Macroeconomía

Los BIF, los tres nuevos países 'enfermos' de deuda en Europa

Francia, Italia y el Reino Unido tienen actualmente más dificultades para endeudarse que los países de la periferia europea, como España

BarcelonaTres de las grandes economías europeas –Francia, Italia y el Reino Unido– son los tres nuevos quebraderos de cabeza en los mercados de deuda europeos. Los tres países se encuentran en el punto de mira de los inversores por el elevado coste que pagan sus gobiernos por emitir deuda pública, a pesar de que sobre el papel e históricamente son tres estados con economías sólidas.

El diario británico Financial Times, incluso ha encontrado un acrónimo para los tres países con problemas: BIF (de la sigla en inglés de Britain, Italy, France). El acrónimo en inglés suena muy parecido a la palabra beef (carne de toro) y recuerda otro acrónimo de moda durante la crisis europea de deuda entre los años 2011 y 2015, PIIGS, las iniciales en inglés de los estados miembros de la UE que pasaron por más dificultades financieras durante aquel período: Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España. Igual que ahora con la carne de toro, PIIGS se pronuncia como pigs, que significa cerdos. Desde el sur de Europa se puso este acrónimo como ejemplo de la intolerancia y, en buena parte, del racismo hacia los países más endeudados por parte de políticos del norte del continente y de los líderes de las instituciones europeas.

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Los datos lo muestran. Si se observa la prima de riesgo –la diferencia entre lo que paga en intereses de la deuda un gobierno europeo y lo que paga Alemania, la economía más grande del continente– los tres países mencionados se encuentran por encima de la de España desde hace más de un año. Este hecho habría sido impensable hace una década, cuando España se consideraba uno de los enfermos de la zona euro. En febrero de este año, Alemania pagaba un interés anual del 2,75% por su bono con expiración de 10 años, mientras que España tenía un interés del 3,18. Francia e Italia, en cambio, pagaban alrededor del 3,4% y el Reino Unido, un punto más, el 4,4%.

Esto sitúa la prima de riesgo española en 0,4 puntos porcentuales, mientras que la francesa y la italiana se encuentran en unos 0,6 puntos y la británica, en casi 1,7 puntos.

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Dos variables explican este cambio en los países en el punto de mira de los mercados de deuda. La primera es que los tres estados de los BIF "tienen una deuda muy alta", señala Joan Ribas, profesor de economía de la Universitat Pompeu Fabra. Y la segunda es que tienen tasas de crecimiento de sus respectivas economías muy bajas. Ambas cosas a la vez crean una especie de círculo vicioso difícil de romper.

La deuda pública de un país se calcula como porcentaje del producto interior bruto (PIB, el indicador que mide el tamaño de una economía). Así, si un territorio tiene una deuda pública de 200 millones y un PIB de 1.000 millones, la ratio será del 20%. Según datos de Eurostat, la agencia europea de estadística, para el tercer trimestre de 2025, en el caso del conjunto de 21 países de la zona euro, este porcentaje es del 88,1% y solo seis países superan esta cifra. Dos de estos son justamente Italia y Francia, con un 137,8% y un 117,7%, respectivamente, solo superados por Grecia, con un 149,7%. Los otros tres son Bélgica, España y Portugal.

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La segunda diferencia, sin embargo, es el mencionado crecimiento de la economía, es decir, del PIB. Italia y Francia –igual que Alemania– salieron de la crisis derivada de la pandemia más rápido que los países del sur de Europa, pero posteriormente sufrieron más estancamiento, sobre todo a raíz de la crisis energética e inflacionaria derivada de la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022. En cambio, estados como Grecia, España o Portugal han podido salir mejor, ya sea porque la crisis energética les impactó menos o porque sus modelos económicos les han permitido alcanzar unos ritmos de crecimiento del PIB más rápidos que sus vecinos septentrionales, aunque, como en el caso de España, el crecimiento se deba sobre todo al incremento de la población activa en sectores de bajo valor añadido, como el comercio o el turismo.

Sin ir más lejos, entre 2023 y 2025 la economía francesa aumentó un 3,4% y la italiana, un 2,2%, mientras que la española creció más de un 9% en el mismo período. En el caso de la economía británica, los resultados tampoco son muy buenos, con una deuda pública sobre el PIB superior al 101% y un crecimiento acumulado del 2,7% en tres años.

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En el caso del Reino Unido, sin embargo, hay una debilidad adicional: "Con el Brexit les salió el tiro por la culata", recuerda Ribas. El hecho de abandonar el mercado común europeo ha supuesto un freno extra a la actividad económica del país, porque algunas empresas han perdido clientes y acceso a clientes potenciales y también porque el hecho de estar fuera de la UE y de mantenerla como principal socio comercial ha incrementado los costes de importar y exportar con el resto del continente.

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Con esta situación, los gobiernos de los diferentes tres estados BIF no han podido recortar mucho los niveles de deuda y, con la economía creciendo a un ritmo bajo y, por extensión, con las administraciones públicas ingresando poco en impuestos, los déficits públicos –la diferencia entre lo que gasta y lo que ingresa el estado en un año– se han mantenido altos y se han ido añadiendo a la deuda.

El problema de la inflación

A la coyuntura de los últimos años hay que añadirle otra variable: el crecimiento de los precios desde 2022. Primero con la reactivación de la economía con el final de la pandemia, después con la guerra en Ucrania y actualmente con el conflicto en el golfo Pérsico, la economía mundial ha sufrido diversos choques de oferta que han estirado los precios al alza a un ritmo que no se veía en más de cuarenta años. La respuesta de los bancos centrales, tanto el Banco Central Europeo como el Banco de Inglaterra, fue incrementar los tipos de interés, un hecho que no ha ayudado en nada a los gobiernos a sanear las finanzas públicas.

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Cuando los precios suben, los bancos centrales –organismos independientes del gobierno– acostumbran a aumentar los tipos de interés de la economía. Esto quiere decir que los bancos tienen que pagar más por pedir dinero al banco central y pasan este coste adicional a sus clientes cuando les conceden préstamos. Esto hace que las empresas inviertan menos y las familias gasten menos, ya que pedir dinero al banco es más caro, lo cual enfría la actividad económica y, en consecuencia, bajan los precios.

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Esta política ortodoxa tiene limitaciones cuando la inflación es causada por choques externos de la oferta, como el encarecimiento del petróleo por una guerra. Por lo cual, aunque puede ayudar a rebajar los precios de la economía, también tiene un efecto negativo sobre el crecimiento económico.

Además, los tipos de interés que pagan los gobiernos por endeudarse está estrechamente ligado con los tipos de interés que marca el banco central para su economía. Si un banco central sube los tipos, hay que esperar que los costes de endeudamiento del gobierno crecerán. "La deuda es manejable si los tipos no están altos. Entonces, es como pagar una hipoteca, que se va masticando", recuerda Ribas. Si, al contrario, los tipos aumentan, la deuda se vuelve más difícil de pagar.