Brent en torno a los 110 dólares, un incremento en torno al 50% respecto a las últimas jornadas de febrero. La sacudida ha tenido efectos divergentes: las empresas con capacidad de refino –las Repsol, Moeve o BP– han salido reforzadas; hasta el punto de que las acciones de la multinacional que preside Antoni Brufau se han revalorizado en más de 3 euros respecto al día anterior a la ofensiva. Las petroleras independientes, desde operadores mayoristas hasta pequeñas estaciones de servicio, han tenido que encontrar la manera de adaptarse para mantener el ritmo de negocio. Y, aun así, se hace difícil hacer previsiones claras a medio plazo. "De certezas no hay ninguna", reconoce el director general del grupo Meroil, Miguel Payá, en declaraciones a ARA.

El del carburante es, dicho sea de paso, un sector con muchos recovecos. "Cada gasolinera es un mundo", observa Ramon Fitó, propietario de la estación de servicio Fitó, en Badalona, la más antigua de Cataluña. La experiencia, pues, no es la misma para un operador con capacidad comercial y de almacenamiento que para una pequeña cadena local. A pesar de ello, todo aquel que no cuenta con refinerías propias ha visto cómo los márgenes se han tensionado. "Nosotros trasladamos los precios día a día. Y, evidentemente, nos hemos visto obligados a comprar un producto más caro", observa Payá.

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Fitó hace una lectura similar, con solo una localización y capacidad limitada para almacenar gasolina y diésel: "No nos podemos anticipar, no tenemos capacidad de especular con el producto", observa. En este sentido, Luis Nieves, presidente de Nieves Energía, considera que, de ahora en adelante, las pequeñas suministradoras deberán "ser mucho más precisas en la gestión financiera" del producto disponible. "El gran riesgo para las gasolineras es la volatilidad extrema. Deberán conseguir contratos de suministro que, con un plazo razonable, permitan optimizar los recursos", recomienda el empresario.

Competencia anómala

"Estamos atados a los precios diarios, y podemos almacenar durante dos o tres días. Cuando había subidas diarias de 6, 7, 10 céntimos, el entorno se puso muy complicado", explica al diario ARA Ramon Puigfel, director general de Puigfel Carburants y presidente de la Associació Provincial d'Estacions de Servei de Barcelona (APESBcn). En el caso de su empresa, aseguran el suministro con un contrato de exclusividad con Repsol, pero incluso así, el negocio diario ha estado marcado por "según qué declaraciones públicas" de Donald Trump o del gobierno iraní. "Si una bajada fuerte de precio te cogía con los tanques llenos, habías bebido aceite", recuerda.

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Las gasolineras, tanto las de operadores con más capacidad como las estaciones de servicio pequeñas, han visto que el entorno competitivo buscaba mil formas de garantizarse el negocio. Hay que recordar que las empresas sin capacidad de refino tienen una limitación: venden a márgenes casi cerrados, entre la espada del precio de mercado y la pared de los precios de la competencia. Y, en algunos momentos, asegura Payá, las estaciones "no han trasladado a precios todas las subidas". "En los peores momentos, la gasolina debería haber estado muy por encima de los dos euros, y no llegó" de forma generalizada, sostiene el empresario.

Esto ha provocado, en la experiencia de Puigfel, que en muchas ocasiones las gasolineras se hayan visto obligadas a vender "con márgenes mucho más bajos de los que querrían" para mantener el volumen de ventas. Hasta el punto, especialmente para los actores de menor dimensión, que "ha habido momentos en que hemos perdido dinero –declara Fitó–. Si te adaptas a los precios mayoristas subiendo la gasolina dos céntimos más que el del lado, la gente se va. No puedes salir del mercado".

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Cambios en el consumo

Para los operadores independientes, la subida de precios ha llegado a limitar el negocio con fuerza. Con costes fijados por la referencia diaria del crudo, los actores consultados han detectado tanto bajadas fuertes de las compras como nuevos patrones de recarga del depósito. Nieves considera, en este sentido, que "el consumidor se ha vuelto mucho más escrupuloso a la hora de decidir cuánto pagará y en qué estación decide proveerse de carburante". Una tendencia similar han observado desde EsclatOil, el segmento de carburantes del grupo Bon Preu. En declaraciones al diario ARA, el jefe de departamento de Sostenibilidad y Energía de la empresa, Josep Castany, asegura que, a raíz de la crisis, "la sensibilidad de los consumidores al precio se ha vuelto muy alta". "El cliente ha asumido que una noticia que alarga el conflicto implica precios más altos", opina el ejecutivo.

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Desde Meroil identifican que la mayoría de los usuarios finales han optado por "poner menos gasolina, pero ir más veces a la estación de servicio"; para que sea más fácil esquivar las jornadas de precios más disparados. Fitó sí que ha lamentado "caídas de rentas" a favor de alternativas de coste más bajo: "En las crisis petroleras, la gente pone menos gasolina, ahorra en salidas, o opta por producto low cost", comenta.

La situación de los compradores, sin embargo, se ha estabilizado a raíz de la rebaja del IVA a los carburantes del 21 al 10%, así como el recorte hasta el mínimo que permite Europa del impuesto sobre los hidrocarburos. "Esto ha ayudado a contener el precio final", celebra Puigfel, y ha reavivado el consumo. Además, las fuentes consultadas celebran que la rebaja se haya aplicado directamente sobre los tributos que liquidan las estaciones, y no en forma de bonificación al precio, como se hizo durante la guerra en Ucrania. Entonces, con un recorte plano del precio final, "los sistemas no estaban preparados para adaptarse", y costó sacar partido.

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Aun así, todavía no tienen planificada la situación en la que quedará el mercado después del 30 de junio, cuando, previsiblemente, caerán las rebajas. A diferencia de 2022, cuando el mercado tardó poco en "descontar" los efectos del bloqueo del petróleo ruso sobre el producto final, Payá alerta que "los precios altos continuarán". "Ormuz permanece cerrado, y muchas refinerías y activos petroleros se han parado. Y el petróleo de la región no tiene alternativas: el producto que no sale por allí, no sale por ningún sitio", concluye. Castany prevé que "el mercado continúe mostrando volatilidad" a corto y medio plazo.

Un suministro "conservador"

A pesar de las alertas de la Agencia Internacional de la Energía, que llegó a hacer uso de las reservas estratégicas de los países miembros, las empresas petroleras no han notado ningún riesgo de suministro a lo largo de las últimas semanas. El estrecho de Ormuz concentra el 20% del tránsito global de petróleo, pero el crudo que navega por la región acaba en China, Corea del Sur y otras potencias asiáticas. "Nos ha afectado poco en este sentido. La tensión de precios ha venido porque hemos estado más países compitiendo por menos oferta petrolera", razona Puigfel.

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Aun así, los vendedores finales sí que han detectado periodos "más conservadores" por parte de sus proveedores, especialmente en los momentos más crudos de la guerra. Según el presidente de APESBcn, sin embargo, este enfriamiento ha respondido más a "previsiones de problemas logísticos" que a un vacío en los tanques de gasolina. "Al principio todo el mundo quería llenar depósitos, y hubo un momento en que no había transporte para todo el producto que se pedía", recuerda. El presidente de Nieves Energía, por su parte, minimiza los efectos macro en el contexto español, ya que los actores independientes "han tenido que volcarse a la refinación nacional que sí existe". Fuera del Estado, "la situación es mucho más complicada", y la búsqueda de proveedores alternativos ha provocado "aún más tensión en el mercado".