Un bloque de pisos de la zona de Chamberí en el paseo del General Martínez Campos de Madrid
30/07/2026 - 21:44 h.
Periodista y crítica de televisión
3 min

Es fascinante la manera como las televisiones privadas intentaban disimular el escándalo del ático de lujo que ha comprado la Comunidad de Madrid para utilizarlo como supuestas oficinas temporales para la presidenta Ayuso. En Telecinco, en el magazín Vamos a ver, hicieron un planteamiento rocambolesco con la voluntad de presentarlo como una inversión interesante. Enviaron una reportera a un piso en venta del barrio de Chamberí. Informaban que era el piso vecino del de la polémica, como si fuera la puerta de al lado, y después supimos que era en otra calle. Aseguraban que aquel piso era, si no exacto, prácticamente igual al que había comprado el ente público. Entraron en aquel piso con el consultor inmobiliario que lo tenía a la venta y le pidieron que pasara la visita delante de las cámaras. El hombre enseñó el salón, la cocina y las habitaciones cantando todas sus virtudes. Habló sobre las excelencias del vecindario y la magnífica inversión que suponía. También nos enseñaron la pequeña terraza presumiendo de unas vistas que eran más bien mediocres. Aquel planteamiento podía confundir fácilmente a la audiencia haciendo creer que era el piso de la Comunidad de Madrid y no un sucedáneo para cubrir el expediente en televisión. Pero cuando preguntaron por el precio resultó que costaba la mitad de lo que se habrían gastado por las presuntas oficinas temporales. Valía tres millones y medio y no seis. En la edición de verano de Espejo público en ningún momento enseñaron imágenes del piso o de la finca en el poco tiempo que dedicaron a debatir aquella compra institucional. Entre los argumentos de los tertulianos se hizo fuerte la consideración de que un piso como aquel era un “elemento de representatividad” para justificar el lujo.En Antena 3 Noticias, la siempre expresiva Sandra Golpe ni siquiera quiso hacerse cargo de aquella información. Dio paso a un redactor para que ofreciera “otras noticias”, relegándola a una categoría de menor importancia. El presentador primero informó que Begoña Gómez, la esposa de Pedro Sánchez, había recuperado su pasaporte y, acto seguido, añadió una cola breve: “Y finalmente, después de la polémica, la Comunidad de Madrid ha decidido poner a la venta el ático de Ayuso que iba a utilizar ella como oficina mientras durasen las obras de la sede del gobierno autonómico. Se va a vender con otros cuatro inmuebles. El dinero se va a donar a los afectados por los incendios y a la reconstrucción de las zonas arrasadas por el fuego”. Apenas quince segundos de noticia que convertían la ganga de seis millones en Chamberí en una obra de caridad para ayudar a las víctimas de los fuegos. El escándalo quedaba cerrado en pocas horas, sin cuestionar los detalles que se esconden detrás de la compra sospechosa de un ático con doscientos metros de terraza. El nivel de indagación y minuciosidad que se aplica a los casos del PSOE contrastaba con la información superficial sobre este caso de Isabel Díaz Ayuso. Pero lo que llamaba más la atención era el temor evidente de los tertulianos a analizar los hechos, con largos preliminares y muchas precauciones previas antes de manifestar su opinión. Parecía que les preocupaba más mantener la silla de tertulianos que el sentido común y la gestión del dinero público.

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