Por qué observar un cuadro puede hacerte sentir mejor
Hablamos con el periodista especializado en arte Pablo Ortiz de Zárate sobre cómo el arte tiene el poder de curarnos
Cuando Pablo se encontraba en el pozo de la depresión, cuando toda luz y perspectiva se había desvanecido, un día consiguió encontrar la salida a través de los cuadros. De repente, el arte, que tanto conocía como periodista especializado, le servía para salir de aquella oscuridad que le tenía atrapado. Observaba diferentes pinturas que le explicaban cosas, miraba a los ojos a personajes que le entendían, que quizás se habían sentido igual y que le decían que no se preocupara, que todo iría bien.
Sorprendido, se dio cuenta de que casi nunca se había hablado o hecho un estudio sobre el poder curativo que tenían los cuadros para las personas. Por eso, después de mucha investigación y autoexperimentación, Pablo Ortiz de Zárate decide publicar El artesano (Destino, 2026), una guía en la que explora cómo los cuadros pueden llegar a ser una herramienta muy poderosa a la hora de ayudarnos a atravesar momentos difíciles.
“Si se sabe cómo mirarlos, pueden ayudar a generar endorfinas, disminuir el cortisol y regular el ritmo cardíaco”, dice el experto, que asegura que los cuadros hablan de muchos temas emocionales que afectan a los humanos: desde el amor y la alegría, hasta la tristeza, la depresión, el desamor o la traición. Por eso, mientras que unos nos generan bienestar, otros nos cuestan más de mirar con atención, porque nos incomodan y nos hablan de cosas que no queremos ver o admitir.
Para él, sin embargo, observar estos cuadros más oscuros es necesario, porque sirven como terapia de choque. “Tarde o temprano tenemos que enfrentarnos a los problemas y a las cosas que no nos gustan. Son cuadros que nos ayudan a mirar adentro y a sacar todo aquello que tenemos dentro”, continúa.
Curiosamente, cuando Pablo se encontraba en plena depresión encontró un gran consuelo con las pinturas negras de Goya, las que hizo el pintor en su etapa más oscura, cuando se acercaba al final de la vida. “Me ayudaron a entender lo que me pasaba. Era como tener delante a un amigo que sabía cómo me sentía y con quien podía hablar y desahogarme”, confiesa Ortiz. Es así como descubre que, una vez identificas una emoción o un sentimiento y lo verbalizas, sale de ti, ya no te pertenece y lo puedes observar desde una cierta distancia. “Entonces deja de afectarte tanto, lo empiezas a entender y lo puedes empezar a gestionar”, apunta.
Aprender a observar
Todo esto, claro, es posible cuando sabes cómo observar una obra de arte. Por eso, el autor ofrece algunos consejos. Primero de todo, hay que observar los objetos, los detalles. “Es donde los artistas esconden mensajes y simbolismos. Esto nos enseña a escudriñar bien y a estar presentes”, comienza. Después hay que mirar bien a los personajes, si los hay, y fijarse sobre todo en las manos y los ojos. “Igual que en la vida real, cuando miras a alguien a los ojos puedes ver lo que tiene dentro”, asegura. Y en cuanto a las manos, también son otro elemento muy utilizado por los pintores a la hora de querer explicar cómo se siente un personaje. ¿Qué toca? ¿Cómo coloca las manos? ¿Qué forma y tamaño tienen?
La luz, el espacio, los colores y los trazos de la pintura también nos transmiten emociones. ¿Es un cuadro oscuro e introspectivo o con mucha luz y lleno de vitalidad? ¿Hay mucho espacio entre los elementos o está todo muy apretado? De hecho, asegura Ortiz, con el arte abstracto también se puede captar su mensaje emocional tan solo observando estos elementos.
Por otro lado, las pinturas de paisajes nos pueden ayudar mucho a sentirnos mejor. Si lo que queremos es relajarnos, Ortiz recomienda escoger un paisaje que nos guste y que nos sugiera paz. Normalmente, suelen ser entornos con mucha amplitud y con una luz más vital. “Hay que observarlo muy poco a poco, durante mínimo diez o veinte minutos, y dejarnos flotar por su espacio”, continúa.
Si preferimos bajar pulsaciones después de un día estresante, lo mejor es buscar un paisaje con una luz más tenue. El objetivo es sentirse resguardado. Y en ambos casos, el experto recomienda fijarse en las nubes. “La sensación de movimiento lento nos genera calma y nos ayuda a relajarnos”, apunta.
En su libro, Ortiz también receta cuadros según las diferentes necesidades emocionales. Si lo que queremos es practicar el “vivir el presente”, recomienda fijarse en bodegones. “Son objetos simples de la vida cotidiana que, a través de su observación, nos ayudan a estar presentes”, remarca. Uno de los bodegones más famosos es el de los girasoles de Van Gogh.
Si preferimos practicar la empatía, una buena opción serían los retratos como el del Caballero de la mano en el pecho, del Greco. “Cuando le miras a los ojos, te das cuenta de que es un hombre que está triste y melancólico –apunta–. Esto te ayuda después en la vida real a observar cosas en los demás que de otra manera quizás no te habrías fijado”.
Para la ansiedad, Ortiz no receta un paisaje relajante, como muchos podríamos pensar, sino un cuadro en el que pasen muchas cosas. Un ejemplo sería El jardín de las delicias, de El Bosco. “Una de las mejores maneras de luchar contra la ansiedad es entrenar la capacidad de atención en una única cosa y estar presente en cada detalle del cuadro”, explica. ¿Por qué este personaje hace esto? ¿Por qué ha puesto este pájaro aquí? Son preguntas que nos sacan de nuestro pensamiento y nos ayudan a estar presentes.
Según el autor del libro, diversos estudios afirman que las personas que van habitualmente a ver exposiciones de arte tienen menos dolor crónico y una mejor salud física. “Cuando vas a ver cuadros activas la mente, te distraes, generas dopamina, endorfinas y otras sustancias que activan el cuerpo y mejoran la salud mental”, asegura.
Y si no se tiene tiempo o la oportunidad de visitar exposiciones con frecuencia, Ortiz tiene una solución: rodearse de cuadros en el día a día. No hace falta comprar una reproducción y enmarcarla. Se pueden imprimir en buena resolución pinturas que te gusten o comprar las típicas postales de los museos. La cuestión es rodearse de arte y dejar que cada día te hable y te aconseje.