Educación: paso a paso
No será fácil remontar el clima enrarecido en el que ha caído el mundo educativo. La atmósfera se ha degradado demasiado. Los buenos oficios del presidente del Consejo de Educación, Joan Manuel del Pozo, que tiene el encargo de reconducir la situación buscando la pacificación del sector y un gran acuerdo de país, dan motivos para la esperanza. Pero más allá de las buenas palabras y de un buen talante, harán falta hechos, prioridades claras y decisiones sensatas y valientes. Sobre todo, mucho sentido común: porque lo que hace falta es cambiar el rumbo, pero sin grandes inventos y, también, con un poco de paciencia a la hora de obtener resultados. No habrá, como en el fútbol, remontadas mágicas.
Dicho esto, la medida presentada por la consejería de Educación este jueves, consistente en recuperar las lecturas obligatorias en el bachillerato, en potenciar los planes lectores de centro y en retornar al papel –al libro de papel, incluido también, si hace falta, el libro de texto– va por buen camino. Va, además, porque se presenta como un objetivo sin ser una imposición, respetando la autonomía de cada escuela, de cada equipo de maestros. Pero la directriz sirve para abordar un asunto clave: la lectura atenta, la comprensión lectora. Un aspecto crucial porque está en la base de todo. Leer bien y entender de verdad el texto reverbera después en todas y cada una de las tareas en el aula y en casa, sea cual sea la materia tratada, incluidas las matemáticas y las ciencias más duras. A menudo pasa que los alumnos, en las pruebas de nivel, sencillamente no asimilan del todo el sentido de las preguntas. La pérdida de capacidad lectora, que a menudo va ligada a la capacidad de concentración, está en la raíz de la gran mayoría de los problemas que arrastramos.
Por tanto, bienvenida esta primera indicación, que sin duda no es un giro sorprendente. Pero es que ahora mismo, tal como está todo, lo que hace falta es tocar mucho de pies al suelo: en las estrategias en el aula, en el diálogo general y en las negociaciones. En este sentido, también resultará clave que haya una voluntad compartida de recomenzar de cero, sin prejuicios, sin señalar culpables.
¿Todo el mundo está dispuesto? Las primeras señales que han dado los sindicatos no van por este camino: mantienen la dialéctica del choque. Quizás ya no es lo que ahora toca. Las ganancias laborales del complicado final de curso pasado –de sueldo, de ratios, de más personal– han sido relevantes y existe el compromiso gubernamental de avanzar hacia una inversión en educación que llegue al 6% del PIB. Pactar aunque sea un periodo acotado de paréntesis reivindicativo seguramente sería un gesto bienvenido por el conjunto de la comunidad: seguramente por los mismos maestros, por los padres, los alumnos, los otros profesionales que se han ido incorporando a los centros, los monitores de ocio, la gente del mundo de la cultura afectada por el parón en las salidas escolares...
Hay que pensar en todos los colectivos que, dentro y fuera de la escuela, participan en la educación de los chicos y chicas. Hay que escuchar a todo el mundo. Hay que, claro está, continuar aumentando los recursos, pero también es importante que las decisiones que se vayan tomando estén bien enfocadas, bien aceptadas por todos y, por tanto, bien ejecutadas. Ahora no es el momento de nuevos experimentos ni de nuevas confrontaciones.