De toda la vida

A juguetes Fabre, olor a madera y calidez

Su historia comienza en 1860, cuando Josep Maria Fabre, venido de Francia, fundó en el Portal del Ángel la primera sede de la librería

La responsable de juguetes Fabre, Eugència Pujol, con uno de sus juguetes
12/03/2026
3 min

Es realmente complicado pasar por delante de Aribau 84 y no quedarse parado, embobado, contemplando el escaparate de Fabre. Y es habitual escuchar, mientras tanto, comentarios siempre similares: "Qué tienda tan bonita", "Qué juguetes tan bonitos", "Qué buen gusto y qué calidez". Fabre es un pequeño paraíso para aquellas personas que deseen encontrar un regalo ideal para un niño o un niño. Un regalo ideal y algo distinto. Trabajan la literatura infantil y juvenil y los juguetes de madera y ecológicos, los juegos de mesa, la ayuda a los aprendizajes y otras disciplinas ligadas con el ocio, el ocio y lo tan importante de aprender jugando. Hablamos con Eugenia Pujol, su actual responsable, implicada en el negocio desde el año 2011, cuando todavía estaban en el local de Rambla Catalunya. Desde 2015 se encuentran en este nuevo lugar tanto paso, en plena Eixample, proponiendo un oasis de calma. Un oasis cargado de estímulos, eso sí, con un espacio aprovechado al máximo en el que cuesta que nada te enfade. De eso se ocupan las trabajadoras. Saben escuchar y asesorar. Esto es muy importante, destaca Eugenia. Piense que el oficio de tendero en una juguetería no es fácil, ya que siempre –o casi– quien entra a comprar nunca quiere nada para sí mismo, sino para regalar a otro. Y hay que afinar bien la puntería, tener paciencia, saber explicar y saber escuchar, detectar la pieza idónea. Ese puzle que seguro que no falla. El juego de letras por quien comienza a escribir. El libro por quien tiene dificultades de aprendizaje. El recortable para quien debe mejorar la técnica. Ese mapamundi de dinosaurios que seguro será un éxito. O la lupa con luz incorporada que utilizará incluso el padre del niño.

Para contar la historia de Fabre debemos remontarnos a 1860, cuando Josep Maria Fabre, venido de Francia, fundó en el Portal del Ángel la primera sede de la librería, de especialidad en libros técnicos, sobre todo de arquitectura. De hecho, esta fecha es especial, ya que convierte a Fabre en la librería en activo más antigua de la ciudad. En los años 30, el negocio fue adquirido por la familia Montcanut, que la trasladó a la Rambla de Catalunya. La fecha primordial llega en 1950 cuando la compra Martha Geigle, la persona que le inyectará la huella definitiva, la personalidad más marcada. "Doña Martha", así le decían, tenía un gran instinto comercial y abrió también una bombonería. Continuaba importando libros de Alemania y se especializó también en papelería y tienda de juguetes. Hasta hace poco todavía trabajaba en Fabre la Pilar, dependienta de toda la vida que aprendió el oficio con Doña Martha. Todo, desde hacer los escaparates, hasta tratar con el cliente y cultivar la sensibilidad de prescriptor, esa alma tan propia y característica de los libreros. Carlos, el hijo de Doña Martha, siguió con el negocio. Llegó un momento, desde mediados de los años 2000, que quedó claro que había que darle un paseo. En este punto es cuando interviene Eugenia, nuera de Carlos. Dejó su trabajo en un banco e implicó en el negocio a fondo. Nada más cambiar el escaparate y la iluminación ya ganaron un plus de clientela. "¿Es usted nuevo?", llegaron a preguntarles.

Hoy Fabre sigue siendo un referente en el libro de texto alemán para estudiantes. También para el infantil y juvenil en ese idioma. Y, por supuesto, en la LIJ (el acrónimo de Literatura Infantil y Juvenil) en catalán y castellano. Es impresionante el mundo de propuestas y posibilidades, infinita variedad, que existe en esta porción de mercado literario. Y el juguete cuidado, de madera, ecológico. Huyen del plástico, se nota sólo poner un pie dentro del local. Inconfundible y buenísimo el olor a madera. Madera que viene de bosques sostenibles y pinturas no tóxicas. "Vamos mucho a las ferias internacionales de juguetes, nos fijamos mucho en los juegos tradicionales, aquellos que hacen que el niño le dé calidez y que pueda jugar tanto con sus padres como con sus abuelos". El ganso y el parchís junto a juegos de lógica y de mesa más enrevesados. Todo tiene cabida.

Fabre cambia según la temporada. Época de disfraces, cuadernos y mochilas, libros y dragones, juegos de mesa, calendario de adviento –una de sus especialidades de toda la vida–. Tienen una clienta que siempre le regalaba el calendario del año a su padre. Hoy papá ya no está, pero ella lo sigue comprando.

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