¿Hasta cuándo durará el caos en Cercanías?

Es increíble que llevamos ya dos semanas de caos en Cercanías. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo podemos tener el país medio paralizado, con miles de personas que ven su movilidad cotidiana alterada y con afectaciones en el sistema económico cada vez más graves? ¿Cómo puede que desde el Estado, responsable de Adif y Renfe, se haya reaccionado con tanta lentitud y tan pocos resultados, y se haya dejado a la Generalitat a la intemperie?

Más preguntas: ¿qué papel realmente han jugado y están jugando los maquinistas en todo este fallo descomunal del servicio? ¿Cómo puede que los sistemas de software de Adif caigan de forma reiterada y nadie sepa dar una mínima explicación técnica? ¿En el resto de España no pasa? Y en cuanto al conjunto de la infraestructura vial, ¿alguien nos aclarará nunca qué tipo de mantenimiento había hasta ahora? ¿Qué significa que este miércoles Adif haya anunciado la creación de una unidad para reforzar el "mantenimiento preventivo" en el sistema ferroviario catalán para "anticipar" posibles incidencias? ¿Y hasta ahora qué? ¿Quizás es que simplemente lo que había era un irresponsable abandono? Por cierto, ¿a quién se le ocurrió dividir la gestión ferroviaria entre Adif y Renfe y cómo no se ha revertido antes de la incomunicación entre ambos organismos? Y también por cierto, ¿a qué se debe la diferencia tan notoria entre el servicio de Ferrocarrils de la Generalitat y el de Renfe-Adif? En fin, ¿cuándo saldrá alguien con autoridad para explicar qué ha pasado y detallar exactamente qué se está haciendo para que no vuelva a ocurrir? Creer en la España federal sería también asumir un traspaso real y bien financiado de Cercanías. Ahora más que nunca.

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Mientras se eterniza la crisis del servicio ferroviario y viario (AP-7), las preguntas sin respuesta se acumulan, y tras ellas, además de un coste millonario que debe ser asumido por el Estado, responsable de una endémica falta de inversión en Cercanías, está la asunción y juego. Las dimisiones hasta ahora –incluida la anunciada ayer– han sido de perfil bajo. Nos hemos instalado en un desastre permanente, lamentable. El sábado sabremos hasta qué punto la población catalana ha caído en un fatalismo resignado o si, indignada, sale a la calle a exigir soluciones inmediatas y garantías de que no volverá a producirse un descalabro como éste.

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¿Una dinámica y moderna economía como la catalana puede permitirse una crisis de movilidad tan grave e interminable como ésta? Sin un transporte público fiable y de calidad corremos un riesgo creciente de perder oportunidades. De forma directa o indirecta, en cuestiones de logística de mercancías y de movilidad de la población, el ecosistema económico catalán se está resintiendo. ¿Hasta cuándo durará aún ese caos vergonzoso? Cada día que ocurre la situación se hace más insostenible. No es que hayamos vuelto a tiempos pasados, cuando durante décadas de dictadura Renfe era objeto de hazmerreír popular, es que hemos ido a peor. Ya no se trata de retrasos, se trata de incomparecencia del servicio y de inseguridad. Es un auténtico desastre.