Del chapuza a las disculpas y ahora a la negociación
Finalmente, la consejera de Interior, Nuria Parlon, ha reconocido el error que significa que unos agentes de paisano se infiltraran en una asamblea de maestros y ha pedido disculpas. Parlon ha descrito el incidente como una "maniobra operativa mal planteada" que ha tenido como consecuencia que se haya roto la confianza entre los sindicatos educativos y el Gobierno en un momento de máxima tensión laboral, y se ha comprometido a poner fin a las inercias del cuerpo que lo han provocado. La consejería, pues, ha culminado la marcha atrás que se intuyó en los primeros momentos de la crisis, descartando, sin embargo, cualquier tipo de responsabilidad política y también de "mala fe" por parte del cuerpo.
Este era un paso necesario para rehacer los puentes con los docentes, pero también para limpiar la imagen del cuerpo, que ha quedado muy mal parada con este despropósito. Ahora toca revisar los protocolos que dan amparo a este tipo de actuaciones y tomar las medidas pertinentes para que nunca vuelva a pasar algo semejante y ningún colectivo en conflicto laboral con la administración pueda sentir que se menosprecian sus derechos.
El gesto de Parlon debería servir para rebajar la tensión que se ha ido acumulando las últimas semanas entre los sindicatos convocantes de las movilizaciones y el Gobierno, para poder poner el contador a cero y reanudar la negociación. Por su parte, la USTEC ha puesto negro sobre blanco sus reivindicaciones, que por un momento parecían centradas solo en los salarios. Ahora han corregido el tiro y ponen en primer término tanto el refuerzo de la escuela inclusiva como de las plantillas. Con todos estos movimientos sobre la mesa, ahora el Gobierno debería tener suficiente cintura para saberse mover y llegar a un acuerdo con un sector sobre el cual como sociedad hacemos descansar muchos de los desequilibrios que padecemos.
En realidad, nadie está en una posición de fuerza absoluta que le permita obligar a la otra parte a aceptar todas sus condiciones. La USTEC ha demostrado una fuerza movilizadora muy notable, pero sabe que tampoco es infinita. Y el Gobierno también sabe que este tipo de conflictos suponen más desgaste para un ejecutivo de corte socialdemócrata que para uno conservador. La encuesta publicada por el ARA ya mostraba un cierto retroceso en las expectativas electorales del PSC.
Por su parte, los sindicatos también deben entender que las finanzas públicas no son un pozo sin fondo, y que las administraciones tienen la obligación de velar por cada euro que proviene de los impuestos que pagan los ciudadanos. Y que aunque pueden infligir un daño importante al partido gobernante, también hay víctimas colaterales de cualquier conflicto de estas características, y en este caso son los alumnos y sus familias, especialmente las más desfavorecidas, ya que la escuela pública es el elemento esencial a la hora de garantizar una mínima igualdad de oportunidades.
En conclusión, hay que encontrar un punto de equilibrio entre remuneraciones justas y plantillas y recursos suficientes, y la sostenibilidad de las finanzas públicas. No es fácil, pero la negociación sirve justamente para eso.