Adiós a Bob Mackie, el hombre que vistió a Marilyn Monroe el día que cantó para Kennedy
El diseñador, uno de los más célebres que han dado los Estados Unidos, deja atrás la autoría de algunos de los vestidos más icónicos de la historia y un cambio de paradigma en la indumentaria de las estrellas
BarcelonaAntes de él, las estrellas solo se vestían bien. Después de él, las estrellas se vestían como estrellas. Bob Mackie, fallecido esta semana a los 87 años por culpa de una neumonía, nos ha dejado un legado inmaterial: haber redefinido de facto cómo debe vestir una estrella del mundo del espectáculo. Con los diseños que empezó a crear desde muy joven hizo entender a toda la industria que la indumentaria de una estrella debe servir para ser icónica, luminosa y excepcional. Es decir, para ser diametralmente diferente del resto y no para ser la versión mejorada del resto. Visto cómo lo hizo, no podía haber ninguna mente mejor que la suya para dar forma y color a este concepto creativo. A las pruebas nos remitimos. A más de seis décadas de pruebas, para ser más exactos.
El joven Mackie, desgraciadamente poco conocido por tantos pseudoexpertos en moda que en realidad lo único que tienen es fijación por las marcas de lujo, apuntó maneras desde el principio. Con escasos veinte años, dibujó uno de los vestidos más icónicos de la historia: el que Marilyn se puso para cantarle sensualísimamente a John F. Kennedy el happybirthdaymrpresident. Lo firmó su jefe, el diseñador Jean Louis –modista de cabecera de Marlene Dietrich–, que le había contratado de becario. El primer dibujo, sin embargo, es de Mackie.
Precoz
Aquel diseño era absolutamente avanzado a su tiempo y encajaba perfectamente con la mujer que lo había de lucir y con el acto en el cual se había de lucir. Instintivamente, Mackie tenía claro qué debía hacer en casos así antes de que hubiera ningún tipo de precedente sobre estas cuestiones. Estamos hablando del año 1962, una época en la que ir vestida en gasa de seda de color carne –aka desnuda, especialmente si se visionaba a través de aquella televisión de baja definición...– marcando las formas del cuerpo y recubierta de cristales de estrás era una absoluta revolución. Mackie y su jefe hicieron un tándem que ha quedado para la historia.
Aquel éxito tan temprano no hizo que se durmiera en los laureles. Mackie, que también había trabajado para Edith Head –la diseñadora de vestuario más premiada de Hollywood y culpable de que muchas películas de Hitchcock sean tan glamurosas–, se dejó la piel a mediados de los años sesenta firmando los looks de todo el equipo de la cómica Carol Burnett en su seguidísimo The Carol Burnett Show durante 11 temporadas Un despliegue de capacidad de trabajo y de creatividad enormes. Burnett había quedado cautivada cuando vio en 1966 el cambio de imagen que le creó a la cantante Mitzi Gaynor, que había confiado en el diseñador para renovar su imagen antes de empezar una residencia en Las Vegas. Para Burnett, firmó cientos de diseños pero uno de los más icónicos y celebrados es el que parodiaba la imagen de Escarlata O'Hara, con una barra de cortina incorporada. El humor inherente del espacio televisivo de Burnett y el atrevimiento creativo de Mackie nos legaron un vestido que hoy en día está expuesto en el Smithsonian, en Washington.
Indisolubles
Pero la gran eclosión de Mackie llegó de la mano de Cher. Fue una conjunción astral juntar el cuerpo de ella con las creaciones de él. Eran la media naranja el uno del otro. Cuando ves lo que hicieron juntos, entiendes que el personaje de ella estaba huérfano antes de Mackie y que los vestidos de él también antes de Cher. La cantante era la figura adecuada para sus diseños atrevidos, era el personaje idóneo para su exageración creativa y su posición social era lo suficientemente importante para convertirlo todo en material para la historia del show-business.
El matrimonio profesional entre ambos artistas, además, llegó en un momento clave para Cher. La acompañó en su transición de mujer hippie de los años sesenta casada con Sonny Bono a mujer empoderada y divorciada de aquel aprovechado, consciente de su potencial en solitario y dispuesta a gritarlo al mundo. Ningún look mejor que un Mackie para empoderar a alguien. Fue con esta joint venture que el diseñador se convirtió popularmente en el sultán de las lentejuelas y en el gurú de la purpurina, sobrenombres que le acompañaron hasta el final. A diferencia de muchos otros creativos, que se tienen que adaptar mucho a las tendencias para ir sobreviviendo y muchas veces pierden la identidad, Mackie siempre fue muy identificable. A lo largo de las más de seis décadas que estuvo en activo, su firma era inequívoca. ¡Cuántos lo querrían!
Un largo idilio
Quizá Mackie fue el hombre con quien Cher tuvo su relación más larga. Aunque se conocieron cuando ella todavía hacía el show televisivo con Bono, aquello fue una anécdota comparado con todo lo que vendría. El estilo glamuroso y exuberante del creador, relleno de lentejuelas, pedrería, cristales y tejidos metalizados, conjuntado con escotes pronunciados, transparencias, aberturas y formas ajustadas, sellado con plumas, capas y grandes volúmenes, y dotado siempre de mucho movimiento acompañaron a Cher, incluso, a los Oscar en muchas ocasiones. De hecho, de Mackie es el vestido con el cual recogió el Oscar en 1988 por su papel en Hechizo de luna. De hecho, aquel es uno de los más recordados por las áreas que dejaba a la vista y por su imponente tocado de plumas negras.
La realidad es que el uno por el otro se daban cuerda. Tenían un efecto exponencial el uno sobre el otro. Ella explicó que siempre que iba al taller de él le acababa diciendo "soy tu puta Barbie" porque él la vestía como quería. Y él reconocía esta realidad siempre que le entrevistaban. "Cuando conocí a Cher, pensé que era la cosa más bonita del mundo, y después miré su figura y pensé que era como una modelo. [...] Los productores no sabían qué hacer con ella y yo dije: «¡Puede ser cualquier cosa!». Su cuerpo era perfecto y podía llevar lo que quisiera, así que empezamos a hacerle cosas locas", confirmó él, que incluso acabó vistiendo a las Barbies que hicieron de Cher.
Querido por la industria
Evidentemente, aquel escaparate fue un trampolín para el creador, que siguió fusionando técnicas de alta costura con su particular gusto exuberante sobre los cuerpos de las artistas más aclamadas de una generación. Diana Ross, Tina Turner, Liza Minnelli y Barbra Streisand confiaron en él. Inevitablemente, también Dolly Parton o Elton John, que evidentemente no podían quedarse con las ganas de vivir la full experience de Mackie. De hecho, con John también se dieron tanta cuerda que el cantante de Your song acabó interpretando esta y otras canciones con un traje inspirado en el pato Donald el año 1980 en un concierto benéfico en Central Park. Mientras la cantaba soltó algún "cuac-cuac".
El impacto del creador fue tan grande en la industria que cruzó décadas una tras otra hasta llegar a nuestros días. Britney Spears, Miley Cyrus y Sabrina Carpenter son algunas de las artistas más jóvenes que han elegido a Mackie. ¡Y él ha estado vivo para verlo! Todo un homenaje en vida para un hombre que caminó para que ellas puedan correr (sobre tacones y rebozadas de purpurina).