Editorial

¿Por qué son necesarias organizaciones como la OMS?

Un trabajador sanitario con mascarilla en el hospital general de Rwampara, en el este de la República Democrática del Congo, el 16 de mayo de 2026, una vez conocido el brote de ébola de la cepa Bundibugyo, para la cual actualmente no hay ninguna vacuna disponible
17/05/2026
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La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado la situación de emergencia internacional de salud pública por un brote de Ébola en el Congo que ya ha causado 88 muertes de un total de 336 casos probables. Este brote, pues, es mucho más grave que el de hantavirus que afectó a un crucero y que acaparó la atención de los medios durante días. Y lo es porque tiene un potencial pandémico muy superior, ya que las autoridades han detectado que la transmisión está siendo mucho más amplia de lo que en un principio se había detectado.

Este brote se ha descontrolado porque se ha producido en zonas del Congo con pocos recursos sanitarios y mucha movilidad de población, que acude allí para trabajar en las minas. Resulta difícil no pensar que cuando la administración de los Estados Unidos desmanteló su agencia de ayuda internacional, la USAID, los expertos ya alertaron de que una de las consecuencias podría ser esta, es decir, la multiplicación de brotes debido a la detección tardana en las zonas de origen.

Otra de las decisiones que tomó Donald Trump, la de abandonar la Organización Mundial de la Salud a principios de año, es especialmente grave en un contexto como el actual, en el que el cambio climático y el aumento de la movilidad de la población –ya sea por turismo, por catástrofes naturales, guerras o falta de perspectivas– son factores que auguran un crecimiento de las crisis sanitarias. Los virus no entienden de fronteras, y por eso es necesario contar con una infraestructura internacional que se dedique a hacer la vigilancia pertinente y dirija las situaciones de crisis. Y esta infraestructura actualmente se llama OMS.

El aislacionismo no puede ser nunca una respuesta al mundo de hoy. Estados Unidos quizás quieran blindar sus fronteras, pero al mismo tiempo pretenden que sus ciudadanos puedan viajar por todo el mundo sin problemas. Pues bien, esto, en un mundo tan interconectado como el actual, también es un factor de riesgo para los norteamericanos. En el caso de la crisis del hantavirus, Estados Unidos se han beneficiado de la gestión que ha hecho la OMS sin formar parte de ella. Y todavía no hemos oído ningún agradecimiento.

La OMS parte de un principio que es básico: hoy en día la sanidad es un asunto global, de la misma manera que también lo es el comercio, por ejemplo. Los movimientos de extrema derecha ya hace tiempo que alimentan teorías conspirativas de todo tipo contra la OMS y contra las vacunas, pero al mismo tiempo nadie quiere renunciar a los avances médicos cuando está enfermo. Y parece mentira que después de lo que supuso la covid todavía haya quien cuestione estas instituciones.

El mundo necesita en general más cooperación y más ciencia. También tomar conciencia de que un brote en el Congo puede ser el inicio de algo peor si no se toman las medidas pertinentes. Y que la ayuda a estos países no es solo un acto de solidaridad, sino sobre todo un acto de responsabilidad con la salud de todo el planeta.

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