Editorial

La cumbre progresista que podría hacer historia, o no

El presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva con el presidente español en la cumbre progresista que se celebra en Barcelona
18/04/2026
2 min

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha culminado este fin de semana en Barcelona la operación que ya comenzó con su oposición a la ocupación israelí de Gaza y que hoy día lo ha convertido en un referente de la izquierda mundial y, por oposición, en la némesis de Donald Trump. Hay que admitir que Sánchez ha sabido jugar bien sus cartas en el ámbito internacional (quizás mejor que en el doméstico), y el éxito de la cumbre de líderes progresistas de este sábado es el colofón de una estrategia pensada y ejecutada desde la Moncloa al milímetro.

Gracias a este trayecto, Sánchez puede aparecer hoy al lado de figuras tan importantes de la izquierda internacional como Lula da Silva o Claudia Sheinbaum de tú a tú. A pesar de ello, hay que tener en cuenta que Sánchez cuenta con el escudo protector que supone la UE, mientras que Lula y Sheinbaum, sobre todo esta última, han tenido que hacer más equilibrios porque están más expuestos a la ira y los caprichos del poderoso vecino del norte.

Hasta tres eventos en paralelo han tenido lugar en Barcelona este viernes y sábado. La cumbre bilateral España-Brasil, las jornadas Global Progressive Mobilisation y la IV Reunión en Defensa de la Democracia, y las tres han confluido este sábado por la tarde en un gran mitin global final en el que se han combinado las intervenciones en directo con los mensajes en vídeo, especialmente de figuras capitales del Partido Demócrata americano, como Bernie Sanders, Zohran Mamdani o Hillary Clinton. No ha habido documento final, pero sí una coincidencia entre los asistentes a la hora de reivindicar el retorno al multilateralismo con una reforma de la ONU que evite el bloqueo actual de las potencias nucleares, poner freno al poder de los tecnooligarcas y combatir el trumpismo y la ultraderecha con propuestas sociales y un enfrentamiento más frontal.

La Moncloa ha podido ofrecer a sus invitados un escenario, la capital catalana, gobernada por los socialistas y que es también un referente de las políticas de izquierdas a escala mundial y famosa por sus movilizaciones contra las guerras, como la de marzo de 2003 contra la invasión de Irak que fue citada por George Bush padre. No se puede obviar, tampoco, que este tipo de eventos sirven a Sánchez para proyectar la idea de que el 'Procés' catalán está enterrado y que ya no hay ningún conflicto político digno de este nombre.

Si la cumbre de este fin de semana es un punto de inflexión o no lo dirán los próximos resultados electorales. En octubre hay elecciones en Brasil, donde Lula se enfrentará a un hijo de Bolsonaro, y en noviembre las midterm en Estados Unidos. Aquí se verá si el péndulo vuelve hacia posiciones progresistas o continúa la ola reaccionaria.

Pero, más allá de la lectura interna en cada país, habrá que ver si esta cumbre de Barcelona hará historia y se convertirá, realmente, en un movimiento alternativo capaz de plantar cara a la involución y la ley de la selva que están queriendo imponer Trump, Putin y sus aliados.

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