San Jorge lo aguanta todo
San Jorge, la gran fiesta cívica y cultural de Cataluña, lo aguanta todo. Los excesos de azúcar literario y las boutades críticas o humorísticas. Por muy cursi que la hagamos, por mucho que algunos miren hacia otro lado, todos acabamos celebrando la diada. Es imbatible. ¿Quién renuncia a elegir un libro? ¿Quién no desea recibir o regalar una rosa? Cuesta tanto quedar al margen... Es una maravilla que de alguna manera funciona sola, por la fuerza de una adhesión popular que supera todas las fronteras mentales e ideológicas, que forma parte de aquello que llamamos identidad compartida. Porque la fórmula mágica no falla: libro y rosa. Tan sencillo y tan genial. Como se dice ahora en gastronomía, maridan bien: lectura y amor-naturaleza.
Si a esto añadimos la realidad de las calles y las plazas llenas, la combinación de una jornada laboral con aire festivo, el protagonismo muy compartido –grandes y pequeños, escritores y lectores–, las panaderías y pastelerías cuatribarradas, el asociacionismo haciéndose suya la jornada y, en conjunto, un buen rollo espontáneo incluso en los hogares, resulta complicado pensar una alternativa mejor.
Hay, además, un valor añadido, que resulta no menor en el momento sociolingüístico en que nos encontramos: es un día en que el catalán tiene una presencia mayor de la habitual, un día para reivindicar la lengua, cosa que sigue siendo del todo necesaria ante las evidencias de retroceso en el uso social. Sant Jordi también tiene el carácter de reivindicación alegre, positiva, desacomplejada y normalizada de la lengua propia e histórica del país. Por contraste, claro, uno piensa que bien estaría que en las librerías, en las conversaciones y en los medios de comunicación el catalán recibiera todo el año la misma atención y consideración.
Y ya puestos a pedir, que bien estaría, también, dejar de politizar la lengua con afán persecutorio, como otra vez vemos que pasa por ejemplo en la vecina Aragón, donde el nuevo pacto de gobierno alcanzado entre el PP y Vox establece "liberar Aragón de la imposición del catalán". ¿Realmente alguien piensa que en Aragón se está imponiendo el catalán? La distorsión de la realidad promovida por la ultraderecha puede llegar a coger dimensiones esperpénticas. En lugar de combatir un fantasma en la Franja, y de renunciar a un patrimonio lingüístico compartido, quizás sería más inteligente por parte de Aragón hacerse suya la festividad del libro y la rosa, y estrechar lazos culturales con Cataluña, enlazando con la memoria de la antigua Corona de Aragón. Ahora mismo, por desgracia, esto parece irrealizable.
A la fiesta de Sant Jordi, ahora y siempre, todo el mundo es bienvenido. Se pueden encontrar libros de todos los géneros y temáticas. Las listas de los más vendidos forman parte de la tradición, pero solo representan una pequeña parte de las ventas. Es una festividad de una fabulosa pluralidad y tolerancia. La realidad multilingüe de Cataluña está bien presente, con la discriminación positiva del catalán suficientemente asumida. Una discriminación –la normalización– que hay que seguir defendiendo en las escuelas, las cuales, por cierto, son también un pilar de la festividad del libro y la rosa. Así, pues, una vez más y por muchos años, feliz Sant Jordi a todos.