Las ratas nadadoras y la sobreactuación política

Parecía que habíamos olvidado la pandemia y que el trauma y las consecuencias de aquellos largos meses de encierro, aislamiento y dolor habían quedado atrás. Parece claro, sin embargo, que han quedado secuelas, muchas, y que una de las más evidentes es el miedo a repetir la experiencia. Solo a partir de esta angustia irracional se puede entender lo que ha escenificado estos últimos días en Canarias un sector de su población y, sobre todo, su principal representante político. Siendo generosos, se puede pensar que Fernando Clavijo, presidente canario por Coalición Canaria, considera que su población sigue aterrorizada por la experiencia de la covid y quiere evitar la posibilidad, ni que sea remota, de que el barco MV Hondius pueda ser el inicio de una nueva pandemia. Esto, y solo esto, explicaría humanamente su sobreactuación de estos días, en la que ha intentado de todas las maneras posibles que el barco no pudiera atracar o que ni siquiera, como ha pasado, pudiera fondear en el puerto por miedo a que unas potenciales ratas pudieran nadar hasta tierra e infectar a la población.

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Su insistencia en negar la asistencia humanitaria, amplificada por una descomunal cobertura mediática minuto a minuto en todos los medios, sin duda debió haber angustiado aún más a sus conciudadanos y ha provocado que las medidas de seguridad, que en estos casos siempre son extremas, hayan alcanzado niveles que algunos expertos consideraban incluso exagerados. Da miedo pensar lo que habría llegado a decir o a hacer si alguno de los pasajeros hubiera tenido síntomas y hubiera tenido que ser ingresado en un hospital de la isla para recibir tratamiento. La elección de Tenerife, como puerto de la Unión Europea más cercano al barco cuando se tomó conciencia de la gravedad del brote, tenía como objetivo, precisamente, que se dispusiera de un sistema sanitario robusto que pudiera responder de manera eficiente a una situación de emergencia como esta. El barco tiene bandera europea y era lógico que se buscara un puerto de la UE, que, además, era su destino final. El espectáculo de negar asistencia sanitaria habría sido vergonzoso, como lo está siendo que se discuta incluso que el barco pueda repostar combustible, o que se haya impedido que se pudiera desinfectar en este puerto y una parte de la tripulación tenga que alargar la agonía cinco días más.

Al final, sin embargo, el desembarco y la evacuación organizados por el gobierno español se han hecho de manera eficiente, en colaboración con todos los países implicados y en coordinación con las principales agencias sanitarias internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Centro Europeo de Prevención y Control de Enfermedades (ECDC). Desde todos estos ámbitos se han enviado mensajes para tranquilizar a la población y se está haciendo un control y un aislamiento de los afectados y también de los contactos. Aún faltan muchos días para que se pueda dar por cerrado este episodio, y no se descarta que aparezcan nuevos positivos de este brote. Es un virus conocido y ahora se han puesto todos los medios, aunque habrá que revisar si la comunicación y la actuación de los primeros momentos fueron las adecuadas por parte de la compañía. La experiencia debe servir, eso seguro, para reforzar los mecanismos, legales y operativos, para evitar que situaciones penosas como las que hemos visto estos días en Canarias se repitan.