Más caos para el mundo: la receta de Trump
La última aventura militar de Donald Trump y Benjamin Netanyahu, el ataque a Irán, tiene un objetivo claro: derribar el régimen de los ayatolás, cambiar el gobierno del país y controlar la región. El presidente estadounidense le ha emprendido espoleado por el éxito de la operación en Venezuela, de donde logró llevarse Nicolás Maduro en una operación relámpago y, al parecer hasta ahora, imponerle de facto un gobierno obediente a sus intereses. Pero Irán no es Venezuela y el ataque que comenzó la madrugada del sábado tampoco es una razia rápida. Aunque los iraníes, cansados del régimen represivo y machista al que están sometidos, hagan caso a la llamada de Trump y Netanyahu y hagan caer a su gobierno, no será fácil que otra opción se consolide. Además, las consecuencias de esta operación militar pueden afectar a toda una región ya bastante inestable de formas que todavía son difíciles de prever. Irán ha respondido atacando a las bases estadounidenses en Bahrein, Kuwait, Emiratos Árabes y Qatar, lo que puede favorecer una escalada del conflicto en toda la región. Por el momento, será necesario comprobar qué efectos puede tener el ataque para el tráfico de mercancías por el estrecho de Ormuz, un punto clave para el comercio internacional. Irán ya anunció ayer que comenzaba las maniobras para bloquearlo y, de salir adelante, las consecuencias económicas serán de escala global.
El ataque estadounidense junto con Israel también convierte casi en una broma la voluntad de Donald Trump de presentarse como un pacifista a los ojos del mundo, una pretensión que incluso le había llevado a aspirar al premio Nobel de la Paz. Dificultar que otro gobierno autocrático desarrolle arsenal nuclear y la caída del régimen integrista de los ayatolás serían buenas noticias. Pero no lo es que, de nuevo, el presidente de Estados Unidos se tome el mundo como su campo de batalla privado. El ataque contra Irán es otro desastre que ya están pagando los civiles iraníes con su vida, otra violación del derecho internacional. Una demostración más de que Trump volvía a mentir cuando decía que defendía a EEUU no intervencionistas, que no hicieran guerras en el extranjero, contraponiéndose a Joe Biden.
El presidente de Estados Unidos ha demostrado sobradamente que negociar no es su especialidad, por mucho que quiera hacer creer que es un maestro de la diplomacia. Negociante no ha detenido la guerra de Ucrania, ni ha cambiado el régimen de Venezuela, y más de dos años de guerra en Gaza tampoco pueden considerarse una victoria diplomática. Ahora ha atacado a Irán mientras las conversaciones continuaban. Horas antes del bombardeo, el ministro de Exteriores de Omán, Badr bin Hamad al Busaidi, dijo en una entrevista en la CBS que Teherán había realizado una concesión clave que implicaba que no tendría capacidad de almacenamiento de uranio. O Estados Unidos no se creyó la concesión, o no le bastó, o la operación militar ya estaba decidida y les daba igual.
Sea como fuere, el resultado es que hay otro conflicto militar en el mundo, con más muertes de civiles y consecuencias difíciles de prever. Caos sobre caos, el medio natural preferido de Donald Trump al que parece arrastrar su país y el resto del mundo siempre que puede.