"Ahora tenemos oficinas separadas para hombres y mujeres": los países occidentales claudican ante los talibanes
Ceden a las condiciones de los radicales, como la separación de sexos y las restricciones a las mujeres
Enviada especial a Kabul¿Cómo se llama tu hermano?”, pregunta el vigilante que hace guardia a la entrada del hotel Khyber, en Kabul, a una joven afgana que viste de manera rigurosamente islámica y dice que es hermana de uno de la treintena de afganos deportados desde Alemania el pasado 28 de julio. En teoría, todos los deportados habían cometido un delito grave, según informó inicialmente el gobierno alemán. Pero después, el mismo ministro del Interior germánico, Alexander Dobrindt, admitió que uno de ellos nunca había sido procesado. Su única falta era no tener los papeles en regla.
Según algunos medios de comunicación afganos, los deportados fueron a parar al hotel Khyber, situado en una de las principales calles del barrio de Kabul de Shahr-e-Naw. Pero el recepcionista del hotel lo niega: “Aquí no hay ningún deportado”, replica a la chica que busca al hermano, después de que el vigilante la haya dejado entrar en el vestíbulo. “Aquí no hay nadie, busca en otro sitio”, insiste el recepcionista, mientras el vigilante conduce entonces a la joven fuera del hotel y le recomienda: “Ve con tu padre o con otro de tus hermanos a la comisaría, y pregunta allí”. “No tengo padre, ni más hermanos”, contesta la chica. “Pues con un tío o un primo”, propone entonces él. “Tampoco tengo”, afirma ella. “Pues ¿qué clase de familia sois, que no hay ningún hombre?”, concluye el vigilante con desprecio, que hace que la chica, desesperada, no pueda evitar echarse a llorar de impotencia. En el Afganistán de los talibanes, las mujeres deben ir acompañadas de un mahram, un hombre de la familia, para hacer cualquier gestión o ir a lugares oficiales.
Sin noticia de los deportados
La Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA) tampoco sabe dónde están los deportados, ni en qué condiciones se encuentran. "UNAMA no ha participado en las deportaciones. Con todo, hemos mantenido conversaciones con los estados miembros sobre las medidas que se deben adoptar, incluido el respeto al principio de no devolución y la realización de evaluaciones individuales", es la respuesta diplomática por email de su portavoz, Stefan Smith. Ante la insistencia de este diario, sin embargo, propone contactar con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) para saber qué ha pasado con ellos.
Pero el ACNUR tampoco tiene ni idea. "No hemos tenido acceso a ellos después de que volvieran [a Afganistán]. Se han encargado las autoridades de facto", se justifica su portavoz, Charlie Goodlake, refiriéndose a los talibanes. De la misma manera, la delegación de la Unión Europea en Afganistán se lava las manos: “Las devoluciones son competencia de los estados miembros, así que debo remitirla al estado que las ha hecho: Alemania”, contesta su encargado de Asuntos Políticos, Joris Van Winckel. Alemania no tiene embajada en Afganistán. Como el resto de países occidentales –incluyendo a España–, la evacuó cuando los talibanes irrumpieron en Kabul en agosto de 2021, y no la ha vuelto a abrir. Es decir, no hay nadie sobre el terreno que haga seguimiento.
Durante los últimos cinco años que los talibanes han estado en el poder, el discurso de la comunidad internacional se ha ido modelando. De condenar su régimen, intentar aislarlo y evacuar a toda prisa decenas de miles de personas de Afganistán en aviones militares en agosto de 2021, se ha pasado a mantener relaciones diplomáticas con ellos y a deportar personas al país, a pesar de que los talibanes continúan siendo los mismos: su ideología fanática no ha cambiado, y controlan el poder ejecutivo, judicial y policial en Afganistán. De legislativo no hay. Es decir, lo controlan todo.
La Unión Europea recibió a los talibanes en Bruselas el pasado 23 de junio para negociar futuras deportaciones de afganos. Alemania ha dado luz verde para que tengan representación diplomática en su territorio, tanto en la embajada afgana en Berlín como en el consulado en Bonn, para gestionar también las devoluciones. Rusia los ha reconocido como gobierno legítimo de Afganistán, y muchos otros países han aceptado que tengan embajada: la India, China, Qatar, Turquía, etc. Los países occidentales confiaban en que los talibanes cambiarían, que no serían tan radicales, pero los que han cambiado han sido los mismos países occidentales, adaptándose a sus condiciones.
"Antes, las clases de nuestros talleres duraban una hora y media. Ahora hacemos una hora de clase, y media hora de estudios islámicos, porque así nos lo exigen los talibanes", explica un trabajador que prefiere mantener el anonimato de la ONG internacional War Child Canada, que continúa operando en Afganistán. Hacen talleres de formación –de inglés, informática, oficios, etc.– para niños y jóvenes de entre 10 y 18 años.
También detalla que ahora tienen oficinas separadas para hombres y mujeres, y han tenido que levantar una pared en su sede central en Kabul para que las tres o cuatro mujeres que allí trabajan no estén en el mismo espacio que el resto del personal masculino. "También hemos dado a los talibanes dos de nuestros todoterrenos Land Cruiser, además de pagarles un montón de impuestos", añade. Con todo, asegura, los talibanes no tienen ningún inconveniente en reunirse con la responsable de la ONG, que es una mujer afgana canadiense. “Cuando se trata de hablar de dinero, no ponen problemas”, concluye.
Restricciones de entrada
Diversas periodistas afganas han asegurado a este diario que, cuando la ONU o la Unión Europea hacen ruedas de prensa en sus sedes en Kabul, contactan con los responsables de los medios de comunicación locales para pedirles que envíen un periodista hombre, y no una mujer. El portavoz de UNAMA lo niega rotundamente. Sí que reconoce, sin embargo, que los talibanes, que custodian la entrada al recinto de las Naciones Unidas en Kabul, no permiten que acceda ninguna mujer afgana, sea una periodista o una trabajadora de la ONU. “Por eso no hacemos conferencias de prensa, ni otros encuentros con los medios de comunicación locales”, asegura.
El encargado de Asuntos Políticos de la delegación de la Unión Europea en Afganistán también lo desmiente, pero admite que el servicio de inteligencia talibán que controla la entrada a la delegación en Kabul puede pedir a las mujeres afganas que vayan con un mahram. "Si surge algún problema, nuestros compañeros de seguridad intentan negociar el acceso, a menudo con éxito", afirma.
Los talibanes también ponen problemas para la entrada de periodistas extranjeros al país. Esto explicaría, en parte, que Afganistán haya desaparecido casi de los medios de comunicación. Por su parte, los periodistas locales se han visto obligados a autocensurarse. "No podemos informar sobre la prohibición de la educación a las niñas, ni de las detenciones de los talibanes, aunque se trate de reproducir la información de un informe", explica una periodista que también prefiere mantener el anonimato. Hay algunas palabras tabú que tampoco pueden utilizar: violencia, derechos, discriminación…
Antes se veían vehículos de la ONU o de ONG internacionales dando vueltas por Kabul. Ahora es difícil ver alguno. En cambio, los talibanes no ponen problemas a la visita de turistas al país. La razón es la misma: son fuente de ingresos.
El embajador español
Desde diciembre de 2025, España tiene un embajador en misión especial para Afganistán, Francisco Javier Puig Saura, que nunca ha pisado el país y tiene su oficina en Madrid. Este diario ha preguntado cuál es su función exactamente. El ministerio de Asuntos Exteriores español ha contestado con un largo escrito de casi dos páginas, en el que destaca que el embajador hace un “seguimiento de la situación política, económica, social y de seguridad de Afganistán”, así como de “la evolución de la situación de las mujeres”; y mantiene reuniones diplomáticas con “actores españoles de la cooperación humanitaria” y miembros de “la sociedad civil afgana” en el extranjero.
Asimismo, la respuesta de Exteriores subraya que España ha concedido 2.719 visados a ciudadanos afganos desde 2021, aunque la cifra de solicitudes en lista de espera es de "miles"; ha exigido responsabilidades a los talibanes en el Tribunal Internacional de Justicia y en el Tribunal Penal Internacional; y el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, “ha contribuido activamente a mantener la defensa de los derechos de las mujeres afganas en la agenda política global”, organizando tres encuentros con mujeres afganas en el exilio en los que se hicieron “llamamientos a la acción”, o inaugurando una placa en el ministerio en reconocimiento de la lucha de las mujeres y niñas afganas. Con todo, el ministerio no concreta en ningún momento para qué han servido en la práctica a las mujeres de Afganistán, o al resto de la población afgana, todos estos actos simbólicos.
“Este ya no es nuestro país, es un Afganistán que no reconocemos”, dice un chico en Kabul que, como tantos otros, no puede marcharse del país porque es muy complicado obtener un visado. Una joven afgana, que también quiere salir de Afganistán pero no ha encontrado ninguna beca para estudiar en una universidad extranjera, busca ahora algún estudio online, o un trabajo telemático, algo que dé sentido a su vida. Pero las opciones también son muy limitadas. A ningún país de la comunidad internacional se le ha ocurrido tampoco ofrecer esta alternativa.