Editorial

La derecha juega con fuego alimentando la teoría del fraude electoral

El líder de Vox, Santiago Abascal, durante el pleno de este miércoles en el Congreso
25/06/2026
2 min

BarcelonaCuestionar los resultados electorales es una estrategia que aplica la extrema derecha mundial y que ahora Vox ha importado a España, pero no por ello es menos peligrosa. Sin ir más lejos, Donald Trump todavía no ha aceptado su derrota electoral de 2020 ante Joe Biden, a pesar de que no hay ninguna prueba que acredite que ganó aquellas elecciones. Ahora Santiago Abascal, y en menor medida también el PP de la mano de Isabel Díaz Ayuso, agitan el fantasma del fraude electoral y acusan a Pedro Sánchez de estar preparando un pucherazo de cara a las próximas elecciones generales.

Otras veces la extrema derecha puso el foco en Indra, la empresa de capital público que participa en los recuentos, y la actual presidenta extremeña, María Guardiola, hizo un ridículo espantoso cuando en plena campaña relacionó un robo en una oficina de Correos con un intento de alterar el resultado electoral. Al final se comprobó que habían sido unos ladrones comunes los que se habían llevado por error unos sacos con votos y los afectados pudieron volver a votar.

Ahora Vox pone el foco en la llamada "ley de nietos", que permite a los nietos de los exiliados españoles después de la Guerra Civil pedir la nacionalidad, y también en la regularización de inmigrantes. Según Vox, los nietos de los exiliados son votantes necesariamente de izquierdas, sobre todo en países como Cuba. Pero la realidad es que el voto exterior siempre es muy minoritario y tiene pocos efectos electorales (excepto en lugares como Galicia, donde suele beneficiar al PP). Y por lo que respecta a la regularización de inmigrantes se trata directamente de una falsedad, ya que lo único que se está tramitando son permisos de trabajo, no nacionalidades.

El caso es que con estos discursos se está jugando con fuego. No solo porque se cuestiona la democracia en sí, sino también porque se están poniendo las bases para un estallido social si en las próximas elecciones no se produce el resultado que anhelan el PP y Vox. Porque, claro, ¿qué pasaría en el caso de que Pedro Sánchez revalidara la mayoría parlamentaria actual? ¿Aceptarían los resultados el PP y Vox o harían como Donald Trump y llamarían a ocupar el Congreso? ¿Y qué consecuencias tendría eso en la calle? ¿Quién se haría responsable si hubiera episodios graves de violencia política como en Estados Unidos?

El PP debería poner fin de forma inmediata a todas estas insinuaciones y desacreditar el discurso de Vox con contundencia, porque si no lo hace será corresponsable de todo lo que pueda pasar. La pregunta es: ¿hasta dónde están dispuestos a llegar estos dos partidos para desalojar a Sánchez de la Moncloa? ¿A "poner en riesgo la estabilidad del Estado", como confesó Luis María Ansón que se hizo en los años 90 para acabar con el felipismo?

Si la democracia española ha tenido un punto fuerte después de la recuperación de las libertades ha sido el sistema electoral, con suficientes garantías para hacer un recuento rápido y aceptado por todos. Poner esto en cuestión equivale a abrir las puertas del infierno y entrar en una nueva etapa de desconfianza general en el sistema. Justo el escenario ideal para las salidas autoritarias con las que sueñan personajes como Trump y sus adláteres.

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