Cuba busca una salida con el anuncio más sorprendente desde la Revolución
El castrismo impulsa reformas para liberalizar la economía que difícilmente enderezarán por sí solas la situación en el país
BarcelonaCuba se ha mantenido durante años firme en el modelo económico y político adoptado después de la Revolución. A pesar de algunas reformas puntuales y limitadas, el castrismo ha sido tenaz a la hora de aplicar cambios al modelo socialista. Hasta ahora. El 12 de junio Miguel Díaz-Canel sorprendió anunciando medidas de carácter liberalizador que se han aprobado esta semana. El presidente del país caribeño ha explicado que las reformas deben permitir que "el ámbito de negocio" del sector privado en Cuba sea "el más amplio posible" para adaptar la isla a "las exigencias de los tiempos actuales". Entre las medidas aprobadas destaca la autorización para abrir empresas privadas en ámbitos hasta ahora reservados al Estado, la eliminación de los precios establecidos por la administración (pasarán a determinarse según el mercado), el permiso al sector privado para comprar y vender combustible, el fin del monopolio bancario público y reformas destinadas a reducir la burocracia y el centralismo estatal.
El país se encuentra al límite de una crisis humanitaria. Lo advierten ONG que operan allí y los mismos cubanos, que retratan una notable degradación de las condiciones de vida en la isla. El endurecimiento en enero del cerco histórico que los Estados Unidos mantienen sobre la isla –el más largo que Washington ha aplicado jamás– ha hecho que la población cubana se haya acostumbrado a vivir de media con tan solo cuatro horas de luz al día. Ni la capital, La Habana, escapa ya de la decrepitud. El ejecutivo cubano negocia con los Estados Unidos como mínimo desde marzo. Es en este contexto que ha anunciado reformas para liberalizar la economía. Pero son cambios que la mayoría de expertos apuntan que llegan de forma precipitada, años tarde y que difícilmente revertirán la situación social y económica del país.
"Todo apunta a que las medidas tienen una clara inspiración en lo que han hecho antes China o Vietnam", asevera Ricardo González, economista en la Universidad de La Habana, recordando los procesos de liberalización de la economía llevados a cabo en el pasado por estos dos países. "La pregunta es si este tipo de transformaciones pueden tener lugar en un contexto como el actual, en el que no hay ni las condiciones económicas, ni políticas, ni institucionales para gestionar una transición así", añade, y remarca que para que un proceso de reforma como este acabe satisfactoriamente "antes haría falta que el país recuperara el flujo de recursos básicos y de inversiones".
Pocas expectativas de mejora
Todos los expertos consultados coinciden en señalar que las reformas difícilmente servirán para mejorar la vida de los cubanos. "Seguramente están calculadas para ver si hay un cambio de actitud de los Estados Unidos, y no tanto para remontar el país", señala Albert Recio, economista de la UAB, que remarca que "con el bloqueo criminal de los EE. UU., por muchas reformas que haga, Cuba no saldrá adelante". Además, González señala que los efectos tardarán en notarse: "Las reformas económicas son útiles para promover cambios a años vista".
El movimiento parece arriesgado. Internamente, González ve "poco claro" que las medidas sirvan al castrismo para ganar apoyos. "Hay transformaciones que serán dolorosas para una parte de la población, y lejos de generar esperanza, en un primer momento pueden generar frustración". Externamente, Recio recuerda el componente "errático" de la administración Trump, y Anna Ayuso, investigadora sénior para América Latina del Cidob, apunta que de cara a los electores de Florida, el secretario de estado estadounidense, Marco Rubio, de origen cubano y que mantiene un rígido discurso anticomunista, difícilmente quedará satisfecho con unas reformas económicas, y muy probablemente buscará una victoria simbólica.
Tarde y para contentar a EE. UU.
En cualquier caso, la mayoría de economistas coinciden en señalar que se trata de cambios positivos que debían hacerse desde hace tiempo. Hace más de una década que economistas cubanos, no necesariamente contrarios al castrismo, recalcaban la urgencia de una apertura económica ante la falta de una potencia que apoye política y económicamente un país tan pequeño como Cuba, sometido al embargo de los Estados Unidos y desamparado desde la caída de la URSS, y aún más desde el asalto de los EUA a Venezuela, la última muleta que le quedaba al castrismo. Si bien las reformas por sí solas no serán la panacea que salvará a la población cubana, Recio afirma que teniendo en cuenta la situación geopolítica de Cuba, "un socialismo de mercado", el modelo económico al que apunta el anuncio "seguramente puede funcionar mejor en el país que no el sistema actual, extremadamente vertical".
"Se ha perdido mucho tiempo. Durante los mandatos de Obama [cuando se produjo un acercamiento entre Cuba y los EUA] se podrían haber impulsado los cambios que ahora se proponen. Este tipo de medidas, implantadas en aquel momento, habrían dejado un país muy diferente del que tenemos hoy", asevera González. Entonces, el entonces presidente cubano Raúl Castro impulsó una serie de reformas bajo lo que se denominó actualización del modelo cubano, pero no todas se llegaron a aprobar. Pesaba la batalla ideológica con los Estados Unidos, pero también "la oposición del sector más ortodoxo del castrismo, que temía perder el control del país y el poder", señala Ayuso, que apunta al mismo motivo para explicar que no se hayan tomado en los últimos años medidas como las ahora anunciadas.
Esta vez, sin embargo, el Partido Comunista cubano ha dejado claro que las reformas, a pesar del carácter liberalizador, "en ningún caso constituyen una desviación del proyecto socialista". Raúl Castro ha dicho que está "plenamente de acuerdo", y el núcleo duro del partido también ha dado luz verde. Díaz-Canel las ha presentado asegurando que "son tiempos en que hay que cambiar" y dar respuesta a las "exigencias de los tiempos actuales". Por todo ello, Ayuso ve reforzada la tesis de que el movimiento es "una primera señal de acercamiento" a EE. UU. en un momento delicado para Trump: "A pesar de que venda Irán como una victoria, todo el mundo sabe que no lo es, y muy probablemente buscará tener en Cuba un triunfo que pueda vender de cara a las elecciones de medio mandato de noviembre".