Un quiosco abierto en Barcelona.
01/08/2026 - 21:31 h.
2 min

Cada vez más gente dice que evita las noticias, y el resultado es una sociedad menos informada y, por tanto, una democracia más debilitada. En los países donde el periodismo va a la baja, el populismo autoritario gana terreno. ¿Pero por qué crece el número de ciudadanos que optan por vivir al margen de la actualidad periodística, que eligen no saber, no hacerse preguntas ni buscar respuestas, con todo lo que esto comporta? Muchos lo justifican así: porque creen que ya están informados a través de las redes sociales. Porque las malas noticias les angustian. Porque cada vez les cuesta más distinguir qué es verdad y qué es mentira. Porque se sienten sobrepasados: demasiados impactos y demasiada poca fiabilidad.

Internet y las redes sociales fueron recibidos hace unos años como una oportunidad para la democratización de la información: todo el mundo podía ser emisor y receptor. Hoy, sin embargo, hemos pasado de este esperanzador espejismo inicial al dominio del entorno comunicativo por parte de unas, pocas, grandes plataformas digitales que vehiculan contenidos ajenos –sin retribuirlos a sus creadores– a través de los cuales captan la atención de grandes volúmenes de audiencia y publicidad. De manera que las plataformas se enriquecen económicamente al mismo tiempo que empobrecen tanto a los medios periodísticos como a las noticias y el debate público, convertido en un ruidoso, voraz y veloz barullo donde la evasión gana por goleada a la reflexión y la información. Pero sobre todo gana la sensación de saturación y, como reflejo de supervivencia, la necesidad de desconexión. En inglés el fenómeno ha sido bautizado como news avoiding: evitación de noticias.

La cuestión es que muchos ciudadanos se han acostumbrado a recibir contenidos no elegidos por ellos, que les llegan aleatoriamente a través de las plataformas, sin garantías periodísticas, en función de unos algoritmos opacos que maximizan la atracción y retención de audiencias como único objetivo. Nadie conoce los criterios cambiantes que conforman estos algoritmos. Por supuesto, no responden a valores cívicos compartidos. Y, por supuesto, cualquiera puede ver cómo alimentan descaradamente la polarización política. Todo ello empuja a demasiada gente a renunciar a entender la actualidad y a quedar atrapados en la red del entretenimiento y la crispación, y en burbujas que los aíslan.

Para hacer frente a esta desorientación y a este secuestro de la ciudadanía, solo hay una fórmula plausible: practicar y reivindicar el periodismo riguroso. Defenderlo a capa y espada. Cada día. Ante el peligro democrático y social que supone una desconexión creciente, ofrecer una información de calidad, honesta, comprometida e independiente. La misma gente que dice sentirse angustiada debe poder encontrar, si quiere, acompañamiento en los medios que nos esforzamos por hacer periodismo constructivo, valiente, plural y serio. Este es nuestro trabajo y nuestra apuesta. Cuanto más ruido y más infoxicación, más necesarios somos quienes ofrecemos una alternativa basada en los valores del buen periodismo de siempre, pero usando con sentido y con una praxis ética todas las herramientas tecnológicas al alcance, incluida la inteligencia artificial. Este es el compromiso del ARA con nuestros lectores: ofrecerles una dieta comunicativa sana.

stats