Descentralizar
Beti Badia
11/08/2026 - 13:00 h.
2 min

La gran mayoría de nosotros recordará la escena de la película Intocable en la que el protagonista llega al orgasmo con la estimulación de las orejas. ¿Pero... hasta qué punto esto es real?

Hay una idea clave que hay que tener presente: el principal órgano sexual no lo tenemos entre las piernas, sino entre las orejas. Exacto: el orgasmo no se produce en los genitales, sino en el cerebro. Es la estimulación de diferentes vías sensitivas la que desencadena las sensaciones de placer.

Por eso, aunque los genitales son una de las zonas erógenas más conocidas y valoradas, no son ni de lejos las únicas. Podemos experimentar mucho placer –y sí, incluso llegar al orgasmo, aunque recordemos que este no es el objetivo imprescindible– estimulando muchas otras partes del cuerpo.

Las orejas, sí, pero también el cuello, los pezones, las nalgas o cualquier otra zona que resulte especialmente sensible para cada persona. Aquí no hay normas universales: cada uno tiene sus preferencias, experiencias y sensibilidades. Al fin y al cabo, la piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo y nuestra superficie erógena más extensa, con cerca de dos metros cuadrados. Sería absurdo no explorar sus posibilidades, ¿no?

Quizás el problema es que hemos aprendido a entender el placer de una manera demasiado reduccionista. Cuando concentramos toda la atención en unas pocas partes del cuerpo, nos perdemos una infinidad de sensaciones posibles. Ampliar el mapa del placer no solo puede enriquecer nuestra sexualidad, sino que también nos permite relacionarnos con el cuerpo con más curiosidad, menos presión y más capacidad de sorpresa.

Y es que nos han enseñado a buscar el placer en lugares muy concretos. Quizás ha llegado el momento de darnos cuenta de que el cuerpo es mucho más grande que los genitales, y que el placer también.

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