Cuerpo y mente

"Nuestro cuerpo es como la caja negra de un avión, lo registramos todo"

La investigadora en neurociencia Nazareth Castellanos y el psicólogo Mario Salvador reflexionan sobre memoria y trauma

Barcelona"La ciencia tiene muchas fortalezas, pero a veces tiene también la debilidad de no poder sacar los pies de la tierra, sobre todo cuando se trata de la psicología humana". Con estas palabras iniciaba el pasado miércoles una conversación la investigadora en neurociencia Nazareth Castellanos, junto al psicólogo Mario Salvador.

A su alrededor el legado de la Fundació Antoni Tàpies acogía al público, que asistía a este seminario organizado por la Fundació Rādika en el que se quería explorar la relación entre la memoria y el trauma emocional. Temática que, por su parte, conectaba muy bien con la nueva exposición de Chiharu Shiota, en la que la memoria, el trauma y la incertidumbre son las principales fuentes de inspiración.

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Arte y salud mental, pues, se fusionaban para comprender, algo mejor, la mente humana. Un misterio que Castellanos trataba de dar a entender explicando el funcionamiento del hipocampo, una estructura del cerebro con una gran densidad de neuronas conectadas entre ellas. “Cada record está asociado a un circuito, como un pequeño hilo, y muchos son circuitos temporales, de corto plazo. Pero, si nosotros recordamos una información una y otra vez, los hilos se van haciendo más y más fuertes, hasta que resulta casi imposible romperlos”, explicaba.

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¿Y qué ocurre cuando vivimos una situación difícil? Pues que nuestra amígdala se activa y el hipocampo, en vez de trabajar, se inhibe y no tiene todos los recursos necesarios para recordar lo que estamos viviendo. "Por eso en episodios traumáticos podemos sufrir amnesia y no recordar nada de lo ocurrido", matizaba Castellanos, que también explicó la relación entre la memoria y el sistema olfativo.

“Cada vez que inspiramos por la nariz, se activan unos receptores y el bulbo olfativo, que está conectado directamente con el hipocampo. Éste es el momento en que tenemos más capacidad de memoria, más que cuando estamos exhalando. Por eso respirar más lento mejora nuestra memoria”, aseguraba.

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Memorias pasadas

Otro tema candente de la charla fue lo que llaman “memorias transgeneracionales”: “No todas las memorias que tenemos son nuestras, heredamos memorias de hace cuatro o cinco generaciones”, decía Castellanos. Una afirmación que también compartía Mario Salvador, psicoterapeuta y autor de Las dos caras de Nina (Comanegra, 2024), en la que se cuenta la historia de una joven que vive atrapada en un trauma no resuelto de la infancia.

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“En nuestra cultura hemos puesto tanta importancia en la individualidad que nos hemos olvidado de que somos una continuación de la historia de nuestros linajes. Hay una prehistoria detrás de cada uno de nosotros”, decía Salvador. Un legado que, asegura, llevamos archivado dentro. “Nuestro cuerpo es como la caja negra de un avión, lo graba todo. Podemos desconectarnos de nuestro dolor, pero eso no quiere decir que no lo sentimos”, advierte.

Es un dolor que permanece dentro, encriptado en una región aislada y separada de nuestro cuerpo. Pero una energía que queda atrapada y, tarde o temprano, “lucha para salir a la luz con la esperanza de que alguien esté dispuesto a escucharla”, continúa.

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Es en este momento que se espera que estemos realmente capacitados para comprender al otro. “Solo funciona si te interesas realmente en la vivencia de la otra persona. Preguntas como «¿Qué pasó?», «¿Cómo lo viviste?», «¿Cómo te sentiste?» son básicas para entender lo que te quieren explicar –aconsejaba Salvador– Desgraciadamente, nuestro modo de vida actual se basa en la desconexión, empezando por uno mismo, muchas veces viviendo sin pensar si nuestra vida es la que realmente queremos o la que quieren los demás”, reflexionaba.

Ante nuestro malestar, el psicólogo animaba a buscar esa parte interna que se nos ha desconectado y mirarla en la cara. Se remitía así a una parte de su libro Las dos caras de Nina, en el que explica cómo, en un principio, nuestra inteligencia para sobrevivir consiste en escapar de lo que nos duele o nos duele.

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Pero, una vez superados los momentos más complicados, la inteligencia debe enfocarse en curar las heridas emocionales, lo que significa volver a acercarnos y mirar nuestro dolor, nuestra herida, con amabilidad y compasión, donante -nos tiempo para que pueda explicar lo que no pudo explicar cuando todo estaba oscuro. “Girando la mirada amable y compasiva hacia nuestro dolor nos reapropiamos de las partes de nosotros mismos que excluimos, nos habitamos y nos integramos para sentirnos completos y en paz con nosotros mismos”, escribe en el libro.

Para Salvador nuestro entorno actual es muy cambiante y el cuerpo necesita actualizarse constantemente para adaptarse. Las ideas sobre la vida con las que hemos crecido se desdibujan en cada momento y hacen que, si seguimos atrapados en los esquemas antiguos, nos alejamos de vivir lo que la vida nos presenta como nuevo en cada momento.