La recuperación pos-covid

El mundo económico, pendiente de si los Estados Unidos empiezan a retirar los estímulos

La incertidumbre causada por la variante delta marcará los anuncios de los bancos centrales en la cumbre de Jackson Hole

BarcelonaEl mundo financiero estará pendiente entre el jueves y el sábado del simposio de economistas y representantes de los principales bancos centrales del mundo que tiene lugar anualmente en Jackson Hole, en el estado norteamericano de Wyoming. El encuentro, que finalmente se celebrará exclusivamente online, tendrá como plato principal una conferencia de Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal –el banco central de los Estados Unidos–, en la que podría anunciar una reducción de los estímulos monetarios para frenar los incrementos de precios y evitar un sobrecalentamiento de la economía.

Sin embargo, la mayoría de analistas coinciden en que el incremento de contagios en todo el mundo y especialmente en los EE.UU. provocado por la expansión de la variante delta del covid-19 frenará a Powell de hacer grandes anuncios, y probablemente preferirá esperar al 22 de septiembre, cuando se reúna el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, en las siglas en inglés), el organismo interno de la Reserva Federal que toma las decisiones de política monetaria.

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El hecho de que suban los contagios y de que todavía no haya ninguna seguridad de cómo evolucionará esta nueva variante del coronavirus añade incertidumbre a la coyuntura económica y aumenta el riesgo de frenazo o, incluso, de recaída de la actividad económica después de un 2021 de recuperación.

De momento el impacto del covid-19 sobre la economía norteamericana ha sido más bajo que sobre la europea. En 2020, el producto interior bruto de los Estados Unidos cayó un 3,4%, ante un 6,4% en la eurozona, mientras que en los dos primeros trimestres de este año ha crecido un 1,5% el primero y un 1,6% el segundo, ante la caída de un 0,3% y el aumento de un 2% en los países del euro. También el mercado de trabajo se ha recuperado con más fuerza en los EE.UU. que en Europa, una señal de más fortaleza de la economía.

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Además, los precios han crecido a un ritmo históricamente elevado, un hecho que la propia Fed y el resto de bancos centrales ya esperaban y que se debe a los cuellos de botella en la producción de materias primas causados por un exceso de demanda después de meses con la actividad bajo mínimos en todo el mundo.

En este contexto, los representantes más conservadores dentro del FOMC habían apuntado a que votarían a favor de una retirada de los estímulos monetarios aprobados hasta ahora por la Reserva Federal. La institución presidida por Jerome Powell retomó las compras masivas de deuda y rebajó los tipos básicos de interés desde la franja entre el 1,5% y el 1,75% hasta la franja entre el 0% y el 0,25%, además de abocar dos billones de euros al mercado de repos, donde los bancos obtienen financiación a muy corto plazo.

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El principal defensor de la retirada de estímulos o de una subida de tipo para evitar un sobrecalentamiento de la economía y luchar contra la inflación era Robert Kaplan, presidente de la Reserva Federal de Dallas, una de las ramas regionales del organismo. Kaplan había insistido públicamente en el peligro de un incremento demasiado brusco de los precios, pero en un acto en una universidad de Texas el pasado viernes dio marcha atrás y dijo que es más sensato esperar unas semanas antes de tomar ninguna decisión sobre los estímulos o los tipos: "Tenemos un mes entre ahora y la próxima reunión del FOMC, y esto es bueno", declaró.

"Si la variante delta tiene que ser persistente o tiene que evolucionar de manera diferente a cómo lo ha hecho en otros países como el Reino Unido o la India y tiene que empezar a afectar a la demanda, lo tendremos que tener en cuenta", indicó Kaplan. Estos comentarios fueron interpretados por muchos analistas como una evidencia de que seguramente Powell no se mojará en Jackson Hole, después de semanas especulando si durante la conferencia haría algún anuncio de reducción de estímulos.

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Europa todavía va por detrás

El debate sobre si hay que frenar o no los estímulos es ahora mismo impensable en Europa. Entre los países desarrollados, los EE.UU. fueron uno de los que más rápido rebotaron y posteriormente consolidaron el crecimiento, sobre todo después de que la vacunación generalizada de toda la población empezara ya el enero de este año. En cambio en la UE los retrasos en la compra de vacunas por parte de la Comisión Europea provocaron que no se vacunara masivamente hasta abril.

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En el ámbito monetario, la reacción ha sido igual de agresiva a los dos lados del Atlántico. Tanto el Banco Central Europeo como la Reserva Federal han ampliado los programas de compra de deuda pública para apoyar a las administraciones, pero la presidenta del BCE, Christine Lagarde –que en esta ocasión no participará en el simposio–, insiste desde hace meses en que de momento los 1,8 billones de euros de estímulos monetarios no tienen fecha de caducidad mientras la economía europea y la ocupación no vuelvan a los niveles previos a la pandemia.

Además, los fuertes estímulos fiscales del gobierno federal de los Estados Unidos han sido lo principal motor del crecimiento de este país y, en cuanto a la medida, también contrastan con las modestas cifras de apoyo a la economía tanto de los gobiernos estatales como de las autoridades comunitarias del Viejo Continente. De hecho, el plato fuerte de los estímulos fiscales en Europa es el programa Next Generation, de 800.000 millones de euros a invertir en seis años para toda la UE, que se han empezado a pagar este verano. En cambio, desde marzo de 2020 hasta ahora el Congreso de los Estados Unidos ha aprobado hasta cinco programas extraordinarios de gasto público para paliar los efectos de la crisis, con un valor total de más de 5,5 billones de dólares (unos 4,7 billones de euros). Los déficits de los países de la zona euro se mueven entre un 7% de media en 2020 y un 8% previsto para este 2021, mientras que el de los EE.UU. fue del 16% el año pasado.