Cuerpo y Mente

Cómo ayuda el yoga a los enfermos de cáncer

La metodología del yoga oncológico se ofrece en hospitales públicos como terapia complementaria por sus beneficios demostrados científicamente

02/02/2026

BarcelonaAdriana Jarrín sufrió un cáncer de ovario cuando tenía sólo 26 años. Por suerte, le detectaron a tiempo y el tratamiento de quimioterapia le salvó, pero tanto la sorpresa del diagnóstico como todo el proceso le generaron un gran "impacto emocional, aparte de un gran debilitamiento físico", relata. "Una prima mía me recomendó que empezara a hacer yoga y realmente fue un aliciente impresionante para mí y me ayudó muchísimo". "Sobre todo la sensación de estar haciendo algo por mí mismo me ayudó a transitar mejor por la enfermedad", explica. Aquello fue en el 2005, y hoy Jarrín dedica su vida a ayudar a otros pacientes de cáncer. No sólo ofrece yoga oncológico en varios hospitales, sino que también hace formaciones para profesores de este tipo de yoga en la Fundación Radika y ha escrito el libro Yoga en tiempos de cáncer (Plataforma Editorial).

Tras su propia enfermedad, Jarrín se formó como maestra de yoga y estudió a fondo toda la literatura científica que existía sobre el tema. Un estudio de 2014 de la American Cancer Society, por ejemplo, demostró que "la práctica regular de yoga no sólo contribuye a disminuir la fatiga, sino que también aumenta significativamente los niveles de vitalidad durante el tratamiento y el período posterior" al cáncer.

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"El yoga oncológico es una terapia complementaria a los tratamientos médicos, dentro del paraguas de la oncología integrativa y, de hecho, se ofrece hace más de 20 años en hospitales de referencia internacional, Estados Unidos, Inglaterra y Alemania", explica Jarrín. Sus beneficios son tanto físicos como emocionales. La metodología del yoga oncológico toma movimientos del hatha-yoga, que es la variante más clásica de esta disciplina, y las adapta a la situación de cada paciente. Por un lado, va dirigida a la rehabilitación física de las partes del cuerpo afectadas por alguna cirugía o tratamiento de cáncer, como el brazo en el caso de un cáncer de pecho.

Y por otro, "los estudios han demostrado que la práctica del yoga reduce notablemente la sensación de dolor, lo que reduce la administración de medicamentos, lo que en pacientes que están recibiendo tratamientos con un nivel de toxicidad tan alto es un beneficio significativo", relata Jarrín. Físicamente, el yoga oncológico también ayuda a "la reducción de la fatiga, la mejora de la calidad del sueño, la mejora en el rango de movilidad o la recuperación de tono muscular", explica.

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"Muchas clases de yoga son muy dirigidas con órdenes concretas, pero en el yoga oncológico siempre es «si te apetece», «si te sientes cómodo» o «cuando estés preparado» haz este movimiento», relata la profesora de yoga. Esta exploración del propio cuerpo ayuda en la rehabilitación y al mismo tiempo facilita la "reconexión con tu cuerpo", que es clave para la vertiente emocional.

El factor emocional y la respiración

El yoga oncológico, dice Jarrín, puede ayudar a "mejorar el estado de ánimo y la gestión de las emociones" que genera la enfermedad, desde rabia hasta miedo o tristeza, lo que ofrece "cierto empoderamiento frente a la enfermedad". "El cáncer puede provocar una sensación de que tu cuerpo te está traicionando", relata, y esta práctica de yoga "fomenta una reconexión amorosa con tu cuerpo, que se logra, por ejemplo, mediante el movimiento suave", sobre todo con el movimiento consciente. De hecho, Jarrín rechaza "la narrativa de guerra" con la que suele afrontarse la enfermedad. "Tienes que ser fuerte, luchar contra ella, ser valiente... Pero ser vulnerable es totalmente legítimo –dice–. Nosotros no hacemos terapia psicológica porque no tenemos formación para ello, pero una de nuestras técnicas es la escucha activa para dar al paciente un espacio donde compartir sus sentimientos con otros pacientes que están pasando por esos miedos a lo que nos expresamos como expresamos a la estabilidad", explica. Por eso se recomienda que los grupos de yoga oncológico sean pequeños, de seis a ocho pacientes cada sesión, porque es una terapia que debe adaptarse a las necesidades de cada uno.

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Un elemento que distingue al yoga de otras disciplinas gimnásticas o de movimiento es su conexión con la respiración, que es "fundamental porque crea el puente entre el movimiento y el sistema nervioso –explica la experta–. La única actividad de nuestro sistema parasimpático que esto tiene también la regulación para generar cambios en el sistema nervioso cardíaca", dice. Estudios recientes en pacientes de cáncer que practican yoga –como uno de 2018 publicado en Journal of Behavioral Medicine– han probado que reduce los niveles de citoquinas inflamatorias y, por tanto, facilita la respuesta inmunitaria. Asimismo, la guía editada en 2018 por la Sociedad de Oncología Integrativa (SIO), apoyada por la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO), subraya los beneficios del yoga oncológico en comparación con otras terapias integrativas durante y después de los tratamientos.

Por eso, cada vez más guías clínicas recomiendan el yoga oncológico. "Siempre hablamos en términos contributivos, no en términos curativos cuando es una terapia complementaria", dice Jarrín. De hecho, la Red Internacional de Yoga Oncológico, de la que forma parte Jarrín, trabaja ya en catorce hospitales públicos de todo el estado español, entre los que se encuentran centros como el Hospital Clínic, Vall d'Hebron y el Hospital de Mataró. No lo paga la sanidad pública, han buscado financiación para ello, pero "los resultados están siendo muy buenos", asegura. Empezaron en el 2023 en tres hospitales y la demanda ha ido creciendo a medida que se extiende también la oncología integrativa. "Estamos asistiendo a una transformación –dice Jarrín–, esa visión holística de los tratamientos está creciendo exponencialmente y eso es muy importante".