El capital riesgo impulsa las ciencias de la vida catalanas
Fondos de inversión, 'start-ups' y centros de investigación celebran la "maduración" del ecosistema después de un 2025 de récord de inversiones
BarcelonaCuando Valerie Vanhooren dejó Bélgica por Barcelona, se encontró con que todo era campo. La fundadora y directora ejecutiva deOna Therapeutics, una de las start-ups biotecnológicas más cotizadas del ecosistema catalán, recuerda de su primer aterrizaje en España que "había muy poca cosa". Hace una década, Cataluña tenía una red emergente en el sector de las ciencias de la vida "poco profesional, con poco dinero y poco talento foráneo". Más de 10 años después, el Principado ha roto su récord de inversión en empresas de salud, con 517 millones de euros en 2025, de acuerdo con los datos del informe de la Bioregió elaborado por el Biocat; con el capital riesgo como gran protagonista, después de haber dedicado 327 millones de euros a financiar nuevos proyectos. Centros de investigación, emprendedores y fondos de inversión reconocen que todavía hay carencias respecto a otras regiones europeas, pero el motor de la industria ya ha más que carburado. "Ahora ya podemos competir", sentencia Vanhooren, en conversación con el ARA.
Ona, precisamente, fue de las primeras start-ups biotecnológicas en levantar una ronda de cierto volumen: en el año 2020, la empresa dedicada a desarrollar tratamientos contra el cáncer y la metástasis recibió 30 millones de euros en una serie A que lideró un fondo local, Asabys Partners. "Era una inversión como pocas se habían visto, la serie A más grande de España", recuerda Cristina Horcajada, jefa de innovación del Institut de Recerca Biomèdica de Barcelona. Ahora, un movimiento de este volumen forma parte de la normalidad en el sector. La misma emergente cerró en mayo una serie B de 74 millones de euros. Y todavía por encima: el año pasado, la start-up de medicinas genéticas SpliceBio batió todos los récords con una ronda de 119 millones de euros.
El socio de Asabys, Sylvain Sachot, tiene claro que el mercado cada vez demanda más el tipo de soluciones que generan las biotech catalanas: "existen enormes necesidades médicas no cubiertas, y la industria tiene una necesidad crítica de innovar para continuar creciendo". De hecho, según las fuentes sectoriales consultadas, el 2026 "pinta muy bien" para volver a romper el récord de inversión del curso pasado. En palabras del director de inversión de BStartup, Laurent Arens, el tejido empresarial barcelonés está "lejos de tocar techo". "Veremos rondas de niveles altos más regularmente, y ya hacemos algunas cosas mejor que el resto de Europa", argumenta.
Más músculo para el capital
Diversas voces sectoriales coinciden en que la primera chispa la puso el capital riesgo. Según la directora del Parc Científic de Barcelona, Maria Terrades, el advenimiento de fondos de inversión especializados en biotecnología y salud ha "jugado un papel muy importante" en la escalada de los últimos años. El de las ciencias de la vida es un sector en el que "no puede invertir cualquiera". "Tiene mucho riesgo, y se necesita un gran conocimiento técnico", observa la directiva. En este sentido, la acelerada del mismo Asabys, o de Ysios, "han ayudado a profesionalizar mucho los proyectos". Joël Jean-Mairet, socio director en Ysios, subraya la importancia del capital riesgo especializado para convertir la investigación, tanto básica como aplicada, en productos que puedan llegar al paciente. "La asignatura pendiente siempre ha sido la transferencia, y aquí el capital es importantísimo: se debe hablar el idioma de los científicos, y ayudarles a planificar", razona.
Desde el sector señalan, sin embargo, que los volúmenes aún no han alcanzado el nivel de países vecinos con entornos tecnológicos "en un nivel más alto de madurez". Los grandes fondos de capital riesgo españoles se mueven entre los 100 y los 200 millones de euros. Mirando hacia Europa, el récord en el sector lo ostenta el francés Jeito Capital, que cerró en abril un fondo de 1.000 millones de euros dedicado a innovaciones terapéuticas; y cuenta con unos 1.600 millones de activos en cartera. En paralelo, otros como Sofinnova o Medicxi han levantado recientemente fondos de 650 y 500 millones, respectivamente. Más allá del capital, el director ejecutivo de SpliceBio, Miquel Vila-Perelló, ve ventajas reputacionales en una estructura inversora de este calibre: "un fondo de 1.000 millones no aporta solo el dinero, también una multitud de contactos. Ayudaría mucho tener uno".
Sin embargo, los actores del ecosistema ven un camino colectivo para competir a escala internacional. En primer lugar, desde casa: "antes, los fondos invertían solos, en cosas más pequeñas; pero ahora coinvierten y ven nuevas fortalezas", reflexiona Terrades. Además, indica Vanhooren, los fondos barceloneses están "bien conectados internacionalmente", y son capaces de atraer líderes para rondas de fuera del Estado. La serie B de SpliceBio, de hecho, la colideraron Sanofi Ventures y EQT Life Sciences; mientras que al frente de la de Ona también apareció la firma francesa Mérieux Equity. Sachot otorga el mérito de este atractivo fuera de las fronteras españolas a los proyectos de los emprendedores tecnológicos locales: "El capital no llega por azar, llega cuando los inversores más exigentes del mundo deciden invertir aquí. Demuestra que el potencial de las empresas es muy grande".
"Más historias de éxito"
Las rondas abundantes se acumulan en los últimos cursos en Barcelona. La healthtech Inbrain Neuroelectronics anunció este año que abre una ronda de 100 millones de euros que espera cerrar a lo largo del curso; y los principales centros de investigación del país aseguran, sin concretar nombres, que hay empresas derivadas trabajando en cantidades importantes para acelerar su financiación. Vila-Perelló sostiene, sin embargo, que Barcelona se encuentra en "el inicio de la rueda" del éxito inversor. Se están alcanzando volúmenes de financiación muy importantes; pero "en Boston, series B de 120 millones se ven cada semana". "Es parte del ciclo: es necesario que haya más oportunidades de inversión, y proyectos que necesiten más capital", opina el emprendedor.
Según Vanhooren, al país le faltan victorias económicas para llegar al siguiente nivel, también en términos de volumen de los fondos. "Necesitamos que haya buenas salidas, o buenos acuerdos de licencia" que dejen dinero en la caja del capital riesgo que ha invertido en las start-ups locales. Para Joël Jean-Mairet, el mismo ritmo de crecimiento del sector acerca más "eventos de liquidez" como estos: las empresas avanzan en sus estudios clínicos, y se acercan al salto al mercado; o bien a ser compradas por farmacéuticas ya establecidas que "buscan adquirir activos sin el riesgo inicial". Así, recuerda Vila-Perelló, es como otros ecosistemas han crecido. "En EE. UU., o en el Benelux, este ciclo se ha repetido muchas veces. Aquí, lo estamos empezando", indica. Las ventas y las licencias, además, activan ciclos inversores más intensos, porque el capital riesgo ve rentabilidades y tiene margen para dedicar más capital.