Alimentación

Llenar la nevera supone más esfuerzo económico que pagar la vivienda

La alimentación es la partida que gana más peso en el presupuesto de necesidades básicas, según un estudio de la AMB

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BarcelonaLa vivienda y la inflación son las dos principales preocupaciones de la ciudadanía catalana y española. Así lo confirma el último Eurobarómetro del Parlamento Europeo, donde al menos uno de cada tres encuestados en el Estado identifica el acceso a un hogar y el aumento del coste de vida como los mayores quebraderos de cabeza que debe afrontar en su día a día. El encarecimiento de los alquileres y de los alimentos cambian los hábitos de consumo y suponen grandes esfuerzos para las familias –sobre todo las más vulnerables– para adaptarse a la nueva realidad. Una realidad que resta tiempo al ocio y donde cualquier imprevisto puede desajustar un presupuesto con cada vez menos margen de maniobra. Y entre los malabares de algunas familias para cuadrar cuentas, aparece el siguiente diagnóstico: llenar la nevera supone un mayor esfuerzo económico que pagar la vivienda.

Es una de las conclusiones que se pueden extraer del Observatorio del Sistema Alimentario Metropolitano, elaborado por la administración pública del Área Metropolitana de Barcelona (AMB) y presentado este mes de junio. Según el estudio, la alimentación es la partida que ha ganado más peso dentro del presupuesto destinado a cubrir las necesidades básicas de las familias del AMB durante los últimos años. En 2016, llenar la despensa representaba un 17,7% de los gastos básicos de cada vivienda, mientras que en 2024 –último año con datos disponibles– el porcentaje se elevó hasta el 22,6% (ver gráfico). Este incremento de casi cinco puntos es superior a la cuota que ha ganado la vivienda: si bien los gastos también han aumentado, el peso de la vivienda dentro del presupuesto para cubrir necesidades básicas se ha elevado poco más de dos puntos, del 33,1% al 35,5%.

El resto de partidas se mantienen más o menos estables, con la excepción del transporte y el ocio. La inflación ha provocado que las familias gasten cada vez menos en entretenimiento –el gasto ha pasado de representar el 8,1% al 6,9%– y en desplazamientos, ya sea en vehículo propio o transporte público. En este último caso, el presupuesto ha pasado del 7,7% sobre el total al 1,9%.

El diagnóstico desde el AMB es claro, y tiene que ver con el encarecimiento generalizado de los alimentos. "El sistema agroalimentario globalizado está en un momento de presión", señala el director de Servicios de Análisis de Políticas Metropolitanas del AMB, José Luis Haro, que apunta a diversos factores para explicar la evolución de las cifras. El crecimiento de la población mundial y su urbanización, los efectos del cambio climático y las dificultades crecientes para disponer de agua y tierras para cultivar son algunos, agravados los últimos años por conflictos internacionales. La llamada Primavera Árabe del año 2010 lanzó un primer aviso con un incremento del precio de los cereales, y ahora la invasión rusa de Ucrania y el conflicto en el estrecho de Ormuz están agravando la situación.

Haro también añade otro motivo, vinculado a la complejidad de las cadenas alimentarias. En un sistema con más intermediarios y más actividad en el sector de la distribución, los productos son más sensibles al alza de los precios de los combustibles, que acaban repercutiendo en el importe final del consumidor.

Cambio de hábitos

La adaptación de las familias a las nuevas realidades también se ha traducido en un cambio de hábitos alimentarios que se indican en el observatorio. En situaciones marcadas por un fuerte aumento de precios, los hogares con menos recursos tienden a cubrir sus demandas nutricionales con productos alternativos más baratos o bien, directamente, modifican su dieta. Sobre este punto, el informe revela algunos datos relevantes. Por una parte, crece el porcentaje de personas dentro del área metropolitana que no pueden permitirse comer proteína al menos cada dos días, pasando del 1,8% en 2017 al 6,1% en 2026.

En paralelo, disminuye el número de habitantes que se sienten adheridos a una dieta mediterránea. Si en 2016 casi tres de cada cuatro ciudadanos respondían de forma afirmativa a esta pregunta, en 2022 la cifra había bajado hasta el 56%. Si bien desde el AMB consideran que de aquí no se puede inferir que la población de Barcelona y alrededores coma de manera menos saludable, la administración pública prefiere estar a la expectativa.

"Si el incremento de los precios de la alimentación se continúa prolongando y no hay ayudas alimentarias [...] habrá colectivos de la población que tendrán más dificultades para acceder a ciertos productos", avisa Haro. En este sentido, el director de Servicios de Análisis de Políticas Metropolitanas reivindica la importancia de inculcar hábitos alimentarios adecuados para evitar males mayores, tanto para garantizar unas cantidades de ingesta básicas y de calidad como para evitar problemas de salud. A modo de ejemplo, la obesidad infantil en el AMB se ha reducido en los últimos ocho años –del 13,5% al 9,8%–, pero la obesidad adulta se mantiene estable en el 15%.

Es por ello que la administración intenta incorporar nuevas líneas de formación en las escuelas, donde se explica el impacto socioeconómico de las decisiones que toma cada uno a la hora de elegir cómo se alimenta. "Cuando hablamos de educación ambiental también debemos incorporar la alimentación", sostiene Haro. En la misma línea, desde el AMB reivindican la necesidad de proteger el pequeño comercio de barrio, no solo para mantener el tejido comercial en los pueblos y ciudades, sino también para fomentar opciones alimentarias más saludables. Al fin y al cabo, "la alimentación es un elemento estructural de una sociedad y de una sociedad que funciona correctamente", resume el responsable de la administración.

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