Eliminar 70 años en un día: el reto de vaciar el piso de un familiar difunto

Ordenar décadas de recuerdos es un desafío para la persona que se tiene que hacer cargo, hecho que ha impulsado la creación de empresas que se dedican a ello

5 min
Antonio Parra, que se dedica a vaciar pisos desde su empresa.
01/11/2026 - 08:01 h

La muerte tiene muchas contrapartidas, mayoritariamente en negativo, y más allá de los retos emocionales que deja, uno de sus retos es la gestión: los restos, la organización de una ceremonia y también qué haremos con todo aquello que ha quedado de la persona que nos ha dejado. Los hijos, o a menudo los hermanos, afrontan este tránsito con filosofías muy diferentes, ya que el duelo también es una respuesta personal, de manera que la gestión de las propiedades del difunto, desde su ropa hasta sus muebles, genera fricciones en la familia.

Gonzalo Amenedo, de la empresa El Arte de Vaciar, destaca que se dan muchos tipos de situaciones diferentes, y el hecho diferencial normalmente es si el piso es de propiedad o de alquiler. “En caso de ser de alquiler tienen una fecha límite para elegir, y dependiendo de la familia quizás no pueden pagar el alquiler mucho tiempo y tienen que vaciarlo rápidamente”, concreta. Si es de propiedad, pueden alargarse todo lo que necesiten para poder “quedarse más tranquilos” sabiendo que cada cosa va donde quieren. Amenedo explica que, por norma general, mucha gente “no sabe muy bien cómo funciona y necesitan a alguien que les solucione el problema”. Por su parte, Antonio Parra, que se dedica a vaciar pisos desde su empresa Encantes.com, explica que a veces “tiene que pasar tiempo para que la familia pueda entrar y remover lo que se quiere quedar”. “El triaje de las cosas sentimentales cuesta. A veces estamos vaciando el piso con los clientes y no quieren tirar nada”, explica Parra, que detalla que el servicio cuesta entre 500 y 1.000 euros.

Borrar toda una vida en 24 h

Según relata Parra, vacían pisos donde los padres han vivido 60, 70 años o toda la vida “y ver cómo en una mañana todo queda fuera, o en el punto limpio o roto, cuesta”. Ahora bien, su tarea, además de vaciar los pisos, consiste en hacerlo de una manera respetuosa. “Intentamos hacerlo de la mejor manera posible para que a la persona que está allí mirando le pueda cuadrar en la cabeza todo lo que vive en un día”, detalla. Sin embargo, los familiares le piden a menudo que si encuentran fotos en algún cajón que las guarde. En cambio, “la ropa siempre la quieren donar”, dice, mientras que objetos como los sofás y los electrodomésticos “acaban en el punto limpio”.

De esta selección también se salvan los recuerdos de viajes y cintas en VHS. En cuanto a la elección de objetos, Amenedo explica que no hay objetos concretos, sino que cada persona es diferente. “Hay gente que valora mucho objetos de cuando ellos eran pequeños, o el reloj que llevaba el padre en el día a día, o en algunos casos, cuadros que podía pintar como hobby el familiar”, ejemplifica. “Recientemente, he vaciado un piso en el que el heredero le tenía un gran afecto al piano, porque sabía que la persona que murió le tenía gran estima, y se gastó un buen dinero para pagar el transporte y asegurarse de que se lo quedara alguien que lo aprovecharía y lo cuidaría”, detalla.

Camión de El Arte de Vaciar, una empresa de vaciado de pisos en Barcelona.

Sea como sea, la psicóloga experta en duelo Cristina Berenguer, docente del Instituto IPIR, especializado en la formación de profesionales en acompañamiento y psicoterapia del duelo, explica que los objetos de recuerdo “son lo único que nos queda físicamente de la persona que hemos perdido”. “Desprenderse de ellos puede ser difícil porque les puede hacer sentir que se despiden, que dejan marchar a su persona querida”, detalla. En este terreno, es muy complejo decidir qué guardamos y qué conservamos: “Puede ser una decisión muy difícil, sobre todo cuando es una decisión que debe tomarse rápidamente”, subraya. Sin embargo, a veces, si la pérdida es reciente, “en los momentos más intensos de dolor, podemos pensar que, si no guardamos nada, eso nos ayudará a no estar tan tristes y a no echar tanto de menos a la persona querida”.

Su recomendación es que si tienes la posibilidad de guardar algunas cosas, lo hagas, “ya que quizás en un momento más avanzado puede ser importante tenerlas”. “Cuando el dolor no sea tan intenso, ya se podrá tomar una decisión sobre si quieres quedarte con algún objeto o no”, remarca.

Largos tiempos y desacuerdos familiares

Pero no todo va rápido, ya que la muerte también pide tiempo para aceptarla. “A veces, me llaman para pedir información para el vaciado y después de darles presupuesto pasan tres o cuatro años hasta que vaciamos el piso, que se ha quedado parado y con todos los trastos de la familia”, explica Parra.

Estos tiempos, además, pueden ser diferentes para cada miembro de la familia: “Algunos quieren pasar a buscar primero sus cosas de cuando eran pequeños; otros quieren pasar y no pasan porque no tienen ánimos”, explica. También existe el caso de algunos que no quieren continuar pagando la comunidad y los gastos del piso, o contrariamente, otros que continúan pagando el alquiler, a menudo de rentas antiguas, y “tardan años en vaciar el piso”. Las casuísticas son diversas con situaciones extremas de desacuerdo. “He visto peleas entre hermanos, incluso con agresiones”, explica Parra. “Es un poco lío que estemos en medio de las dos partes: entre el que tiene que pasar el duelo y el que no es materialista, no quiere los recuerdos y no quiere que se genere más gasto o que le ocupen el piso”, destaca.

Uno de los pisos que está vaciando Gonzalo Amenedo.
El mismo piso, vacío.

Para él, como esto no queda pactado ni firmado antes de la muerte, “sería mejor que esto se expresara antes de la muerte: si se quiere vender, alquilar o cuál ha de ser la gestión posterior”. Para Berenguer, las discrepancias entre hermanos tienen que ver con la manera de hacer frente a la pérdida que tiene cada uno: “No todo el mundo lo vive de la misma manera y, por lo tanto, las necesidades son diferentes en cada persona, aunque la persona que han perdido sea la misma”. Por eso, en este punto, “es importante la comunicación”, que puede resultar difícil cuando estamos pasando el duelo, “bien porque los ritmos de cada uno son diferentes, bien porque no nos atrevemos a hablar de ello y se instala el silencio, sea para proteger a los demás o para protegernos a nosotros mismos”. En cualquier caso, las prisas nos pueden llevar a tomar decisiones “precipitadas, rápidas, sin poderlas pensar, y de las cuales en un futuro nos podemos arrepentir”, avisa.

Cada cosa en su lugar

En cuanto a la gestión de las propiedades del difunto, todo tiene su lugar de destino. Los muebles, libros y vajillas y todo lo que se pueda reutilizar, se venden en tiendas de segunda mano. En el caso de Antonio Parra, tienen las tiendas propias, los Encants de Granollers y los Encants de Canovelles. En cambio, el resto de objetos, como los colchones, electrodomésticos, armarios, sillas y mayoritariamente el 80% de lo que sacan, va al punto limpio. Además, colaboran con entidades que les piden objetos, también para atrezo, para integrarse en decorados de películas, obras de teatro y decorados de series antiguas y spots publicitarios. En la empresa de Gonzalo Amenedo, en cambio, se intenta dar una segunda vida a los objetos, “y eso gusta”, dice.

Incorporar su legado a nuestra vida

Dentro de la oscuridad de la pérdida, sin embargo, hay un futuro más en calma. Para la psicóloga Cristina Berenguer, cuando integramos la pérdida de la persona querida en nuestra vida, esto no significa que no sintamos dolor, ni que no estemos tristes, ni que no la echemos de menos, sino que “la hemos incorporado a nuestra vida y que podemos seguir adelante, que nuestra vida continúa teniendo sentido, tenemos ilusión y ganas de vivir, recordándola y habiendo integrado todo aquello que nos ha dejado, lo que hemos aprendido de ella, su legado”. Para que esta integración se produzca “no es necesario tener objetos físicos, materiales”, detalla, sino que se trata de un proceso interno, intrapsíquico, personal y único, que nos puede llevar a la resiliencia o a la transformación.

stats