Un paso relevante en el tratamiento del cáncer

Este año se ha celebrado el 25º aniversario del Proyecto Genoma Humano, el mapa del ADN humano que se consiguió desarrollar después de más de quince años de trabajos titánicos, que implicaron miles de científicos de seis países e inversiones millonarias. Es un mapa que hoy todavía se está completando, pero ha permitido conocer mejor el cuerpo humano y ha traído grandes avances en la medicina. De este mapa han surgido muchas de las terapias que ahora son habituales y salvan vidas. De hecho, la evolución de la genética y de la tecnología informática para leer inmensas cantidades de datos con una IA cada vez más potente ha permitido avances en medicina que parecían impensables. El último caso lo hemos sabido esta semana: dos farmacéuticas han anunciado que han llegado con resultados satisfactorios a la fase 3 deuna vacuna para combatir el melanoma, uno de los cánceres de piel más letales.

El anuncio de Moderna y Merck (MSD), que provocó una rápida subida en bolsa de las acciones de las dos empresas, no daba datos concretos –seguramente los presentarán en un congreso científico aún por determinar este otoño–, pero sí especificaba que en este ensayo de fase 3 –la previa a solicitar la autorización de comercialización– habían alcanzado un amplio porcentaje de supervivencia libre de recaída y de supervivencia libre de metástasis en otros órganos en pacientes que ya habían sido sometidos previamente a una extirpación completa del tumor. A pesar de esta indefinición, que hace que el optimismo de los expertos se matice a la espera de los resultados definitivos, el anuncio ha generado muchas expectativas, porque supone un adelantamiento tanto tecnológico como terapéutico en el abordaje de esta enfermedad que en el futuro podría aplicarse a otros tipos de casos.

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Esta vacuna, conocida como intismeran autogene, se diseña a partir del tumor individual de cada paciente y utiliza ARN mensajero –el mismo sistema de las famosas vacunas contra la covid– para estimular el sistema inmunitario. Además, se aplica combinada con un tratamiento de inmunoterapia. Estos tratamientos han sido la última gran revolución en la lucha contra los tumores, y también tienen un abordaje más personalizado de la enfermedad en cada paciente o tipo de cáncer. Según los resultados de las fases iniciales, la combinación mejora bastante, en algunos casos casi en un 60%, el peligro de recaída o muerte.

En los estudios hechos hasta ahora con el tratamiento experimental con un millar de pacientes –en los que han participado el Hospital Vall d'Hebron y el Hospital Clínic, entre otros centros del Estado–, los resultados parecen esperanzadores. Pero los expertos todavía son prudentes, porque no se sabe con seguridad la supervivencia global, y falta ver cuál será la evaluación final de las agencias reguladoras de los medicamentos. Sin embargo, aunque en los últimos tiempos los plazos se han acortado, hay que recordar que siempre pasa bastante tiempo entre que un estudio científico se acaba y se puede comercializar un fármaco, que en este caso los expertos ya avisan que no es apto para todos los casos y, además, se prevé que será caro. Sea como sea, es un avance a celebrar que, además, demuestra una vez más que la inversión en ciencia –también la básica, que, como la del genoma, requiere muchos esfuerzos colectivos– es necesaria y fundamental para el progreso humano.