La entrada masiva de marroquíes por Ceuta, ¿por qué ahora?

Ha pasado una semana después de que Pedro Sánchez viajara a Argelia para intentar hacer las paces y restablecer unas relaciones políticas y económicas que le aseguren, sobre todo, las compras de gas. Las relaciones se habían roto después de que España aceptara el plan de Marruecos para el Sáhara que olvidaba la reivindicación de autodeterminación y se quedaba en una simple autonomía. Y esta claudicación española, imperdonable para los argelinos, vino un año después de que, en 2021, la acogida en España de Brahim Ghali, jefe del Frente Polisario, provocara una crisis con Marruecos que acabó con la entrada también ilegal de 8.000 marroquíes por la frontera de Ceuta. Son estos antecedentes los que hacen sospechar que detrás de lo que está pasando estos días en Ceuta hay algo más que la voluntad de unos jóvenes por forzar la entrada a Europa. A pesar de que resulta difícil de creer que esto pudiera pasar sin, al menos, la pasividad de la parte marroquí, oficialmente las relaciones entre España y Marruecos son ahora mismo buenas y la cooperación se mantiene.

Los hechos son que estos últimos días han ido entrando nadando cientos de personas desde Marruecos hacia España. Ayer, además, la situación ya se desbordó del todo, hasta el punto de que miles lo hicieron por la valla terrestre en lo que parecía una procesión de inmigrantes que la policía fronteriza española no pudo contener y que la marroquí no está claro que tuviera intención de hacerlo. A última hora de la tarde se movilizó el ejército y la UE ofreció toda la cooperación de Frontex. La situación, sin embargo, ahora mismo es caótica, y hay al menos siete muertos, por el momento. Hay miles de jóvenes, la inmensa mayoría entre 15 y 30 años, casi todos hombres y de origen marroquí, que están repartidos por la ciudad autónoma a la espera de poder pedir asilo o quedarse en España de manera ilegal. El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, del Partido Popular, ha pedido que el Estado tome el control porque, dice, la ciudad está desbordada.

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Es muy pronto para poder analizar fríamente la situación. Lo que está claro es que entran en juego muchos factores. Por una parte, una crisis interna en Marruecos con un excedente de juventud desencantada y sin trabajo que intenta irse como puede para buscarse el futuro en otro lugar, aunque saben que no serán muy bienvenidos. Por otra, el choque entre diferentes maneras de entender los controles migratorios. La UE, controlada por las fuerzas conservadoras y temerosa del avance de la extrema derecha xenófoba, acaba de endurecer sus fronteras y también su legislación para cerrar aún más la entrada de la inmigración. Mientras tanto, España está en pleno proceso de regularización –muy criticado, tanto por la derecha y ultraderecha nacional como por la europea e internacional– y se encuentra con una reciente sentencia en el Supremo que prohíbe la devolución en caliente si se ha entrado nadando. Los discursos xenófobos y antiinmigración crecen a cada imagen en la tele de las colas de jóvenes haciendo el signo de la victoria a la entrada de Ceuta, pero para combatirlos no se puede minimizar tampoco la gravedad de la situación que supone esta entrada masiva. Y, además, es difícil hacer nada sin la colaboración marroquí, que seguramente tendrá un coste que ahora mismo es difícil de valorar. La crisis, en todo caso, es histórica y tendrá una difícil resolución. Habrá que ver cómo evoluciona.