Buenos datos de ocupación con nubes en el horizonte
BarcelonaEspaña y Cataluña continúan siendo excepciones europeas en cuanto a la marcha de la economía y la creación de empleo. Con los datos de marzo que ha presentado el ministerio de Trabajo, España alcanza por primera vez en la historia la marca de 22 millones de afiliados a la Seguridad Social, 3,4 millones más que en 2018, cuando Pedro Sánchez llegó a la Moncloa. En el caso de Cataluña, el récord se alcanzó el verano pasado, con 3,9 millones de afiliados, después cayó un poco y ahora se está a punto de recuperar (3,88 millones). El paro también se redujo en 23.000 personas en el Estado y en 3.777 en Cataluña. A finales de mes tendremos los datos de la encuesta de la EPA y, por lo tanto, una fotografía más precisa de la tasa de paro.
Sánchez, evidentemente, ha querido sacar pecho de estos datos y ha aparecido en un vídeo con la camiseta de la selección española. Del mismo modo, diferentes presidentes autonómicos populares, como el andaluz Juanma Moreno Bonilla o el valenciano Juanfran Pérez Llorca, también han hecho discursos triunfalistas sobre los resultados, lo que contrasta con el pesimismo y negativismo que impregna los mensajes de su líder, Alberto Núñez Feijóo.
Entre los economistas hay un fuerte debate sobre cómo se deben leer estas cifras. Desde los que denuncian que son producto de un modelo productivo intensivo en mano de obra barata, sobre todo centrado en el turismo, hasta los que defienden que España es hoy el principal factor de crecimiento europeo. Una parte importante de los nuevos contratos firmados en marzo, sin embargo, corresponden a la temporada de Semana Santa, que este año ha llegado pronto y con muy buen tiempo. De lo que tampoco hay duda es que el grueso de estos tres millones largos de nuevos afiliados son inmigrantes extranjeros. La llegada de este contingente de población joven y en edad de trabajar ha permitido sobrevivir a muchos sectores, básicamente el primario y la construcción, que ya le veían las orejas al lobo debido a la falta de relevo generacional.
Estos buenos datos, sin embargo, todavía no recogen el impacto que la guerra en Oriente Medio está provocando en la economía mundial y que son nubarrones negros en el horizonte. El cierre del estrecho de Ormuz, el arma de presión que está utilizando Irán contra los Estados Unidos, ha obstaculizado el flujo del 20% del crudo mundial y ya está provocando una crisis energética y una subida de precios que, a la larga, pueden derivar en estanflación, es decir, un período de inflación elevada y poco crecimiento. Este es el fantasma que ahora mismo recorre las cancillerías de todo el mundo y explica los múltiples movimientos diplomáticos que están en marcha para detener el conflicto.
Aún no queda claro cuál será el impacto de la crisis en Cataluña y España. La subida de precios parece inevitable, pero también es cierto que el sector turístico puede verse beneficiado por el hecho de que unos competidores directos en cuanto al turismo, como son los países del golfo Pérsico, están perdiendo atractivo cada día que pasa. En todo caso, las administraciones deben prepararse para el peor escenario y no dejarse deslumbrar por los buenos datos de ocupación.