Cabaret Pop

Beatriz y Eugenia, las nuevas marginadas reales

Las dos princesas de York se han convertido en las dos tristes estampas con quienes nadie se quiere hacer la foto desde que han pasado de víctimas colaterales del caso Epstein a posibles cooperadoras

Beatriz y Eugenia de York haciendo una foto en las Naciones Unidas
28/03/2026
5 min

BarcelonaUna institución tan poco acostumbrada a los cambios y menos aún a los cambios rápidos como es la Casa Real británica ha comprendido por fin que no tiene más remedio que adaptarse a los nuevos ritmos a la hora de tomar decisiones si es que quiere sobrevivir. Lo demuestra la gestión de la carpeta Beatriz y Eugenia de York, que han pasado de ser tratadas como víctimas de la relación de sus padres con el pederasta Jeffrey Epstein a ser vistas como parte activa en la relación corrupta del magnate con sus progenitores. Es por este motivo que en los últimos tiempos, las princesas han desaparecido súbitamente de la agenda oficial de actos de la familia Windsor, que las ha dejado caer para salvarse antes de que fuera demasiado tarde.

Hasta hace muy poco, lo que se sabía de la relación de ellas con Epstein es que Sarah Ferguson las había llevado a la trágica mansín de Miami para conocerlo en persona. Un viaje transatlántico que había tenido lugar después de que el pederasta fuera condenado por intentar prostituir a una menor y por haber solicitado prostituir a una menor. El encuentro se producía, según los archivos del caso Epstein que Donald Trump ha publicado –ºpartcialmente!– este 2026, para celebrar la salida de Epstein de la prisión, donde había pasado 13 meses solo yendo a dormir después de haber llegado a un pacto con la fiscalía. Aquella visita había sido entendida como una especie de ofrenda al magnate, que tan generoso había sido con los padres de las dos princesas de York, con las cuales hacía suculentos negocios y tenebrosos favores.

Sarah Ferguson con sus dos hijas y las Spice Girls

De víctimas a coprotagonistas

Ahora, sin embargo, se ha sabido que después de aquel viaje –en el que ambas eran mayores de edad y que habían hecho en primera clase porque el vuelo corría a cargo de Epstein...– la relación de ellas con los amigos de sus padres siguió evolucionando a medida que iban haciéndose mayores. Diversos medios han señalado últimamente que, a lo largo de los años, las dos jóvenes habrían servido de salvoconducto para introducir en el palacio de Buckingham personas que iban a propuesta del depredador sexual, que exhibía su poder sobre los York como ejemplo de su fuerza e influencia global.

Los regalos que las jóvenes han recibido a lo largo de los años de parte de los amigos de su padre también se han hecho un hueco en la prensa últimamente. Por ejemplo, el collar de diamantes valorado en 20.000 euros que el contrabandista de armas libio Tarek Kaituni le habría regalado a Eugenia por su 21º aniversario. Quizás por este motivo la habría invitado a su boda con Jack Brooksbank en 2018. De hecho, aquella boda tiene varias manchas en el expediente, ya que también se ha publicado que la millonaria turca Nebahat Isbilen habría hecho un pago de 870.000 euros al príncipe Andrés en concepto de regalo de boda de su hija mayor. Ejemplos menos concretos pero igual de reveladores son las supuestas comisiones que Andrés habría solicitado a favor de sus hijas cuando era representante especial del Reino Unido para el comercio internacional, cargo que ocupó durante la primera década de los 2000. El Mail on Sunday publicó que por esta vía habría recibido aproximadamente 115.000 euros de un multimillonario al que estaba ayudando.

Sin espacio para vacilaciones

En este contexto, Buckingham solo tenía dos opciones con las princesas, que no son especialmente valoradas por la sociedad británica, ya que nunca han mostrado un perfil destacado en el terreno académico ni tampoco en el campo laboral. La primera opción era hacer ver que no estaba pasando nada hasta que las evidencias las devoraran y entonces echarlas. La segunda opción era echarlas directamente. Teniendo en cuenta que no pierden mucho, en palacio han llegado fácilmente a la conclusión de que el coste de mantenerlas dentro de la institución era más elevado que el coste de perderlas. Bien seguro deben pensar que es lo que hubieran tenido que hacer con su padre, Andrés, al que por desgracia –para ellos y para todos– tan suavemente han tratado a lo largo de todo este proceso.

La decisión ha sido expeditiva y, atemorizados por la posible salida a la luz de nuevos detalles sobre la presunta cooperación de Beatriz y Eugenia con los planes de sus padres, las princesas de York este año ya no han sido invitadas al Royal Ascott, uno de los eventos más importantes del calendario royal del Reino Unido. Ellas, que no tienen una agenda oficial ni cobran nada por ser familia del rey, sí que forman parte cada año de los eventos de índole familiar que cuentan con cobertura mediática. Por este motivo, con el paso de los meses se podrá ir observando cómo de marginadas han acabado. Seguramente la receta que han cocinado para ellas sea igual de contundente que la que Buckingham preparó a sus padres, que ya no fueron admitidos ni a la misa familiar de Navidad que celebran de toda la vida en el palacio de Sandringham. Habrá que ver si mantienen sus residencias reales, algo que su padre no ha conseguido. Por ahora, su tío Carlos III les ha perdonado esta cuestión, pero no resultaría extraño que si su caso fuera degenerando acabaran foragidas de las residencias que ocupan en los palacios de Kensington y de Saint James.

¿Un matrimonio sentenciado?

Mientras que en el caso de Eugenia se sabe que toda esta polémica la ha afectado en el terreno público porque ha tenido que dejar de ser patrona de la ONG contra el esclavismo a la que representaba desde hacía años, en el caso de Beatriz diversos medios han señalado que el escándalo Epstein la ha afectado matrimonialmente. La prensa inglesa habla de la distancia que se ha creado entre ella y Edoardo Mapelli Mozzi, el noble italiano instalado en Londres con quien se casó y con quien tiene dos criaturas. Las informaciones publicadas sobre su crisis matrimonial no esclarecen exactamente qué ha pasado y esto ha dado lugar a diversas interpretaciones.

Por un lado, hay quien opina que esta crisis después de seis años de matrimonio es fingida y que sólo tiene por objetivo intentar separar el apellido de él del de ella por el bien de sus negocios en el sector inmobiliario. Presuntamente, su familia le habría dicho que les estaba perjudicando la polémica de los York y que se separase. Como no lo ha hecho, Mapelli habría optado por escenificar una cierta distancia y habría procurado que trascendiera para mostrar tácitamente su condena a los hechos que ha protagonizado toda su familia política más directa. Por otro lado, hay quien se cree la información y opina que este solo es un primer paso antes del divorcio definitivo.

Esta segunda opción cuenta con ciertos detractores que opinan que la familia de Mapelli no puede deshacerse de este vínculo porque la red de contactos para hacer compras y ventas –así como reformas de grandes presupuestos– que han conseguido al unirse a la familia real británica es un activo que no pueden perder, ya que antes de la unión su origen era muy noble pero su cuenta corriente muy débil. Está claro, por tanto, que en esta distancia actual en este matrimonio hay muchos cálculos de los diversos implicados. Los cálculos de todo el entorno de las calculadoras princesas son los que marcan hoy en día su deriva. Aunque parece que todo avanza, todo está en stand-by. Las cuentas que lo desencadenarán todo serán las de Buckingham. Sin apoyo del rey, sus vidas se deshacen como un terrón de azúcar.

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