El ensañamiento con Jordi Pujol

Tanto a la derecha como a la izquierda, desde los años ochenta la figura de Jordi Pujol provoca consenso en Madrid: casi todo el mundo le tiene rabia. El desconcierto y la incomprensión con Cataluña y sus reivindicaciones tuvieron en él la primera representación, y esto aún se mantiene en el imaginario colectivo de la capital española. Quizás no tiene nada que ver –hay que dejar siempre espacio para la duda–, pero la citación que se ha hecho ahora del expresidente en la Audiencia Nacional de Madrid para el lunes parece que solo se entiende a partir de este sentimiento.

ya explicó en una entrevista a l'ARAya explicó en una entrevista a el ARA hace unos meses que Pujol no estaba "en condiciones de poderse defender ni de argumentar dialécticamente", aunque él mismo no era del todo consciente. Y su familia también ha advertido de la fragilidad de su estado de salud.

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Aun así, el juez de la Audiencia Nacional José Ricardo de Prada, un magistrado considerado del ala progresista, ha obviado estos informes y ni tan solo ha considerado pertinente enviar al forense a Barcelona o confiar en los forenses judiciales que hay en Cataluña para hacer esta revisión previa. Desde Junts y ERC han hablado de "ensañamiento" y "escarnio", y el mismo presidente de la Generalitat, Salvador Illa, ha pedido "cordura" a los tribunales. Por su parte, el ministro de Justicia, Félix Bolaños, también ha dicho que se podría haber comprobado el estado de salud del expresidente en Barcelona.

El tribunal, eso sí, decía en su providéncia que si estos días hubiera "cualquier modificación" en su salud, tomaría la decisión oportuna. Veremos qué acaba pasando y si se puede evitar este despropósito, pero ahora mismo es difícil no pensar que no se está tratando al expresidente como se trataría a cualquier otra persona mayor en sus circunstancias. En su caso parece que el tribunal no puede evitar las ganas de tener una foto y de hacerle pasar el trago, aunque al final acabe sin poder declarar o lo haga en unas condiciones penosas que muestren su debilidad. Sería una manera de publicitar un juicio que esta semana entra en un momento crucial porque comienzan las declaraciones de los principales encausados. Primero la del mismo expresidente, que ya se verá si se puede hacer. Y después la de su hijo mayor, Jordi Pujol Ferrusola, a quien la Fiscalía Anticorrupción le reclama 29 años por los delitos de asociación ilícita y blanqueo de capitales.