La falta de referentes sexuales más allá de los 60
Más de la mitad de las personas de más de 65 años tienen una vida sexual activa, según la Encuesta Nacional de Salud Sexual de 2025. Aun así, nos cuesta imaginarles manteniendo relaciones sexuales.
Nos han hecho creer que con la menopausia y la disfunción eréctil se acaba el mundo. Como si el deseo tuviera fecha de caducidad. Pero la realidad es otra: el cuerpo cambia, y la sexualidad también, pero eso no quiere decir que desaparezca.
Y es que nos encanta hablar de envejecimiento activo hasta que la actividad es sexual. Que hagan senderismo, bailes de salón o clases de italiano nos parece fantástico. Que tengan citas, se masturben o tengan una vida sexual plena ya nos incomoda más. Aquí la pregunta que debemos hacernos es: ¿el problema es que hagan todo eso... o que nos obliguen a imaginarnos que nosotros también llegaremos ahí?
Quizás es porque casi nunca nos han enseñado a personas mayores viviendo su sexualidad con naturalidad. Como si llegar a una cierta edad obligara a convertirse en un ser sin sexualidad. Si nunca vemos a personas mayores viviendo su sexualidad con naturalidad, acabamos pensando que no es normal, y eso hace que muchas de estas personas vivan el deseo con culpa, vergüenza o en silencio. Nos cuesta mucho entender la idea de que somos seres sexuados desde que nacemos hasta que morimos. Parece que solo haya unos años en los que sea legítimo, el resto gobierna el silencio absoluto.
Quizás el problema no es que el sexo desaparezca con los años. Quizás lo que desaparece es nuestra capacidad de imaginarlo. Y eso sí que es una pérdida. No necesitamos que las personas mayores practiquen más sexo –que ya practican–; necesitamos dejar de comportarnos como si no practicaran.