Familias

Una familia rompecabezas: a pesar de que era difícil, las piezas han encajado

Saben que es una familia diferente, pero no la querrían de ninguna otra manera

BadalonaNos encontramos en casa de Carme, en Badalona, en una tarde de mucho bochorno. Carme ha preparado un pica-pica de embutidos y quesos. Karina, que viene desde Castellterçol, ha traído unas galletas buenísimas. En el encuentro reina un ambiente de alegría, en gran parte centrado en Hug y Roger, los gemelos de ocho años. Les pregunto qué es lo que más les gusta de la abuela. “Que nos deja hacer muchas cosas y que nos deja elegir la comida [les gusta mucho el sushi]. Y que es muy divertida”.

Carme se casó muy jovencita y con veinte años ya tenía un hijo, Jordi, el padre de los gemelos. Cuando sus padres se separaron, él tenía seis años. Se acuerda de los dibujos animados que daban en la tele el día que se lo dijeron. “Recuerdo mucha tristeza. Mi madre se marchaba de casa. Después, me costó acostumbrarme a los cambios de casa. La suerte más grande que tengo es que ellos dos siempre tuvieron una relación muy buena. Iban a la par y nunca hablaban mal el uno del otro. Más adelante, cuando los dos rehicieron su vida, todo fue muy bien”.

Carme se casó por segunda vez y tuvo a Ferran. Él también recuerda cuando sus padres se separaron. Tenía quince años y tuvo una época muy rebelde. Los dos hermanos se llevaban trece años y convivieron poco tiempo. Aun así, tienen una buena relación fraternal.

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Mientras tanto, el primer marido de Carme se casó con una chica gallega veinticinco años más joven que él, Karina. “Mi padre se lo tomó mal, decía que me casaba con un hombre de su quinta, pero cuando nació Laia todo se arregló”, explica Karina. El día que nació Laia, en el hospital –recuerda Anna, la mujer de Jordi– las enfermeras le enseñaban a cambiar los pañales a Jordi, porque se pensaban que el padre era él. Ríen. “¡Es que solo se llevan dos años Karina y él!”

Pregunto a Jordi y a Laia –hermanos de padre– qué tipo de relación tienen, llevándose treinta y un años. “Jordi es un hermano especial: mis amigos flipan y me dicen que cómo puede ser que tenga un hermano tan mayor. ¡Solo tenía seis años cuando me hicieron tía!” “Cuando murió mi padre, me planteé si le tenía que hacer de padre a Laia, pero entendí que no. Soy su hermano. Pero procuro cuidarme”.

Una familia, dos matrimonios

La familia creada entorno a los dos matrimonios de Carme son una pandilla muy avenida, que aprovechan cualquier excusa para encontrarse y pasar un rato juntos. Es probable que Carme sea la que ha creado esta manera de hacer: con sus tres hermanos, se ven puntualmente para cenar una vez al trimestre (una vez en casa de cada uno). La “cena de hermanos” es la cita ineludible, que se añade a las muchas ocasiones que se ven de manera casual o con otras personas.

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El hijo pequeño de Carme, Ferran, y su pareja, Àlex, admiten que, como no tienen hijos y llevan una vida quizás más libre, a veces les cuesta adaptarse al ritmo de encuentros. “Mi madre siempre querría que me quedara más rato”, dice Ferran con una gran sonrisa lleno de comprensión. “Las madres siempre querrían algo más”, añade Àlex.

En general, en esta gran familia, que Karina define como un rompecabezas, siempre ha habido buen rollo y cordialidad. Nadie recuerda ningún gran conflicto. Todos coinciden en que la fórmula que aplican es el respeto y preservar los espacios de cada uno. El ejemplo más claro es que cuando nació Laia, sus padres, Lluís y Karina, coincidieron en elegir a Carme para que fuera la madrina de la niña. Cuando se lo dijeron, se echó a llorar y aceptó enseguida.

Cuando el encuentro está a punto de acabar, Carme todavía está a tiempo de explicar algo que no hace más que reafirmar este clima de buen entendimiento que ha reinado siempre en su familia. “Cuando Lluís y Karina se separaron, y yo también me había separado del padre de Ferran, Lluís y yo tuvimos ocasión de conectar todavía algo más. Nos vimos los dos solos y nos dijimos algunas cosas que, en treinta años, todavía no nos habíamos dicho. Hablamos de nuestra separación y lloramos los dos. Cuando él murió, pensé que estábamos en paz y que era muy bonito haber podido acabar así”.

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A lo largo de la reunión, todos los miembros de la familia han dicho que les gusta la familia que tienen, que nunca han pensado si habrían preferido tener una más convencional. Después de compartir un rato con ellos tengo que decir que no me extraña: son una pandilla que desprende alegría, bonhomía y amor. Convencional u original, la familia que se apoye en estos elementos será aquello que la familia tiene que ser, una red que nos ayude a transitar por la vida.

1.
Carme, 65 años

Es la madrina de la hija de su primer exmarido. 

Se casó muy jovencita con Lluís y con veinte años ya tenía un hijo, Jordi. Se divorciaron y Carme se casó por segunda vez y tuvo a Ferran.

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2.
Jordi, 45 años

Se lleva 13 años con su hermano y 31 con su hermana Laia

Cuando murió su padre, se planteó si le tenía que hacer de padre, pero entendió que él era el hermano.

3.
Anna, 46 años

Madre de gemelos y mujer de Jordi.

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4
Roger, 8 anys

Cree que su familia es chula

5.
Hug, 8 años

Cree que su familia es divertida

6.
Ferran, 32 años

Diu que su familia es original.

Nunca ha pensado si la habría preferido más convencional.

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7.
Àlex, 39 años

Pareja de Ferran

Dice que hablar en términos de familias convencionales o no es antiguo.

8.
Karina, 47 años

Vino de Galicia para casarse con Lluís, 25 años más mayor y exmarido de Carme.

Tuvo una hija, Laia, que ahora tiene 13 años. Karina y Lluís se acabaron separando.

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9.
Laia, 13 años

Hija de Karina y Lluís, que murió.

Se enfadaba mucho cuando los compañeros de escuela confundían a su padre con su abuelo.