Laboral

La lucha para acabar con el gran problema del mercado laboral

La gran reforma laboral de Yolanda Díaz quería combatir la temporalidad

BarcelonaEn abril de 2022 entró en vigor la gran reforma laboral de Yolanda Díaz. La ministra de Trabajo prometió que las nuevas medidas favorecerían una transformación profunda del mercado laboral español y combatirían uno de sus problemas endémicos: la alta temporalidad. Cuatro años después, sin embargo, ¿podemos decir que la iniciativa ha conseguido su gran objetivo? Según Jordi Garcia, catedrático en Derecho Laboral y Seguridad Social de la Universidad de Barcelona, no. "O al menos eso es lo que parece con los pocos datos que dan", asegura. Diferentes informes, como uno publicado hace pocas semanas por el think tank liberal Fundación Civismo, coinciden con el experto y dicen que los cambios han sido, realmente, "estadísticos".

La clave del proyecto impulsado por la líder de Sumar era limitar los contratos temporales, restringiendo su uso a ocasiones mucho más justificadas. Si bien hasta entonces los contratos temporales de obra y servicios eran muy populares, se buscaba sustituirlos por la figura de los fijos discontinuos, un tipo de indefinido que ya existía, pero que se amplió para aglutinar los anteriores contratos temporales. Este tipo de relación laboral se basa en el hecho de que el trabajador tiene un trabajo fijo, pero es llamado a trabajar o no dependiendo de las necesidades de la empresa. Históricamente, se hacían servir, sobre todo, para trabajos estacionales o de temporada, por ejemplo, los monitores de esquí. Con la reforma laboral, también se empezaron a permitir en tipos de trabajos intermitentes y para empresas de trabajo temporal (ETT).

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El problema de contarlos

Este cambio –en un inicio– disparó los contratos indefinidos, elevándolos a máximos históricos. Pero con el tiempo ha ido saliendo la duda de cuántos de ellos se encuentran realmente trabajando. "A pesar de que se ha pedido de manera reiterada que se cifre la cantidad de fijos discontinuos que se encuentran inactivos, el ministerio de Trabajo todavía no ha dado el dato", explica Jordi Garcia. De hecho, el único dato que hasta ahora ha guiado a los expertos sobre cuántos podría llegar a haber sería la cifra de demandantes de empleo con relación laboral, a pesar de que tampoco sería fiable porque incluye a las personas que se encuentran en ERTE. Según los últimos datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), en diciembre del 2025, el dato se situaría en 892.933 trabajadores, respecto a los 301.316 que se registraron en diciembre del 2019, último trimestre antes del impacto de la covid-19 y la reforma laboral.

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Otra polémica sobre el recuento recae en los datos de ocupación. Los fijos discontinuos, a pesar de que no se encuentren trabajando, no figuran como personas paradas, si bien si han cotizado lo suficiente pueden cobrar la prestación. Esto ha hecho que la oposición acuse al gobierno español de mentir con el dato de ocupación. Por su parte, el catedrático de la UB también se plantea cómo puede ser que "si según los datos mensuales cada mes se hacen cientos de miles de contratos indefinidos" a largo plazo los parados no bajen "en mayor proporción". "¿Cómo puede ser que digamos que estamos haciendo tantos contratos indefinidos y el paro, en cambio, se mantenga en los mismos porcentajes?", se pregunta Garcia, que añade: "Hay una falta de transparencia muy grande".

Un problema endémico

El experto en derecho laboral expresa el cambio mediante un ejemplo: "Si tú antes trabajabas tan solo un mes al año, el resto de meses figurabas como parado; ahora puedes continuar trabajando un mes al año, pero cuentas como empleado durante todo el ciclo, a pesar de que sigues cobrando tan solo por uno". Esto habría cambiado la manera de recontarlos, pero, según indica, continuaría prorrogando el problema de la intermitencia del trabajo –si bien no la de los contratos–. Aun así, Garcia también explica que durante los últimos meses se ha detectado un nuevo incremento de los contratos temporales, que se habían reducido mucho desde que se implementó la medida hace ahora cuatro años. "Parece que la tendencia podría empezar a reinvertirse de nuevo", dice el catedrático.

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La preocupación por el alto porcentaje de contratos temporales, de hecho, viene de lejos. Según explica Garcia, "históricamente, uno de los puntos que todas –o casi todas– las reformas que se han hecho en el Estatuto de los Trabajadores han tocado ha sido la contratación temporal". Y, en general, la línea de los legisladores y tribunales siempre ha sido intentar limitar la temporalidad por la vía de ponerle limitaciones, tanto en sus posibles causas como las opciones de duración o periodos.