Se ha hablado de una nueva Edad Media. El poder político de los estados va de baja. Los grandes conglomerados de la nueva economía digital y financiera alargan cada vez más sus tentáculos y han empezado a penetrar en el terreno de la política. ¿Es Trump quien ha dado alas a los magnates tecnológicos en este segundo mandato como presidente de EEUU o son los tecnooligarcas los que le han colocado en el poder? ¿Quién puede pararles los pies? El nuevo marco ideológico mundial es democracia contra autoritarismo. Y la batalla se juega en buena parte en las redes sociales.
Desconcertada por los ataques y exigencias de Trump, la Unión Europea está cada vez más indignada y decidida a buscar un camino propio. Con poca capacidad para desmarcarse en lo militar o en la guerra comercial, Bruselas ha encontrado en la cuestión digital una línea roja donde hacerse fuerte. Por eso está presentando batalla a unas multinacionales tecnológicas que en pocos años han pasado de ser abanderadas de la libertad digital a convertirse en una amenaza para las democracias liberales.
El enfrentamiento con los magnates tecnológicos estadounidenses, con Elon Musk a la cabeza, se ha hecho evidente y notorio. Musk hizo campaña explícita y activa a favor de Trump, trabajó unos meses en la administración, dio apoyo electoral a la extrema derecha alemana y ha dado al algoritmo de X (el antiguo Twitter), carente de toda transparencia, un claro sesgo ultra. ¿Qué ha hecho Europa? Pues su respuesta ha sido inequívoca: investigación en WhatsApp y Google y multa a X del 5% de su facturación mundial (unos 120 millones de euros).
Junto a los colegas estadounidenses, el fundador de Telegram, el ruso Pavel Dúrov, no hizo corto en su última intervención: envió un inédito mensaje masivo a todos sus usuarios contra el presidente español, Pedro Sánchez, por lo que considera un supuesto ataque a la libertad de expresión. ¿Por qué? Por el anuncio de la Moncloa de que quiere prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años. Por el lado ruso existe, además, un considerable historial de propaganda prorrusa que el Kremlin hace tiempo que esparce por las redes sociales. Otra preocupación de Bruselas que forma parte de la pinza Trump-Putin, con el trasfondo dramático de la inacabable guerra de Ucrania.
Y por si aún quedaba ninguna duda en este choque de Europa con los tecnooligarcas, este viernes la UE también ha puesto a la china TikTok en la diana para no corregir su descarado diseño adictivo, tan abrumador sobre la población juvenil. Si no rectifica, TikTok se arriesga a una multa europea que podría ascender al 16% de su facturación mundial.
El enemigo, claro, no sólo es Sánchez, que quiere erigirse en un referente de los valores democráticos europeos, sino el conjunto comunitario. El objetivo de estos nuevos magnates es conseguir que la UE desregule al sector digital por no ver reducidos sus beneficios millonarios. La política de evitar oligopolios y de obligar a respetar los derechos digitales de los usuarios les molesta. Veremos cómo evoluciona este pulso crucial entre democracia y magnates tecnológicos.