Forma y fondo

¿Quiénes eran los dos soviéticos que revolucionaron Manhattan en los años 50?

La doble página entendida como una unidad que
15/03/2026
2 min

BarcelonaEncendió el cigarrillo. El humo era suave y aromático. Tras estar rodeado de fotógrafos, estilistas y modelos, a Alexey Brodovitch le gustaba esa soledad al final del día. Tan sólo una luz iluminaba su mesa de dibujo. Sobre el mostrador, la primera doble página del reportaje principal: una chica esbozada abría un paraguas. Cogió las páginas y fue a la habitación de al lado, donde el suelo estaba forrado de hojas en un orden perfecto. Colocó a la chica del paraguas en el único agujero vacío. Muy serio, miró al conjunto. Se acercó a la ventana. Fuera estaba oscuro y nevaba de lo lindo. El filtro del cigarrillo le calentaba los dedos. Alexey Brodovitch sonrió. En 572 de Madison Avenue, en Midtown Manhattan, cientos de taxis amarillos se veían como hormiguitas desde la planta donde estaba la redacción de Harper's Bazaar.

Muy cerca, en el número 20 de Lexington Avenue, junto a la Grand Central, Alexander Liberman lideraba el departamento de arte de Vogue antes de convertirse en el director editorial de Condé Nast hasta 1994, año en el que pasó el relevo a Anna Wintour, "el diablo viste de Prada".

Brodovitch nació en Ogoltsovka, Rusia, en 1898, y Liberman en 1912 en Kiiv. Durante sus 15 años de competencia directa (1943-1958), transformaron Manhattan en el epicentro del diseño mundial. Brodovitch, formado en París haciendo escenografías para los ballets rusos, apostó por una estética surrealista y cinematográfica. Liberman, huido de la ocupación nazi, introdujo a Vogue una claridad casi arquitectónica, una estética museística que combinaba la alta costura con el arte contemporáneo. Ambos colaboraron con grandes fotógrafos como Cartier-Bresson, Richard Avedon, Irving Penn o Man Ray. Ambos hicieron de las tipografías Bodoni y, sobre todo, Didot, el símbolo de la elegancia. Esta apuesta ha influido hasta la fecha por su dibujo estilizado, que nos remite a las esbeltas modelos de las páginas interiores. Pero el legado más trascendental para todos los diseñadores, editores y directores de arte es que Brodovitch entendió que el ojo no ve dos páginas aisladas, sino una única superficie horizontal. Rompió la barrera del lomo para crear'spread o doble página. Así, una imagen podía cruzar de un lado para otro, como la chica del paraguas. Si en la izquierda había una modelo corriente, la derecha no era un vacío, sino el aire necesario para el movimiento. El texto no era ya información, sino una forma integrada en la imagen. Hasta ese momento, el diseño de una doble página se había entendido siempre como el de un libro: dos partes independientes. Un detalle nada menor.

Cuando Alexander Liberman entró en Grand Central Station ya era tarde. Fuera nevaba. Estaba satisfecho del próximo número de la revista; sería un magnífico especial de primavera. Delante suyo, un hombre alto y delgado, con gafas de pasta negra, dejaba a su paso un humo suave y aromático.

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