Cuerpo y Mente

"Si nunca hacemos nada diferente, nunca adquiriremos capacidades nuevas”

Hablamos con la psicoterapeuta Anabel Gonzalez sobre cómo tener recursos ante la incertidumbre y todo lo que no controlamos de la vida

BarcelonaLos psicólogos no paran de repetirlo: tener un poco de miedo es normal y necesario. Si no lo hubieran tenido nuestros antepasados, ya haría generaciones que no seríamos en este mundo. Algún león ya se nos habría zampado y no habríamos desarrollado numerosas técnicas de supervivencia. Pasa que, a pesar de que la sociedad ha avanzado mucho y la esperanza de vida es más alta que nunca, nuestro subconsciente continúa manteniéndonos siempre en alerta.

Y si no tenemos preocupaciones ni amenazas reales, nos las inventamos o las proyectamos. Es el miedo de la incertidumbre, del futuro que no sabremos cómo será. “Antes la gente se moría más joven y la muerte lo tenía que asumir. Ahora tenemos más garantías de sobrevivir más años y la muerte la llevamos mucho peor”, asegura Anabel Gonzalez, psicoterapeuta y autora de ¿Por dónde se sale?: Cómo deshacer el miedo, aliviar el malestar psicológico y adquirir un apego seguro (Planeta, 2023).

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No todas las personas tienen problemas para gestionar la incertidumbre. Según Gonzalez, las que tienen más dificultades son las que tienden a quererlo tener todo en orden y bajo control. “A las que preparan las cosas con mucha anticipación, todo les va bien mientras la vida no se pone original, pero cuando las cosas se ponen originales les coge del todo descolocados y les cuesta reconducir los problemas importantes”, asegura. Esta situación ya se vio durante la pandemia.

Cultivar seguridad

Entonces, ¿cuál es el principal antídoto contra la incertidumbre? La psicoterapeuta lo tiene claro: la seguridad. Asegura que es una habilidad que todos tenemos adentro y que, si la trabajamos, podremos afrontar con éxito todo lo que nos pase en la vida. “Si no nos sentimos con recursos para gestionar las cosas, tendremos más miedo de todo lo que nos pueda pasar”, matiza.

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Por lo tanto, velar para conseguir nuestros recursos, ser capaces de analizar las cosas, tomar decisiones y salir adelante, aunque vivamos adversidades, nos sacará un peso de encima. En esta ecuación también entran la familia o las amistades que sabes que no te fallarán, que supondrán un punto de apoyo cuando las cosas vayan mal. “Es saber que tienes personas con quienes puedes hablar, mantener otros puntos de vista u ofrecer ayuda cuando sea necesario”, continúa Gonzalez, que apunta que hay personas a las cuales les cuesta mucho mandar ayuda y dejarse ayudar.

Por lo tanto, hay que cultivar la seguridad. Pero, ¿cómo? “Se tiene que pensar cómo una planta, que vamos sembrando despacio y que va creciendo”, explica. Para empezar, hay que desarrollar la capacidad de reflexión y de ver la realidad tal como es. Parece una tarea sencilla, pero no lo es: “A muchas personas les cuesta porque no quieren aceptar lo que les está pasando. Se trata de ver y aceptar las cosas cómo son. Después ya se plantearán diferentes opciones ante aquello”, relata.

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Es decir, hay que tener los pies en el suelo, ser flexible y tener la capacidad de adaptarse, buscar soluciones y saber escuchar los otros de verdad. “Una persona que tiene la capacidad de analizar así la vida es como si fuera un GPS que está todo el rato actualizándose: si hay una carretera bloqueada, la aplicación me mostrará un camino alternativo. Esto da seguridad”, pone de ejemplo. También aporta seguridad confiar en los otros y tener vínculos con quienes sabes que será un apoyo.

Ser explorador

Atreverse a hacer cosas nuevas y a explorar más allá, también nos ayuda a ganar más seguridad. Gonzalez aconseja empezar por cosas fáciles y no muy diferentes de lo que estamos acostumbrados a hacer. Y, poco a poco, ir probando más cosas a medida que nos vamos sintiendo cómodas con los cambios. “Si nunca hacemos nada diferente, nunca adquiriremos capacidades nuevas ni lograremos objetivos nuevos”, asegura. Para explicarlo, lo compara con un videojuego: “En la vida vamos subiendo de nivel y cuando llegamos, hacemos cosas diferentes de lo que habíamos hecho en el nivel anterior, por lo tanto, adquirimos nuevas habilidades, hasta que volvemos a subir de nivel, que será más difícil, pero nosotros ya tendremos muchos más recursos para afrontarlo”. Se trata de vivir la vida cómo un aprendizaje constante, cómo una exploración que puede ser estimulante. Por supuesto que la exploración también puede salir mal. “Igual que pasa cuando ensayas con un nuevo instrumento, puede ser que al principio no tengas la destreza necesaria, pero igualmente estás aprendiendo”, matiza. Así pues, es cuestión de salir a jugar y saber que a veces se gana y a veces se pierde. Pero, en todo caso, es vivir la vida de la mejor manera que podamos y con la seguridad de poder gestionar todo lo que nos vaya pasando.