El brote de Ébola del Congo ya es el peor de la historia del país
La enfermedad se extiende a un ritmo sin precedentes mientras la ayuda internacional no llega
BarcelonaMientras las guerras en Ucrania, Irán y Gaza concentran buena parte de la atención internacional, una emergencia sanitaria crece sigilosamente en el corazón de África. La República Democrática del Congo (RDC) afronta el brote de Ébola con más casos registrados desde que el virus se detectó en el país hace casi medio siglo. El ritmo de contagios aumenta con una rapidez sin precedentes; el sistema sanitario no da abasto y las organizaciones humanitarias alertan que la falta de recursos está impidiendo contener una epidemia que ya se ha convertido en la segunda con más casos de la historia mundial.
Según las últimas cifras oficiales, 3.748 personas han sido contagiadas desde que el brote se declaró oficialmente el 15 de mayo, de las cuales 1.657 han muerto. En menos de tres meses, la enfermedad ya ha superado en número de infecciones la epidemia que asoló el este del país entre 2018 y 2020, aunque todavía se mantiene lejos de los más de 28.000 contagios registrados en el brote más grande de la historia, que tuvo lugar en África occidental entre 2014 y 2016.
Más allá de lo que constatan los datos, sobre el terreno la sensación de emergencia sanitaria y humanitaria se agrava: “La situación es crítica, está fuera de control”, alerta desde Bunia, en la provincia de Ituri –el epicentro del brote–, el antropólogo Manel Rebordosa, que trabaja para el equipo de Oxfam en el Congo.
Al tratarse de una enfermedad endémica, la RDC cuenta con un personal sanitario "capaz de responder a las epidemias de Ébola", explica a la ARA Rebordosa. A pesar de ello, el antropólogo señala un factor determinante para la rápida propagación de este brote: “Lo más diferente respecto a las epidemias anteriores es la poca disponibilidad de recursos”. Si hace solo unos años era relativamente sencillo movilizar equipos, instalar sistemas de agua potable o desplegar ambulancias, ahora muchas de estas necesidades básicas no están cubiertas. Como consecuencia, muchos pacientes mueren en sus comunidades incluso antes de poder ser diagnosticados, lo que también facilita la propagación del virus.
El caso del Congo muestra cómo las diferentes emergencias humanitarias compiten entre ellas por la distribución de unos recursos cada vez más escasos. Según Rebordosa, este déficit de financiación responde a un "cambio de prioridades globales". Los recortes en cooperación internacional de los últimos años, la disolución de USAID y la reorientación de recursos hacia conflictos con más intereses geopolíticos en juego, como los de Ucrania o el Próximo Oriente, han reducido la capacidad de respuesta ante emergencias menos visibles. “El Congo queda fuera del foco de acción internacional”, lamenta.
A esta situación se suma una desconfianza que dificulta la detección precoz del virus. “La gente ha dejado de ir a los centros de salud porque tienen miedo de contagiarse”, explica Rebordosa, que también alerta que, en muchas comunidades, circulan rumores que niegan la existencia de la enfermedad o aseguran que ha sido introducida deliberadamente en los hospitales.
Violencia de los grupos armados
El pánico se intensifica por la presencia crónica de grupos armados en el país. Desde el inicio del brote, se han registrado más de una sesentena de ataques contra personal sanitario, especialmente contra los equipos encargados de los entierros seguros, una práctica imprescindible para evitar nuevos contagios, pero que a menudo entra en conflicto con las tradiciones fúnebres locales. A pesar de que la inseguridad sí desincentiva a una parte de los congoleños a asistir a los hospitales, Rebordosa descarta que esto tenga un efecto determinante en la gestión eficaz del brote.
El virus circuló durante casi dos meses sin ser detectado y, cuando las autoridades confirmaron oficialmente la epidemia, la transmisión comunitaria ya estaba muy extendida. El brote corresponde a la cepa Bundibugyo, con una tasa de letalidad del 44,2%, para la cual aún no existen vacunas ni tratamientos específicos autorizados. Actualmente, cinco provincias congoleñas acumulan casos confirmados y cerca de 700 personas continúan hospitalizadas o aisladas.
La Organización Mundial de la Salud considera que el riesgo de expansión mundial del virus, que solo se transmite por el contacto directo con fluidos corporales, continúa siendo bajo. Aun así, mantiene en nivel "alto" el riesgo de que se propague por el África subsahariana. El gobierno ugandés ha logrado erradicar el brote después de detectar e interrumpir la cadena de transmisión, con un balance de 20 contagiados y dos muertos. Un caso que es una excepción dentro de la debilidad de los sistemas sanitarios de los países vecinos, profundamente dependientes de la cooperación internacional.