¿Quién puede frenar a Netanyahu?
El auténtico problema de lo que ha pasado en los últimos tiempos en el Próximo Oriente y Oriente Medio es el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y su permanente huida hacia adelante ultranacionalista y militarista para mantenerse en el poder y eludir así los casos judiciales que le acosan. Después del genocidio perpetrado en Gaza como respuesta al ataque terrorista de Hamás, Israel ha empujado a los Estados Unidos de Trump a entrar en guerra contra el Irán de los ayatolás y ha aprovechado la escalada bélica para ejecutar sin tapujos su afán expansivo en la región. El objetivo: ganar espacio de seguridad destruyendo a sus enemigos históricos.
Así, en paralelo al ataque a Teherán, Netanyahu ha dado alas a sus soldados en apoyo a los colonos judíos para ocupar nuevas tierras en Cisjordania. Y, al mismo tiempo, aprovechando que el foco mediático internacional se situaba en el choque Washington-Teherán, ha lanzado una durísima ofensiva en el Líbano contra Hezbolá, con cientos de víctimas civiles –1.888 muertos y más de 6.000 heridos desde el 2 de marzo– y con una población aterrorizada que ha tenido que huir masivamente hacia el norte del país. Hace tiempo que Netanyahu traspasa todas las líneas rojas del derecho internacional con acciones que la ONU ha considerado crímenes de guerra. Por eso, en sus viajes fuera de territorio israelí, solo ha pisado territorios amigos, como el Washington de Trump o el Budapest de Orbán. En otras latitudes se arriesga a ser detenido y juzgado.
Ahora mismo, en efecto, el mayor escollo al débil alto el fuego pactado por EE. UU. y el Irán es la guerra israelí en el Líbano, es decir, la agenda propia de un Netanyahu sobre el cual, en la práctica, Trump parece tener una influencia limitada. ¿Realmente está dispuesto el primer ministro israelí a parar la ofensiva sobre Beirut? ¿Es sincero Netanyahu cuando acepta iniciar conversaciones diplomáticas con el Líbano en Washington mientras su ministro de Defensa, Israel Katz, asegura que "la guerra no se detendrá"? No hay que olvidar, como se ha encargado de recordar el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, que este domingo se reanuda el juicio por corrupción contra Netanyahu y que un alto el fuego regional, incluyendo el Líbano, "aceleraría su encarcelamiento".
La presión internacional –Asia, Europa y las monarquías del Golfo– para desbloquear el estrecho de Ormuz, clave en el transporte mundial de petróleo y gas, ha resultado crucial para que los Estados Unidos aceptaran el alto el fuego y se sienten a negociar, a partir del sábado, con Irán. Una reculada difícil de disimular. Ahora habrá que ver si la presión de los Estados Unidos es lo bastante fuerte y efectiva para que Netanyahu cese en su ofensiva en el Líbano. De lo contrario, todo puede estallar de nuevo. Teherán difícilmente se sentará a la mesa para el diálogo de paz en Pakistán si el ejército israelí no detiene de verdad los ataques. Este viernes será, pues, una jornada clave para ver si Netanyahu se ve forzado a dar una oportunidad a la desescalada regional en Oriente Medio y, por tanto, para saber si la vía diplomática permite avanzar hacia un escenario de distensión global. De momento, hay pocos indicios para el optimismo.