España, a la cola europea de la recuperación económica

La economía española es la que está más lejos de volver a los niveles de actividad de antes del covid en la UE

BarcelonaLa economía española está a la cola de Europa en la recuperación. Mientras el resto de países del Viejo Continente ya han superado o están a punto de recuperar el nivel de actividad económica previo al estallido de la pandemia, España es el que está más atrasado y, además, desde el cuarto trimestre del año pasado crece a un ritmo más lento que sus vecinos.

Según los datos del producto interior bruto (PIB) –el indicador que mide la medida de una economía– avanzadas recientemente por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la actividad económica en España el tercer trimestre de este año era un 6,6% inferior a los niveles del cuarto trimestre de 2019, el último antes de la llegada del coronavirus.

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Este retroceso del 6,6% no tiene comparación con ningún otro país de la UE. De hecho, en el trimestre anterior, el segundo, todos los estados de la Unión Europea ya se habían recuperado más de lo que se había recuperado el PIB español tres meses más tarde.

Las causas para explicar este atraso son diversas. La primera es que el batacazo de la actividad económica el segundo trimestre de 2020, cuando se produjeron los confinamientos más duros en todo el continente, fue más fuerte en España que en la gran mayoría de estados europeos, de dentro y de fuera de la UE. Esto provoca que la economía española tenga más terreno para remontar antes de volver a los niveles prepandemia que los demás países.

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Esta caída más fuerte tiene dos raíces principales. En primer lugar, los confinamientos en España fueron más duros que en la mayoría de Europa. Esta “radicalidad de los confinamientos”, con cierres largos y generalizados y la circulación de personas muy restringida, explica la fuerte caída de la primavera del año pasado, dice Albert Carreras, catedrático de economía de la UPF.

La segunda causa de la bajada de 2020 es la tardanza en la aplicación de estímulos fiscales por parte de las administraciones, sobre todo el gobierno español. Para empezar, a pesar de aprobarse la creación con celeridad, el cobro de las prestaciones de los ERTE por parte de los trabajadores fue caótico y en muchos casos se pagaron con meses de retraso, cosa que generó una sensación de inseguridad entre las familias. Esto redujo todavía más el consumo en una economía ya castigada por los confinamientos.

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Además, el resto de estímulos tardaron en llegar y, cuando se aprobaron, fueron muy inferiores a los que sacaron adelante los gobiernos de los grandes estados de la UE, como Francia, Alemania o Italia. A modo de ejemplo, entre marzo y noviembre de 2020 el gobierno español había dedicado un 3,5% del PIB a ayudas directas. En el mismo periodo, el gobierno alemán había dedicado un 8,3% del PIB.

Esta tibieza del ejecutivo de Pedro Sánchez se debe al temor de los efectos sobre el déficit y la deuda públicos. “El gobierno del Estado arrastró los pies y no se atrevió” a impulsar estímulos fuertes hasta que no tuvo asegurado “el apoyo de la Comisión Europea y el Banco Central Europeo”, las dos instituciones que vigilan el endeudamiento de los gobiernos de la eurozona, dice Carreras. 

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En este sentido, se ha notado la trayectoria profesional de la vicepresidenta económica del gobierno español, Nadia Calviño, que “venía de la ortodoxia” de Bruselas, donde hizo carrera antes de ser ministra como directora general de presupuestos de la Comisión, recuerda Carreras. "A Calviño le costaba" y "frenó" una rápida implementación de subsidios directos e indirectos a empresas y familias, añade.

Dos veranos con poco turismo

El fuerte peso del turismo también explica el bajo rendimiento de la economía en España, puesto que en los veranos de 2020 y de 2021 la llegada de visitantes extranjeros ha sido muy exigua debido a la segunda y la quinta oleada de contagios, respectivamente. “Hemos tropezado dos veces con la misma piedra. En dos ocasiones hemos creído que podíamos hacer cosas que no se podían hacer”, dice Carreras, en referencia a las rápidas reaperturas en junio de este año y del año pasado, que provocaron nuevos brotes y la cancelación de viajes internacionales. 

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En este aspecto destaca Grecia, que el segundo trimestre de 2021 ya había superado los niveles prepandemia a pesar de contar con un sector turístico más grande, proporcionalmente, que el español. El gobierno griego cerró acuerdos con el Reino Unido y Alemania para fomentar la llegada de turistas mientras tomaba medidas creíbles para contener el virus. “Los griegos entendieron que todo el juego [en el sector turístico] era de reputación. Fueron cuidadosos y tuvieron éxito”, dice Carreras. Mientras tanto, España reabría la actividad turística sin medidas adicionales.