Editorial

Una purga en el ejército de los Estados Unidos

Pete Hegseth y el general Dan Caine este martes en la rueda de prensa del Pentágono
03/04/2026
2 min

Desde que Pete Hegseth fue nombrado secretario de Defensa de los Estados Unidos, un nombre que después cambiaría a secretario de Guerra, ha destituido más de una docena de altos cargos militares, entre ellos varios generales de cuatro estrellas. El último caso se ha producido este mismo viernes, cuando Hegseth ha forzado la jubilación anticipada del jefe del estado mayor del ejército de tierra, Randy George, justo en plena guerra de Irán. Pero es que la purga de Trump y Hegseth en el ejército viene de mucho antes, del principio de su mandato, de manera que han acabado configurando una cúpula militar a medida.

El primero en caer fue el general de las fuerzas aéreas Charles Q. Brown, que también era el jefe del estado mayor conjunto; siguieron la almirante Lisa Franchetti, la primera mujer en dirigir la marina; el general James C. Slife, vicepresidente de las fuerzas aéreas; así como los principales asesores jurídicos del ejército de tierra, la marina y las fuerzas aéreas. Poco después, todos fueron sustituidos por nuevas figuras, como Dan Caine, que ahora es la máxima autoridad militar después de Hegseth y Trump. A pesar de todo, el estado mayor conjunto ha mostrado cierta independencia y se ha filtrado que aconsejó no iniciar el ataque a Irán.

Cuando se habla de purgas militares es bastante habitual referirse a la que llevó a cabo Stalin en la Unión Soviética en los años 30, un hecho que todos los historiadores coinciden en que resultó nefasto en el momento de la invasión nazi de 1941. Analistas de defensa norteamericanos señalan que ahora el ejército de los Estados Unidos podría estar pagando a Irán el precio de todas estas destituciones, ya que se habría dejado perder experiencia e inteligencia militar. El ejército de los Estados Unidos afronta ahora uno de los retos más importantes de su historia reciente, que es cómo convivir con un presidente que desprecia los informes de inteligencia y, según dice él mismo, se deja guiar por su instinto. El curso de la guerra, sin embargo, ha dejado bastante claro que ha habido una gran falta de planificación estratégica y que ahora Trump y Hegseth están en un atolladero.

Mientras tanto, los últimos días también se han producido destituciones en otros ámbitos del gobierno de los Estados Unidos. Primero fue la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, responsable de las deportaciones de inmigrantes, y ahora Pam Bondi, la fiscal general –un cargo que se asimila al de ministro de Justicia–, que no habría hecho suficientes esfuerzos para tapar el escándalo de los archivos de Epstein. La prensa norteamericana vaticina que los próximos días podría haber aún más destituciones de cargos sensibles. Todo ello pone de manifiesto el nerviosismo que reina en la Casa Blanca, con los índices de aprobación del presidente por los suelos por la subida de precios que ha comportado la guerra y con las elecciones de medio mandato, las midterm, en el horizonte.

El peligro es que un Trump acorralado todavía podría ser más peligroso. Tanto para el mundo como para los mismos Estados Unidos.

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