El encarecimiento de los fertilizantes amenaza el coste de los alimentos

Bruselas rechaza inicialmente la suspensión de las tasas de emisiones a la importación de abonos

Una patrullera de la Guardia Costera de la Policía Real de Omán inspecciona la zona mientras el tráfico se reduce en el estrecho de Ormuz.
13/04/2026
3 min

BarcelonaEl coste de producir alimentos crecerá previsiblemente en los próximos meses a raíz de la guerra en Oriente Medio. La razón es la dependencia de la agricultura mundial de los fertilizantes, de los cuales algunos de los principales productores son los países del golfo Pérsico. La exportación de estos productos químicos se ha visto tan afectada como el petróleo por culpa del conflicto, lo que ha provocado incrementos de precios que probablemente se acabarán trasladando al precio final de la comida.

La mayoría de los fertilizantes se elaboran a partir de hidrocarburos. Al igual que con el petróleo y el gas, el problema para el sector de los fertilizantes es doble. Por un lado, la escalada bélica ha destruido instalaciones de extracción, tratamiento, almacenamiento y refinamiento de hidrocarburos, lo que también tiene un impacto sobre la producción de fertilizantes. Y por otro lado, el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán impide el tránsito de barcos desde los países productores, como Arabia Saudí o Catar, hacia el resto del mundo.

La preocupación en el sector es elevada, no solo entre los productores europeos, sino también entre los agricultores, que son los principales usuarios de estas sustancias. El temor es que se repita el encarecimiento de los abonos agrarios que ya se produjo cuando Rusia invadió Ucrania –dos países productores– en febrero de 2022, que causó que hubiera un aumento del precio de los alimentos y del coste de la vida para las familias.

Hay que tener presente, sin embargo, que a pesar de que es una región productora importante, Oriente Medio no es donde más fertilizantes se fabrican. El mercado lo lidera Asia oriental, con países como Indonesia y China. Otros estados, como Rusia, Canadá o Estados Unidos también son productores. La diferencia es que, en Oriente Medio, la mayor parte de la producción se vende al extranjero. En los otros casos, en cambio, una parte destacable –si no toda– no sale de los mercados internos, y la Unión Europea depende especialmente del mercado exterior.

Así pues, Ormuz es "uno de los puntos estratégicos marítimos más importantes para el comercio mundial de fertilizantes", aseguró el pasado lunes en un comunicado la Asociación Nacional de Fabricantes de Fertilizantes (Anffe), la patronal española del sector. El estrecho es, además, "un pilar" para el transporte de productos necesarios "para la agricultura", añadió la organización. Concretamente, sale cada año algo más de un tercio de la urea –uno de los abonos más utilizados en el planeta– que se comercializa en el mundo, mientras también pasa casi una cuarta parte del amoniaco y un 18% de los fosfatos amónicos, dos componentes también esenciales. En el caso de España, la mayoría de urea que se consume proviene de otras partes del mundo, pero si una parte de la producción mundial está bloqueada por la guerra en Irán, el precio subirá a escala mundial, lo que afectará a todos los fabricantes de fertilizantes independientemente de dónde tengan los proveedores.

Según la Anffe, los mismos productores del Estado están preocupados por la situación en el estrecho, que se mantiene casi cerrado a pesar de los intentos de alto el fuego de la administración norteamericana que permitan reabrirlo, aunque sea parcialmente. "El impacto [del cierre de Ormuz] puede aumentar y afectar la actividad de las empresas", alertó la patronal, que auguró "el cierre de alguna planta productiva" si se prolongara durante mucho tiempo.

Petición a Bruselas

Ante la posibilidad del encarecimiento de los fertilizantes, Francia e Italia han liderado una petición a la Comisión Europea para que suspenda el mecanismo de ajuste en frontera por carbono (CBAM, por sus siglas en inglés), una demanda a la que se ha añadido el gobierno español. El CBAM es la regulación comunitaria que obliga a los importadores europeos de productos extranjeros a pagar una tasa por las emisiones de dióxido de carbono, fruto de la fabricación del producto. La norma busca reducir el impacto ambiental del comercio europeo y pone en pie de igualdad a los exportadores extranjeros con los productores europeos que operan dentro del mercado común, ya que estos últimos también pagan un impuesto por las emisiones de gases de efecto invernadero.

La demanda franco-italiana, sin embargo, no ha sido bien recibida por Bruselas. El comisario de Agricultura y Alimentación, Christophe Hansen, opinó que una suspensión, aunque fuera temporal, del CBAM sobre los fertilizantes podría "empeorar" la dependencia europea de las importaciones de terceros países, si bien anunció que la Comisión elaborará un plan con medidas "a corto plazo” y “estructurales” para garantizar que los agricultores y productores europeos tengan acceso a los abonos y a las materias primas que necesitan.

Además, el comisario apostó por "reforzar la producción" dentro de la UE e impulsar el uso de "fertilizantes de origen biológico y bajos en carbono".

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