Política monetaria

Las percepciones de inflación de la ciudadanía, un gran dolor de cabeza para el BCE

La entidad tiene una sobrerreacción ante los efectos de la guerra en Irán que dificulte el control estable de precios

La presidenta del BCE, Christine Lagarde, en una imagen reciente.
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BarcelonaCuando se dice que algo puede pasar, es probable que acabe pasando. Esta expresión que se utiliza para referirse a las profecías autocumplidas es habitual en el mundo económico. A lo largo de la historia, la creencia de que un hecho acabará produciéndose ha precipitado los acontecimientos. La lista de ejemplos es larga: derrumbes de empresas en bolsa, compras compulsivas de los consumidores o retiradas de depósitos son solo algunos. Y las perspectivas de la ciudadanía para controlar la inflación son también un factor a tener en cuenta.

El Banco Central Europeo (BCE), máxima autoridad monetaria en la zona euro y encargada de mantener el encarecimiento de los productos de forma estable en torno al 2%, hace tiempo que es consciente de la importancia de analizar las expectativas de la ciudadanía. Desde 2020, la entidad encuesta mensualmente a unas 19.000 personas para saber qué piensa la población sobre la futura evolución de los precios. "Los niveles de inflación que se registran hoy pueden influir en las expectativas de las personas sobre la evolución de los precios en el futuro. [...] Y estas expectativas son importantes, ya que son la base de las decisiones de gasto, endeudamiento e inversión de las personas", señalaba el BCE en un documento elaborado en 2021 donde revisaba su estrategia de política monetaria de manera integral. Y añadía: "Si las expectativas se alejan del objetivo de inflación del banco central, a este le puede resultar difícil reconducir la evolución positiva de los precios hasta este objetivo".

En un contexto marcado por el conflicto en Oriente Medio, una guerra de Ucrania aún activa y unas agresivas políticas arancelarias procedentes de Estados Unidos, el diagnóstico actual para el BCE es poco esperanzador. Según los últimos datos publicados por la entidad, las perspectivas de inflación de la ciudadanía son ampliamente superiores a las estimaciones del banco central. Los europeos esperan que la tasa se sitúe en el 4% durante los próximos doce meses y en el 3% en el transcurso de los tres años venideros, por encima de las previsiones del BCE, que apuntan a una inflación del 2,6% y del 2,1% en los respectivos casos.

Si bien el organismo monetario es consciente de que este sesgo es "habitual", su presidenta, Christine Lagarde, salió en una reciente comparecencia en el Parlamento Europeo a advertir de las "implicaciones" que tendría un fuerte desajuste entre percepción y cifras reales. La dirigente francesa atribuía estas expectativas a tres factores: las experiencias personales de cada individuo y su cesta de la compra; el hecho de que la ciudadanía se fija más en los incrementos de precios que en las disminuciones, y los conocimientos financieros de la sociedad.

"Siempre hay más temor del real. [...] La gente tiende a exagerar, y más en un mundo de inmediatez y de falta de análisis", sostiene la profesora de la EAE Business School María Ángeles Ruiz-Ezpeleta, que reivindica la importancia de fijarse en los datos de la inflación subyacente, la cual no tiene en cuenta la evolución de precios más volátiles como los alimentos o la energía. Las percepciones de la ciudadanía, sin embargo, también son comprensibles, según apuntan los académicos. A modo de ejemplo, los precios de los alimentos y de los combustibles –dos productos ampliamente presentes en la cesta de la compra de las familias– han subido a un ritmo superior respecto a la tasa media durante los últimos meses, mientras que otros productos como los bienes industriales –con más peso dentro de los sectores industriales– se han encarecido a un ritmo menos acelerado.

Educación financiera

Para el BCE, la falta de educación financiera también juega un papel relevante en el desajuste entre cifras reales y percepciones. Según el profesor de finanzas de la UPF-Barcelona School of Management Albert Martí, existe una "brecha muy clara" de cultura financiera en Europa. En este sentido, el experto entiende las llamadas que hizo Lagarde, que instó al conjunto de los estados de la eurozona a destinar más esfuerzos a impulsar una sociedad mejor formada en el ámbito económico.

Martí, sin embargo, cree que la resolución de un conflicto en Oriente Medio cambiaría por completo las expectativas sobre la inflación. "Ante momentos como los actuales, la gente trasladará [una paz en Irán] de forma rápida hacia un efecto positivo", manifiesta. A pesar de todo, apunta a la vez que el importe de los productos se mantendrá en niveles altos, ya que los incrementos de precios se producen mucho más rápido que las rebajas.

Sea como sea, los expertos también advierten de la imprevisibilidad de los tiempos actuales, con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, como protagonista de cualquier capítulo. En poco más de un año de mandato, el mundo resta pendiente de cuál será su siguiente cruzada, aunque sus efectos sobre la inflación podrían ser menores. Es lo que algunos medios norteamericanos ya han bautizado como "síndrome de agotamiento por Trump", un principio por el cual la ciudadanía se escandaliza en el momento inicial y después vuelve a la rutina de siempre, ajena a las consecuencias de sus acciones.

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