El capitán de la selección francesa, Kylian Mbappé, y sus compañeros de equipo escuchan el himno nacional antes del partido contra Paraguay, celebrado en Filadelfia.
13/07/2026
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No, no es ningún tema menor. Todo un expresidente español como el señor Mariano Rajoy no puede soltar un comentario racista en toda regla y después esconder la cabeza bajo el ala: "Es un tema menor", se le ha escapado. De ninguna manera. Un comentario racista no es un asunto minimizable. El hecho mismo de intentar ignorarlo denota la falta de sensibilidad hacia el tema. En realidad, Rajoy ha dado salida –de manera consciente o inconsciente– a un racismo banal todavía hoy muy presente en la sociedad española. Solo hay que ir a los campos de fútbol para oír los insultos que reciben muchos jugadores.

Afirmar, como ha hecho el exlíder del PP, que el combinado de la selección de fútbol francesa es un conjunto de "mucho nivel" pero "sin franceses" es exactamente eso: racismo. De los veintiséis jugadores del equipo, veintitrés han nacido en Francia. Por supuesto, todos hablan perfectamente francés. Son ciudadanos de la República con todos los derechos y deberes. Ni su color de piel ni el origen de sus familias ni sus creencias religiosas deberían poner en duda su ciudadanía francesa. Solo alguien con un pensamiento etnicista, es decir, racista, puede cuestionarlo.

Esto es lo que exactamente, y lamentablemente, ha hecho Rajoy, al que se le debería preguntar, por ejemplo, si considera españoles a Lamine Yamal y Nico Williams, los dos delanteros de la selección española nacidos aquí, pero negros y hijos de familias inmigrantes de origen africano. ¿Los considera también poco españoles o españoles de segunda? Para ser español de verdad, según Rajoy, ¿hay que ser blanco y tener muchos apellidos castellanos? De esto se llama esencialismo supremacista.

¿Quizás Rajoy ve menos problema con las nacionalizaciones tardías de dos jugadores de origen francés, blancos, que compiten con España? Son los casos de Robin Le Normand, nacido en Bretaña y que obtuvo la nacionalidad española en 2013, y Aymeric Laporte, natural de Aquitania, que había representado a Francia en las categorías jóvenes (hasta la sub-21) y que llegó a ser convocado con la selección francesa absoluta, pero nunca debutó. Hasta que en 2021 obtuvo la nacionalidad española y, paradojas del destino, fue titular en la final de la Liga de las Naciones de la UEFA de aquel año que España perdió contra Francia por 1-2. ¿A ellos sí que los consideraría franceses si hubieran competido con la selección gala? ¿Son ahora españoles o tampoco son lo suficientemente puros para el expresidente, erigido en comentarista futbolero guardián de las esencias patrias?

El fútbol, como cualquier actividad deportiva, social y cultural, debería ser una herramienta de integración, no de exclusión y división. Rajoy, con su frivolidad nada graciosa, no hace sino dar alas a la xenofobia y el racismo. Es impropio de la responsabilidad de un expresidente. Lo que debería hacer es excusarse y rectificar. Por desgracia, más bien parece que buena parte del PP, bajo la presión de Vox, lo que pretende es reapropiarse de la españolidad más rancia y dura, con discursos desacomplejados contra la inmigración, si hay que traspasar la línea del racismo. Es realmente lamentable.

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