Cuerpo y Mente

¿Los móviles están hackeando nuestro cerebro?

El neuropsicólogo clínico Aarón Fernández del Olmo analiza en un libro cómo los teléfonos inteligentes están alterando nuestro comportamiento

07/04/2026

BarcelonaCriaturas de tres años enchufadas a una pantalla de móvil para que se distraigan (y no molesten), niños de ocho años que ya llevan en el bolsillo un dispositivo inteligente al que dedican horas, adolescentes que han hecho del smartphone un apéndice más de su cuerpo, adultos abducidos por un scroll infinito mirando durante horas vídeos cortos que, por decirlo de manera elegante, ofrecen un contenido de una intelectualidad dudosa. La mayoría de nosotros podemos sentirnos identificados con alguno de estos perfiles, imágenes que han contribuido a demonizar los teléfonos inteligentes. Pero, ¿realmente son tan perjudiciales como dicen? ¿Son las pantallas o el contenido el problema? ¿Está preparado nuestro cerebro para responder a todos los estímulos que salen de la pantalla? Ha estudiado a fondo esta cuestión Aarón Fernández del Olmo, neuropsicólogo clínico, doctor en psicología y graduado en filosofía. En su libro El cerebro hackeado (Editorial Kailas) se propone romper algunos mitos sobre las consecuencias del uso de teléfonos inteligentes y ofrecer algunas herramientas para hacer un uso más saludable.

El primero que plantea es que la plasticidad del cerebro tiene límites, por lo que la inmediatez y los cambios rápidos que acompañan el uso de esta tecnología móvil es probable que no den tiempo al cerebro para adaptarse a ella. Recuerda que "el cerebro tiene un montón de rincones y puntos ocultos que lo hacen imperfecto, aunque es perfecto para el mundo natural en el que estamos y donde nos hemos construido. Ahora bien, el mundo artificial construido con móviles ya no es exactamente tan manejable. ¿Y qué pasa? Que llegan momentos en los que te encuentras que la sobreestimulación puede ser contraproducente". Pero también reconoce que todavía no podemos saber hasta qué punto son perjudiciales, porque aún no llevan suficiente tiempo entre nosotros y no hay suficiente perspectiva para analizarlo rigurosamente. Asegura que muchas de las afirmaciones que se hacen sobre el impacto del uso de los móviles en el cerebro no tienen una base científica. Quizás lo que hay, dice, como ya ha pasado con anteriores avances tecnológicos, es miedo a aquello que es nuevo. Según explica, "el objetivo del libro, precisamente, era analizar el fenómeno de las nuevas tecnologías, las pantallas, su impacto sobre el cerebro y centrar un poco el tiro sobre aquello que sabemos, que a veces es muy diferente de lo que tememos. A veces tenemos miedo de ciertas cosas que no están del todo demostradas, porque pueden ser lógicas, pueden parecer coherentes, pero hace falta investigación para demostrarlas".

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Aun así, reconoce que hay algunas señales de alerta y retos a tener presentes, empezando por el hecho de que el cerebro no funciona igual en los niños, los adolescentes, los adultos o las personas mayores. "Si queremos evaluar bien aquello que los móviles hacen con nuestros cerebros, hay que entender que nuestro cerebro no es el mismo a lo largo de toda nuestra vida", recuerda. En este sentido, el neuropsicólogo afirma que "es necesario que la ciencia vaya avanzando para certificar algunas cosas que pueden ser plausibles pero que no están demostradas del todo. Un ejemplo puede ser, de lo que ya sabemos, cómo pueden afectar al neurodesarrollo. En la etapa infantil, la exposición a móviles de una manera no controlada, no cooperativa con los padres, se sabe que afecta el desarrollo cognitivo. Por lo tanto, la pregunta que hay que demostrar es por qué. Si es porque la exposición a las pantallas es mala de por sí o si es porque estamos desplazando otras tareas que son necesarias para el adecuado neurodesarrollo. O si realmente hay algunos factores de vulnerabilidad que predispongan a determinadas criaturas". Y como nos preguntábamos al principio, ¿el problema son las pantallas o el contenido? "Justamente esta es una de las claves –dice–. Cuando se habla del estudio científico de las pantallas, se usan medidas muy gruesas, poco finas. Por ejemplo, el tiempo de uso. No tanto cómo se utiliza, con quién se utiliza, qué contenidos... Y esto lo que provoca es que se difuminen los resultados. ¿Por qué? Porque hay personas que pueden estar un tiempo largo en pantalla haciendo cosas que sean cognitivamente útiles, y estas personas no experimentarán ningún problema cognitivo ni de atención, ni tampoco en cuanto a la sociabilidad. Por eso es importante que nos planteemos medidas sobre cómo se usa, el tipo de uso, la cooperación con la familia... Muchos detalles que a veces se obvian en la investigación".

¿Demasiado rápido para nuestro cerebro?

También hay que tener presente que la digitalización es más rápida que nuestra capacidad de adaptación a los cambios, y que hay algunos aspectos vinculados al uso del móvil que pueden impactar en nuestros cerebros, como la sobreestimulación o los estímulos encadenados, simultáneos y alternativos. Una realidad que provoca una parálisis de la acción, de manera que o nos engancha rápido o desistimos. El ejemplo más claro, intentar elegir una película para ver en una plataforma digital. La oferta es tan grande, hay tantos estímulos, que después de media hora navegando por el menú acabamos desistiendo y nos quedamos sin ver ninguna película. Como apunta el Dr. Fernandez del Olmo, "los procesos de memoria necesitan tiempo. Si yo estoy bombardeado continuamente de estimulación no dejo margen al cerebro para organizar la información, para procesarla y para ser capaz de generar buenos recuerdos. Esto provoca la sensación de que nuestros recuerdos son superficiales, de que no se nos quedan las cosas como antes, de que estamos teniendo más dificultades para entender o para recordar".

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Aarón Fernández del Olmo alerta de otras cuestiones que nos han de hacer reflexionar, especialmente en un mundo donde domina la velocidad y la necesidad de no perderse nada, hecho que puede acabar generando adicción, odio a la lentitud y poca resistencia a las esperas. Y expone una reflexión: "Si la tecnología se convierte en un fin en ella misma para cada vez construir cosas más potentes, más rápidas, que nos permitan trabajar más, hacer más o estar más conectados, al final estamos yendo en contra de la naturaleza humana. En este caso, estamos hablando de una tecnología que no respeta nuestros tiempos, y estos implican tiempo para detenerse, reflexionar, procesar y descansar". En este sentido, alerta que la combinación de sobreestimulación y hipervelocidad acaba llevando a la superficialidad, con aquellos scrolls infinitos que decíamos, donde no acabamos de digerir los contenidos. También pone el foco en los peligros de la ultraconexión, que puede provocar alteraciones del sueño y afectar los procesos de memoria. ¿Y existe la adicción al móvil? Puede haber casos, claro, pero el neuropsicólogo apunta que hay que distinguir entre lo que sería un uso adictivo y una adicción. "Malauradamente, muchas veces lo que nos encontramos es –expone el neuropsicólogo– que este uso compulsivo del móvil es una compensación de otras carencias, a menudo afectivas, de relaciones, que no sólo tienen que ver con el uso del móvil, sino que tienen que ver también con el entorno en que nos movemos, de hiperproductividad, sobrecarga, falta de espacios de ocio... Situaciones que hacen que el móvil acabe siendo más una herramienta para compensar estas carencias que la causa".

Lo importante, concluye, es reducir el alarmismo pero tener presentes ciertos riesgos. Esto quiere decir adaptar la tecnología a nosotros –y no a la inversa–, hacer un uso consciente de los móviles y entender que el progreso tecnológico ha de tener un objetivo. Entiende, sin embargo, que los móviles son un reflejo de nuestra sociedad, la que mira de optimizar cada minuto y premia eso de convertir tiempo en resultados echando fuera lo que no es rentable. Por todo ello, concluye Aarón Fernández del Olmo, la solución no es tanto apagar pantallas como cambiar el modelo de productividad y velocidad. Lo importante es saber cómo queremos vivir y entender que "el problema ha sido que nos hemos encontrado en las manos unos dispositivos cargados de trampas que no han sido regulados y que venían sin manual de instrucciones. Y todos hemos caído en estas trampas. La clave es entender que una tecnología será buena o mala según lo que hagamos con ella".

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Decálogo I.N.T.E.G.R.A.D.O.R. para el uso del móvil

1. Informarse. Saber qué aplicaciones tienen instaladas, para qué sirven y cómo funcionan.2. Negociación. Apostar por decisiones de uso conjuntas y negociadas.3. Tutorizar. Hacer de guía durante el uso de determinadas aplicaciones.4. Explicar. Explicar las cosas que veréis juntos.5. Graduar. Fijar límites de tiempo y tipo de uso. Poner límites y normas claras.6. Razonar. El adolescente debe ser consciente del uso que hace del móvil.7. Advertir. Hay riesgos y es necesario que los conozcan.8. Directrices. Es necesario dar directrices en caso de situaciones problemáticas. El adolescente debe saber que puede recurrir al adulto si hay un incidente.